Perros, al rescate

Hace unos días, se realizó el Encuentro KSAR 2011 en el que participaron rescatistas y perros de siete países de la región para unificar técnicas y criterios.

Panorama triste en Haití. Era el tercer día después del terremoto que sacudió a la isla el 12 de febrero de 2010.

Entre los grupos de ayuda que llegaban de distintas partes del mundo se encontraba el salvadoreño Francisco Martínez, de 32 años, voluntario de la Cruz Roja e integrante del grupo KSAR de esta entidad, en el que se desarrolla la técnica de búsqueda de personas en situaciones de catástrofes por medio de perros entrenados.

Martínez fue asignado con sus colegas del Cuerpo de Bomberos de El Salvador y con Simón, un experimentado can de rescate.

La primera misión fue en lo que quedó de un orfanato. Se tenía la sospecha y la esperanza de que aún habían varios niños con vida.

Simón tardó unos minutos en señalar, con ladridos, el punto exacto en el que se encontraba una pequeña de cinco años, sepultada bajo siete metros de escombros.

Una vez el can dio la alarma, empezó la excavación que culminó exitosamente unas horas después. La niña sobrevivió. “Llegar allí fue muy triste; había unos 200 niños en ese orfanato y solo encontramos una niña viva. Pero esa vida rescatada lo compensa todo”, enfatiza Martínez.

La clave, recalca, fue la certeza de Simón al revelarles el punto en el que debían centrar sus esfuerzos para levantar ladrillos y rocas.

ENCUENTRO

Martínez fue uno de los participantes del Encuentro KSAR 2011, realizado en el istmo del 21 al 24 de julio, y en el que había representantes de México, Colombia, Nicaragua, Honduras, Costa Rica y El Salvador, además de Panamá.

La meta de la actividad era unificar las técnicas y criterios de los grupos KSAR en la región, y certificar a más perros e instructores para realizar labores de búsqueda y rescate, detalla Ernesto Chan Durán, director de KSAR en Panamá.

Willy Badilla, de Costa Rica, fue uno de los facilitadores del encuentro. Destaca la relevancia que toman los grupos de rescate que cuentan con unidades caninas al momento de un desastre.

Con un perro entrenado, afirma, un equipo de rescate puede ahorrarse horas y días de trabajo y hasta riesgos innecesarios. “La primera vez que actué con mi perro fue en un deslizamiento de tierra. Los rescatistas tenían dos días buscando a una persona. Cuando el perro llegó, tardó ocho minutos en dar con el sitio en el que se encontraba la víctima. Allí se ahorró más esfuerzos del equipo y se evita poner más gente en riesgo en terrenos afectados por el accidente”.

Dice que en los más de 10 años que lleva trabajando con perros nunca han fallado al dar una señal. “He estado en 4 o 5 deslizamientos, y por desgracia las personas que hemos hallado ya han perecido, pero igual con los perros se reduce el tiempo dedicado a la búsqueda y también los canes descartan la posible presencia de más víctimas”, cuenta.

Añade que no hay una raza específica para que un perro sea apto en esta labor. Tiene que ser amigable y manejable, de tamaño mediano y hay que empezar a trabajarlo desde que está en la camada de cachorros.

Pero, reconoce, se tiende a trabajar con labradores y pastores alemanes, aunque ha visto casos hasta de perros mixtos o criollos que cumplen con los requisitos.

El proceso de formación de los canes puede tardar unos dos años y debe ser riguroso, acota, porque es una gran responsabilidad llevar un perro ante una situación en la que hay vidas en juego.

“Imaginen que el perro falle y dé una señal, porque olfateó ropa de la persona o comida... Es muy delicado porque se perdería mucho tiempo buscando en un punto falso y, cuando ocurre un derrumbe o temblor, lo más importante es actuar de inmediato”, dice Badilla.

La clave está en entrenar al perro para que ubique los olores de las personas que no ve, porque están bajo los escombros, acota.

NUEVOS RESCATISTAS

Durante el reciente Encuentro KSAR, dos perros panameños fueron certificados para actuar si es necesario. Uno de los animales pertenece a Annette Quinn, voluntaria de la Cruz Roja.

Se trata de Luna, una labradora de dos años que se comportó a la altura durante el simulacro, que fue la prueba final, señala Quinn, que ya cuenta con Fiona, su primera perra de búsqueda.

Antes de esta certificación, la Cruz Roja de Panamá solo contaba con dos perros de búsqueda. Son pocos en caso de una necesidad, que hasta ahora no se ha presentado, dice Quinn; pero agrega que lo mejor sería estar preparados.

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