Salsa, Santa Rosa y El Gran Combo

Uno de los soneros más importantes de la salsa, Gilberto Santa Rosa, conversa sobre el legado del Gran Combo de Puerto Rico y la situación de la salsa.
Santa Rosa y El Gran Combo estarán en el Figali este 31 de agosto. CORTESÍA. Santa Rosa y El Gran Combo estarán en el Figali este 31 de agosto. CORTESÍA.
Santa Rosa y El Gran Combo estarán en el Figali este 31 de agosto. CORTESÍA.

Gilberto Santa Rosa conoce de salsa hecha por panameños. “No olvidemos a una figura como Rubén Blades, al que todos respetamos y que creó una época en la música. Pero también Panamá tiene muchos veteranos que hicieron camino para que figuras como Rubén estuvieran ahí”.

Y menciona a Camilo Azuquita, Mauricio Smith, Manito Johnson y Miguel Meñique Barcasnegras, “cantantes que se fueron a fajar a Nueva York con los salseros bravos; plantaron bandera y la pusieron bien puesta”, dice Santa Rosa, y le recuerda a los panameños que se sientan orgullosos de ellos y que, en medio de esta historia, “ellos también pusieron su grano de arena y un bloque, y hay que reconocer esa aportación”.

Confiesa que aprendió a querer a Panamá gracias al Gran Combo de Puerto Rico, “porque era amigo de los integrantes de su formación original y ellos siempre hablan de Panamá con un cariño muy especial y por eso me enamoré de ese país, incluso, sin verlo”.

¿Cuál es su canción favorita del Gran Combo?

Es una pregunta difícil, porque en 51 años de existencia, ¿cuántas canciones no tienen? Una canción no la puedo decir, pero mi disco favorito de su primera etapa es Fiesta con El Gran Combo (1967); en la etapa de los 70, el disco En Acción (1973) y ¡Aquí no se sienta nadie! (1979). Pongo todos esos discos, desde Menéame los mangos (1962) hasta el más reciente, Sin salsa no hay paraíso (2010), y te los canto de arriba abajo, porque soy fanático de verdad.

¿Y ellos tendrán una favorita de su repertorio?

No lo sé. Para colmo, he hecho algunas versiones de sus canciones como La palma de mi mano, No quiero na´ regalao´ y, de vez en cuando, hago otra versión.

¿Cómo ha influido El Gran Combo en una carrera como la suya?

El Gran Combo es una institución por la forma en que se ha mantenido. En mi humilde opinión, la clave de ese éxito y la influencia sobre todos los que hemos seguido esta carrera se llama Rafael Ithier. Fue a él a quien le toqué la puerta y organizó mis primeras grabaciones. Cada vez que tenía una duda, subía la loma hasta su casa y me aconsejaba y regañaba. En mi interpretación vocal, aprendí a cantar con Andy Montañez y Pellín Rodríguez. A todos los respeto mucho.

¿Cuál es la presencia que puede tener El Gran Combo en las nuevas generaciones? ¿Sigue calando en la juventud?

Sí, sobre todo en Latinoamérica. El Gran Combo tiene la magia de que su música no tiene tiempo. Un arreglo de Rafael Ithier de hace 20 años suena actual y es efectivo en términos de reacción. Los he visto en conciertos con jóvenes que esperan ver a reguetoneros y no se pueden contener. La juventud puede tener sus gustos, pero no es insensible.

¿Cómo ve la salsa en Panamá?

Se está haciendo muy buena música y hay agrupaciones que lo están haciendo bien. Hay algo que no hay en mi país; Puerto Rico es un país que exporta salsa, pero no la está consumiendo. En Panamá, un país pequeño, hay mucho movimiento. Claro, tenemos que entender que no está como hace unos años y eso es parte de la evolución.

Los jóvenes tienen su música y debemos ser más activos. Todavía está en la modalidad de casinos y clubes, y los conciertos grandes han estado creciendo. Todas las fechas importantes en Panamá se celebran con salsa. Lo importante es dar un espacio en los medios tanto a artistas nacionales como a internacionales; que los amantes de la salsa apoyen. Si eso sigue pasando, Panamá podrá ponerse en los primeros lugares como país consumidor de salsa.

¿Y en el mundo?

Es una condición de todos los latinos. La primera vez que escuché la palabra “urbano”, relacionándose a la música, fue de la boca de Rubén Blades: que la salsa era folclore urbano, y tenía razón. Si suena una lata en Uruguay, que no es un país salsero, encuentras que en sus barrios la salsa es un elemento importante. Nuestros orígenes humildes son los que permiten que esta música sea parte del repertorio de la música popular de nuestro pueblo. Y gracias a los adelantos tecnológicos y a la inmigración latinoamericana, todo el planeta sabe lo que es la salsa. Lo que debemos cuidar es que no se pierda.

¿Considera que hay la cantidad necesaria de festivales de salsa o hay una ausencia?

Pienso que estamos perdiendo una oportunidad. Hay muchos festivales, pero los de salsa se pueden institucionalizar. Nuestros gobiernos pueden empezar a ver la salsa como un atractivo turístico y una fuente de ingresos. Alguien debe inspirarse y hacer un festival de salsa en un sitio como Panamá, que tiene un historial, o en mi país. Puede ser un tremendo proyecto para el género y los países que decidan adoptarlo.

¿Cuáles son las virtudes o ´eso´ que debe tener un salsero?

Lo primero es que sea natural. Cada género tiene su encanto, magia y ciencia. Debe tener conocimiento de la clave, el ritmo y habilidad natural, tanto cantantes como instrumentistas y arreglistas.

Y, sin querer inventar, la rueda debe tener un sonido individual, que lo identifique, que pueda aportar al género que por años ha sido sólido e, incluso, sobreviviente a todo.

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