PAULO COELHO

Pirateen mis libros

RELATO. A mediados del siglo XX, empezaron a circular en la antigua Unión Soviética varios libros mimeografiados que cuestionaban el sistema político. Sus creadores nunca llegaron a ganar ni un centavo por derechos de autor. Muy por el contrario, fueron perseguidos, difamados y exiliados. Pero continuaron escribiendo. ¿Y esto por qué? Porque necesitaban compartir lo que sentían.

Desde los Evangelios hasta los manifiestos políticos, la literatura ha permitido siempre que las ideas puedan viajar y, en algunos casos, modificar el mundo.

No tengo nada en contra de ganar dinero con los libros: yo vivo de eso. Ahora bien, ¿qué está ocurriendo en la actualidad? La industria presiona para que se aprueben leyes contra la “piratería intelectual”. Dependiendo del país, el “pirata” puede acabar en la cárcel.

¿Y eso a mí qué? Como autor, debería estar defendiendo la “propiedad intelectual”. Pero no lo hago. ¡Piratas del mundo, únanse y pirateen todo lo que he escrito! La época jurásica, en la que cada idea tenía un dueño, acabó para siempre. En primer lugar, porque todo lo que se hace en el mundo es reciclar los cuatro eternos temas: una historia de amor entre dos, un triángulo amoroso, la lucha por el poder y la narración de un viaje. En segundo lugar, porque quien escribe lo que más desea es ser leído, sea en un periódico, en un blog, en un panfleto o en un muro.

Cuanto más escuchamos una canción en la radio, más ganas nos entran de comprar el CD. Lo mismo ocurre con la literatura: cuanta más gente “piratee” un libro, mejor. Si le gustó el principio, irá a comprarlo al día siguiente, pues nada cansa tanto como leer largos textos en la pantalla.

Habrá quien diga: tú ya eres lo bastante rico como para permitir que tus textos sean divulgados libremente. Es verdad: soy rico. Pero, ¿acaso fue mi deseo de ganar dinero lo que me impulsó a escribir? Empecé a escribir porque me proporciona placer y porque justifica mi existencia.

La industria dirá: los artistas no pueden sobrevivir sin cobrar. La ventaja de internet es la divulgación gratuita de su trabajo. En 1999, cuando publiqué por primera vez en Rusia, el país sufrió una crisis de suministro de papel. Por casualidad, descubrí una edición “pirata” de El Alquimista, y la publiqué en mi página. Un año después, con la crisis ya solucionada, llegaría a vender 10 mil copias. En 2002, alcanzamos un millón de copias y puedo decir que, hasta hoy, he vendido más de doce millones de libros en ese país.

Cuando atravesé Rusia en tren, varias personas me dijeron que su primer contacto con mi trabajo había sido a través de aquella copia “pirata” de mi página.

Actualmente, mantengo la página “Pirate Coelho”, colgando enlaces a libros míos que pueden encontrarse en sites de intercambio de archivos. Y mis ventas no dejan de aumentar: casi 140 millones de ejemplares en el mundo hasta la fecha.

Cuando alguien come una naranja, ha de volver para comprar otra. La “piratería” puede ser tu primer contacto con el trabajo del artista.

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