´Pinot blanc´ combina bien

La uva originaria de la región francesa de Borgoña y cultivada en Alsacia realza el sabor de las comidas.

Son del color del oro, pero no tan raros. No son caros, pero es difícil encontrarlos en una lista de vinos. Sin embargo, se cuentan entre los vinos blancos más versátiles, y no van con platos muy especiados.

Me refiero al pinot blanc, que alguna vez fue una uva prolífica en la región francesa de Borgoña y que ahora se ha visto desplazada por la chardonnay. Se la cultiva mucho en Alsacia, donde a veces se la llama Klevner; en el norte de Italia su nombre es pinot bianco; en Alemania es weissburgunder; en la República Checa recibe el nombre de rulandske bile. En California, una botella cuya etiqueta anuncie pinot blanc podría ser en realidad otra variedad llamada muscat melón.

Pinot blanc es una uva tan básica que resulta difícil determinar cómo se supone que debe ser su sabor. En Austria y Alsacia, los suelos contribuyen a su característico sabor especiado y a las cualidades aromáticas que lo hacen tan fácil de beber como un aperitivo algo dulce y de consumir con una amplia variedad de comidas.

No tiene el dejo ácido del riesling ni el toque punzante de hierbas del gewurtztraminer. En lugar de ello, logra un término medio por el cual el vino nunca se impone a la comida y realza muchos sabores, entre ellos de los platos asiáticos.

La semana pasada bebí pinot blanc en Londres con casi todas las comidas, y lo encontré tan refrescante con platos como besugo y cangrejo como con salmón, además de con todos los quesos, desde el cheddar hasta el Gorgonzola.

Me encantó la vivacidad del pinot blanc con los refinados pescados indios del restaurante Quilon, que comprendían hojas de curry y pescado envuelto en lentejas con jengibre y chutney de coco, así como con un camarón con granos de pimienta rosada y ají byadgi.

Son muchas especias, algunas picantes, y cada una con su aroma. La combinación de cítricos, minerales, roble y sabores especiados de un Alois Lageder Haberle de Alto Adige, Italia, combinó a la perfección con las especias exóticas de la comida.

En Social Eating House, en Soho, el sommelier, Boris Poliakov, me sirvió un delicioso pinot blanc alsaciano muy aromático de Jean-Marie Haag 2011 con un modesto 12.5% de alcohol. El vino aún tuvo cuerpo para complementar desde cangrejos hasta un dulce de almendras con miel y naranja.

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