Sonidos para la eternidad

En el marco del aniversario de su fallecimiento, se rememora la vida y obra de uno de los genios musicales más admirados de la historia: Beethoven.

Aquel encuentro entre Beethoven y Mozart, en 1787, sería efímero. La enfermedad y muerte de la madre del primero lo obligó a regresar a Bonn a las pocas semanas.

Los amigos que cultivó gracias a su talento en Bonn intercedieron por el músico ante el elector, logrando que en 1792 Beethoven volviera a Viena a estudiar; esta vez junto a Joseph Haydn, contando con la cooperación en la enseñanza de Johann Schenk, Johann Albrechtsberger y Antonio Salieri.

Alejándose de la ciudad en la que pasó su infancia, transcurrida entre la pobreza y los golpes, se instaló definitivamente en Viena, el centro cultural y social de aquella época.

Durante los 10 años siguientes, Beethoven adquirió fama y reconocimiento por su virtuosismo en el piano, llave que le abrió las puertas a las residencias de las familias aristócratas, quienes acogieron al compositor desaliñado y de modales asociales que no encajaba en aquellos círculos exclusivos, pese a que siempre estuvo seguro de su personalidad y sus creencias: nunca admitir un patrón por encima de él y la idea de que el dinero jamás podría convertirlo en un ser dócil. Estas ideas se mantuvieron intactas a lo largo de toda su vida.

En el aspecto íntimo, Beethoven nunca se casó, no tuvo hijos ni fue considerado un hombre apoderado en lo económico.

periodos ´beethovianos´

La primera época activamente creativa de Beethoven, en 1795, lo descubrió como un maestro con gran personalidad, destacando la Primera Sinfonía.

La segunda época data de 1800-1802, en la que, según las enciclopedias, se reafirma su genialidad al reproducir obras inmortales, rebosantes de sensibilidad exquisita. En este período compone, entre muchas otras, la Segunda Sinfonía en re mayor y la Tercera Sinfonía en mi bemol, Heroica, compuesta en honor a Napoleón Bonaparte.

En 1805 creó su ópera Fidelio. Un año después, su Cuarta Sinfonía en si bemol y la Quinta en do mayor, en 1807; la Sexta, Pastoral, en 1808; la Séptima en la y Octava en fa, en 1812.

de su aislamiento y sordera

Antes de cumplir sus 30 años, Beethoven empezó a sentir los efectos de una creciente sordera, cuya causa es desconocida. Al aumentar la dificultad de la comunicación, se sentía más incómodo en sociedad, preocupado por ocultar su defecto.

Su incapacidad lo obligó a recurrir con frecuencia a la escritura para poder comunicarse, y la comunicación directa con él debía ser, en su mayoría, por mensajes y comentarios que debían ser escritos previamente para ser comprendidos.

A pesar de su fama, se iba sintiendo cada vez más deprimido al darse cuenta que su sordera iba aumentando con los días. Sin embargo, eso no impidió que, durante ese periodo, continuara componiendo sus sinfonías y demás piezas.

De 1814 a 1818, marca un paréntesis de relativo descanso durante su producción, orillándolo a un completo aislamiento.

Las obras más importantes en esos días de retiro son, sin duda, la Missa Solemnis, entre 1818 y 1822, y la Novena Sinfonía en re menor, entre 1823 y 1824, esta última la consideró su obra más acabada.

sus últimos días

Su rostro se hizo cada vez más sombrío y su carácter, colérico. Sin embargo, esa misma personalidad le impedía rendirse ante esas contrariedades.

Aun con su sordera, se animó a dirigir él mismo la Novena Sinfonía. Cuando el último sonido de su obra sonó, apabullantes aplausos golpeaban su espalda, hasta que uno de sus solistas lo hizo tornarse para reverenciarse ante el público. Tres años más tarde, en una tarde de tormenta de 1827, moriría en la penumbra de su habitación, reaccionando ante el impacto de un trueno que lo haría levantarse. Sobresaltado y mirando hacia el infinito, se despidió. Volvió a caer, dejando tras de sí una vida de soledad, enfermedades y miseria, aunque también de genialidad e intensidad musical y creativa.

panamá, sobre beethoven

“En Beethoven y su música hay valores inherentes a la especie humana. Hay elementos que tocan el alma de todos los seres humanos”, opina el maestro Jorge Ledezma Bradley, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, la que ha interpretado todas sus sinfonías, menos la Octava, y mucho de su repertorio.

“Fue el compositor más colosal. Fundamentalmente por la profundidad de su obra y su calidad humana”, opina por su lado el pianista Jaime Ingram.

“Si Beethoven oyera la música de hoy, la tomaría toda y la pondría en una sinfonía genial”, advierte Jorge Jované, director del Conservatorio Nacional de Música.

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