Una amistad grata e inolvidable

El libro ‘Gabo no contado’ está elaborado desde el corazón, la admiración y el respeto que tenía Darío Arizmendi por Gabriel García Márquez.

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El colombiano Darío Arizmendi ha obtenido más de 30 premios de periodismo alrededor del mundo. CORTESÍA El colombiano Darío Arizmendi ha obtenido más de 30 premios de periodismo alrededor del mundo. CORTESÍA
El colombiano Darío Arizmendi ha obtenido más de 30 premios de periodismo alrededor del mundo. CORTESÍA

El proceso de construir el libro Gabo no contado fue entrañable para Darío Arizmendi. En la medida que volvía a ver las viejas fotografías y a releer los recortes de prensa en compañía de su esposa, su mente regresaba a esos hechos que “tenía guardados en mi disco duro”.

Fue cuando emergieron emociones y sensaciones, “la mayor parte muy gratas”, salvo los capítulos en torno a la política colombiana en los tiempos de los carteles de las drogas de Cali y de Medellín y los procesos de paz con los alzados en armas.

Fue difícil “establecer el punto de quiebre para que el libro no fuera una loa a Gabo”. Deseaba “una aproximación a un García Márquez que la inmensa cantidad de la gente no conoce”.

Describe a Gabo como alegre, tímido, sincero, perfeccionista, extrovertido, conversador, bromista, supersticioso y disciplinado.

REUNIÓN

Su primer recuerdo vinculado con Gabo fue cuando de muchacho le pusieron como tarea en la secundaria leer la novela La Hojarasca, la que al inicio no le gustó.

Arizmendi conoció, cara a cara, a Gabriel García Márquez en 1982. Por entonces, el autor de El amor en los tiempos del cólera deseaba formar el mejor periódico colombiano y continental.

El diario, que se llamaría El Otro, iba a seguir la estructura de El Mundo de Medellín, que por entonces Arizmendi era el director, porque Gabo le dijo en una carta que en cada edición encontraba: “búsqueda, originalidad, creatividad”.

Gabo le ofreció una confianza de entrada, desde que lo esperaba en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de México, y después cuando el escritor al volante de su BMW conversaba con él sobre el proyecto. “Pensé que iba a ser difícil tratar con él y resulta que no”, dice.

Aunque el filtro último para llegarle a Gabo como amigo fue a través de su esposa Mercedes, quien tenía una intuición Caribe “fuera de serie”, que con solo ver a los ojos o escuchar cómo hablaba una persona, sabía si era confiable, rememora.

Aunque nunca salió a la luz este proyecto comunicacional, por más de un motivo que explica Arizmendi en Gabo no contado, sí fue el germen para la fundación Nuevo Periodismo, que creó el novelista en Cartagena en 1994.

OBRAS

La novela preferida de Gabo es Cien años de soledad “por su riqueza y su imaginación embriagante”.

Toda su obra narrativa se la debe “a que era un cuentero. Cuando tú conversabas con él todo era cuentos”.

Mientras que su costado periodístico es “intenso, extenso y maravilloso”, y pone como ejemplo Noticia de un secuestro, sobre “un hecho espantoso que pasó en Colombia cuando Pablo Escobar decide secuestrar a varios personajes, muchos de los cuales perdieron la vida”.

Del periodista aprendió dos lecciones: el rigor y la ética. “El rigor era una palabra que insistía con vehemencia. Pensaba que a veces los periodistas eran superficiales o irresponsables y que había que cotejar cada dato”.

Admiraba y promovía el sentido de la ética, que pensaba “era la razón de ser del periodismo, siempre al servicio de la sociedad y no para beneficio de ningún sector”.

EL NOBEL

Arizmendi era parte de su círculo íntimo en la ciudad de México, cuando el 21 de octubre de 1982 recibió oficialmente de la Academia Sueca de las Letras la noticia de que era ganador del premio Nobel de Literatura.

También fue uno de los miembros de la comitiva que acompañó a García Márquez a recibir la distinción a Estocolmo el 14 de diciembre de ese mismo año.

Ser testigo de ese acontecimiento fue como haber “vivido un cuento de hadas”, anota. Ya conocía aquella ciudad, pero no en el marco de una ceremonia marcada por las flores amarillas, los trajes caribeños, los tambores y los acordeones.

ADIÓS

La última vez que vio a Gabo fue en un restaurante en Bogotá, y Darío Arismendi almorzaba con Noemí Sanín, abogada y política.

“Hablamos, en ese momento ya lo acusaban algunos síntomas de amnesia, pero me reconoció perfectamente”. Le preguntó si todavía trabajaba en Caracol y el Nobel le aconsejó: “¿Qué coño haces ahí?, te van a matar, no jodas, retírate”.

Tiempo después, aquel 17 de abril de 2014 cuando murió Gabo a causa del cáncer, Arizmendi estaba con su familia en una finca cercana a Bogotá. Lo llamaron de Caracol y le dijeron lo que esperaba que ocurriera porque “su final se veía venir”.

Primero la tristeza lo embargó y después “una gratitud por la vida al poder ser tan cercano a él, escucharle tantas enseñanzas, compartir con él tantos momentos maravillosos y de conocer a su familia. Me consuela que Gabo durará por siempre”.

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