Robots en entornos humanos

Los científicos trabajan en el diseño funcional y aspecto físico de sus creaciones. Una tendencia es programar los robots para que puedan aprender.

Desde hace décadas se usan robots industriales, para labores de reconocimiento y tareas peligrosas, pero cada día se vuelven más sofisticados y tienen más aplicaciones. Algunos exploran el aprendizaje, la interacción y las emociones humanas.

Hay robots de juguete, vigilantes, azafatas, camareros, aspiradoras y de exhibición. Firmas como Willow Garage, de EU, han desarrollado varios robots domésticos que pueden doblar ropa, cocinar y ayudar a ancianos. Y en algunos hospitales del mundo, se emplea el sistema robótico DaVinci para cirugía, así como robots móviles para el monitoreo a distancia de los pacientes.

MÁS COMPLEJOS

Los robots tradicionales (como los brazos robóticos para ensamblaje de carros) son programados para ejecutar una serie de funciones específicas, pero actualmente, científicos computacionales están trabajando en laboratorios de todo el mundo para crear robots más complejos, capaces de “aprender” a partir de sus experiencias con humanos o en entornos humanos.

Estos cuentan con cámaras de video, sensores de tacto y presión, sistemas de navegación láser, micrófonos, sonares, bocinas, etc. que les permiten percibir el ambiente, evitar obstáculos, reaccionar y comunicarse.

Por ejemplo, un robot creado en el Instituto Tecnológico de Tokio con un algoritmo llamado SOINN, puede aprender de su entorno y analizar qué hacer según cada nuevo aprendizaje.

“ICub”, de aspecto infantil, fue diseñado en Europa para que “aprenda” cómo adaptar su comportamiento según las circunstancias, con el fin de estudiar el desarrollo de la conciencia humana, mientras que “Kaspar”, creado en la Universidad de Hertfordshire (Inglaterra), es parte de un proyecto en el que se estudia su interacción con niños autistas.

Y los “Lingodroids”, una pareja de robots de la Universidad de Queensland, Australia, pueden encontrarse y formar su propio lenguaje para comunicarse entre sí, con palabras que describen su entorno.

Aparte del diseño funcional, los científicos también trabajan en el físico de sus seres artificiales. Los robots exploradores o espías suelen ser como carritos o helicópteros, incluso, algunos imitan el biodiseño de insectos, serpientes y otros animales.

Entre los androides, los hay con cabello, lentes y “piel” de caucho o silicona, como la “Actroid DER”, creada por la empresa japonesa Kokoro y la humana cibernética “HRP-4C”, del Instituto Nacional de Tecnología y Ciencia Industrial Avanzada de Tokio.

En el futuro, según las premisas del proyecto de investigación a largo plazo LifeNaut (http://lifenaut.com), de la Fundación Terasem Movement, Inc., se podrá integrar o descargar en un robot el expediente mental o la conciencia de una persona (con la información que haya sido previamente almacenada en una base de datos), así como sus características físicas, y este podrá tener experiencias de vida comparables a la de un ser humano. Sería una especie de “clon digital”.

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