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Triunfo televisivo

James Gandolfini, quien falleció el miércoles pasado en Roma, es el mejor ejemplo de cómo un actor no logra triunfar en el cine y encuentra en la televisión su oportunidad para la gloria.

La nueva época de oro de la televisión estadounidense comenzó a mediados de la década de 1990, y su estela de grandeza se mantiene todavía hoy de forma intacta.

El contenido de la TV ya no es considerado creación menor como antes, cuando se le acusaba a la pantalla chica de casi todos los males y vicios de la sociedad por su gran impacto en la población global y lo poco que aportaba a la inteligencia de la audiencia.

Están lejanos los días cuando la tele compraba películas a Hollywood para hacer atractiva su programación habitual, y están igualmente distantes los años cuando una productora fílmica hacía una segunda entrega de una cinta de éxito en las salas de cine y la distribuía, directamente, por la llamada caja tonta.

¿El secreto de este momento histórico? Se han convertido en productos de calidad, debido a que cuentan con excelentes guionistas como David Simon (The Wire), Vince Gilligan (Breaking Bad), Gideon Raff (Homeland) y Robert Kirkman (The Walking Dead), que son apoyados por cadenas de televisión valientes y de riesgo como AMC, Showtime y HBO.

BÚSQUEDA

Aunque falta algo más para que la fórmula sea perfecta, ¿verdad? Sí, requieren de actores que entren en las pieles de esos personajes conflictivos, disfuncionales y, muchas veces, contrarios a lo políticamente correcto dentro de Estados Unidos.

¿Dónde encontrar a esos hombres y mujeres que delante de las cámaras logran ser calificados como íconos?

Generalmente el sitio más lógico es a lo interno de la industria cinematográfica.

¿Alguien en especial? Intérpretes que no han tenido la suficiente suerte de brillar en la pantalla grande.

¿Y eso? Es una odisea convencer a un actor de primera línea para que solo haga TV. Primero, va a cobrar una fortuna por decir un solo parlamento y para esta estrella no es atractivo estar encadenados a un programa que, si es un hito, se quedará más de un lustro en el aire.

Es más fácil, en términos de negociaciones, convencerlos para que participen como artistas invitados en un capítulo en particular o se les seduce para que se apunten en una miniserie de unas cuantas entregas.

Las presas más sencillas son aquellos intérpretes con potencial y que, por diversos motivos, el cine no da ni dos monedas de 25 centavos por ellos. A lo sumo, con el tiempo y mucho esfuerzo, pasan a ser secundarios confiables.

Su rumbo cambia al darles un protagónico en una serie relevante de TV. Entonces, se transforman de manera progresiva en símbolos de excelencia.

EJEMPLO

Allí está el actor James Gandolfini, que murió el miércoles pasado a los 51 años en Roma (Italia).

Gandolfini fue el eterno intérprete de soporte de películas, y en más de una ocasión encarnó a personajes vinculados con los bajos fondos de la sociedad norteña.

El físico de Gandolfini no funcionó en la llamada Meca del cine como esperaban sus representantes, pero su cara recia, su voz gruesa, sus ojos melancólicos, su condición de nacido en Nueva Jersey (Nueva York) y sus orígenes italianos le dieron el papel de su vida: ser Tony Soprano.

Con solvencia hizo las veces de un mafioso que tomaba calmantes y asistía a terapias por el estrés que le causaba robar, asesinar y extorsionar a quien pudiera en la excelente Los Soprano (HBO), que este mes fue considerada por los miembros del Gremio de Guionistas de Estados Unidos como la más relevante serie de todos los tiempos.

Gandolfini laboró en casi 40 largometrajes entre 1987 y 2013, y nada extraordinario pasó con su carrera.

David Chase, guionista y creador de Los Soprano (1999-2007), lo selecciona para encabezar su elenco y hoy todos destacan que parte del alto nivel de este programa se debió, precisamente, por la presencia de Gandolfini, que debutó como actor en Broadway en 1992 al participar en el montaje de una versión de Un tranvía llamado deseo.

Durante tres años seguidos se llevó el premio Emmy como actor principal en un drama por ser Tony Soprano, sin olvidar que consiguió un Globo de Oro (2000) por ese mismo papel. ¿Antes había ganado algo? No.

Ironía de por medio, trabajó más en el cine gracias a Los Soprano que antes de dedicarse casi por completo al séptimo arte.

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