Extraoficial: Juez Torres emitirá decisión sobre extradición de Ricardo Martinelli el 31 de agosto.

PAULO COELHO

El árbol de la inmortalidad

VIDA. Cuenta el poeta persa Rumi, que en una aldea del norte de lo que hoy es Irán, apareció un hombre que contaba historias maravillosas sobre un árbol que daba la inmortalidad a quien comiese de sus frutos.

La noticia no tardó en llegar a oídos del rey, pero antes de que este pudiera preguntar dónde se hallaba tal prodigio de la naturaleza, el viajero ya había partido.

El rey estaba decidido a hacerse inmortal, pues quería gozar de tiempo suficiente para convertir su reino en un ejemplo para todos los pueblos del mundo.

Ahora, sin embargo, la vida le daba una oportunidad y él no iba a dejarla escapar.

Llamó al hombre más valeroso de la corte y le encomendó encontrar aquel árbol.

Preguntado y ofreciendo recompensas, el hombre recorrió ciudades, atravesó llanuras y escaló montañas.

Después de muchas decepciones, el hombre resolvió renunciar a su búsqueda. Pese a sentir una inmensa admiración por su soberano, iba a regresar con las manos vacías. Sabía que con ello perdería su honor, pero estaba cansado y convencido de que el árbol no existía.

En el camino de vuelta, al subir una colina, recordó que allí vivía un sabio.

Al llegar frente a él rompió a llorar.

-¿Por qué estás tan desesperado, hijo mío? –preguntó el hombre santo.

-El rey me encomendó la tarea de encontrar un árbol único en el mundo, un árbol cuyo fruto nos da la vida eterna. Siempre he cumplido mis tareas con lealtad y coraje, pero esta vez regreso con las manos vacías.

El sabio se echó a reír:

-Lo que buscas existe, y está hecho del agua de la Vida que proviene del infinito océano de Dios. Tu error fue buscar un nombre.

“Para encontrar el fruto hay que renunciar a la forma y buscar el contenido. Cualquier cosa en la que está la presencia de la Creación es eterna en sí misma. Nada puede ser destruido; cuando nuestro corazón para de latir, nuestra esencia se transforma en la naturaleza que nos rodea.

Podemos convertirnos en árboles, en gotas de lluvia, en plantas e, incluso, en otro ser humano.

¿Por qué detenerse en la palabra “árbol” y olvidar que somos inmortales? Renacemos en nuestros hijos, en el amor que manifestamos para con el mundo, en cada uno de los gestos de generosidad y caridad que tenemos.

Regresa y di al rey que no tiene que preocuparse de encontrar el fruto de un árbol mágico: cada actitud suya y cada decisión que tome ahora permanecerán por muchas generaciones.

Pídele que sea justo con su pueblo; si hace su trabajo con dedicación, nadie lo olvidará, y su ejemplo influirá en la historia de su gente y estimulará a sus hijos y nietos a actuar siempre de la mejor manera posible.

Y dile también lo siguiente: todo aquel que busca un nombre, permanecerá siempre atado a las apariencias, sin descubrir jamás el misterio oculto de las cosas ni el milagro de la vida.

Todas las luchas que entablamos son por causa de los nombres. Pero cuando buscamos la realidad que se oculta tras las palabras, tenemos todo lo que deseamos, y también tenemos paz”.

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