La artritis y su impacto en la salud

Las personas con artritis no deben tratarse con medicamentos para el dolor (antiinflamatorios). Hoy se cuenta con fármacos modificadores de la enfermedad.

A veces, a Enma Pinzón de Torres, quien padece artritis reumatoide desde que tiene 34 años, hasta el acto de dormir le trae dolor.

Cuenta que a lo largo de estos 23 años de vivir con la enfermedad, que le ha afectado su mano derecha, ambos codos y pies, el reto más difícil que ha experimentado ha sido despertar cada mañana.

“Siempre amaneces con un grado de rigidez matutina, acompañada de dolores en todo el cuerpo, unos días más que otros. Pareciera que dormir nos hace daño, ya que no gozamos de un descanso reparador. Esa rigidez va desapareciendo en el transcurso de la mañana, por tanto, el placer de dormir hasta tarde desapareció hace muchos años”.

La artritis reumatoide no ha sido el mayor obstáculo para Pinzón de Torres, que tuvo tratamiento temprano y continuo, por lo que lleva una vida normal. “He tenido hijos, he mantenido mi trabajo, manejo, etc.”.

Por otro lado, cuenta que ha enfrentado dificultades para hacer ejercicios fuertes y tareas del hogar como barrer y trapear. “Cuando he tenido alguna crisis se me ha dificultado vestirme y hasta peinarme”.

La también presidenta de de la Fundación de Artritis Reumatológica de Panamá ya comenzó su etapa de abuela, pero por la artritis reumatoide no ha podido disfrutar tanto de sus nietos como desea. “Quisiera poder jugar con mis nietos, cargarlos, que me los den a cuidar algún fin de semana o llevarlos al cine. Sé que como son niños correrán y no podré correr a alcanzarlos para evitar que tengan un accidente. Sé también que tendré que meterlos a la ducha o cambiarlos de pañal y no podré hacerlo”.

A ella le entristece pensar que sus nietos crezcan con la idea de que su abuela es muy distante, “porque no van a comprender que estoy enferma, ya que nuestra enfermedad muchas veces no es visible físicamente”, recalca.

Aunque no ha sido sencillo vivir con artritis reumatoide, “hoy día han surgido medicamentos que controlan la enfermedad y mi vida cambió”. Sin embargo, dice que la mayoría de quienes la padecen optan por tomar medicamentos para el dolor y no buscan un diagnóstico temprano.

Su madre, su abuelo y bisabuelo padecieron artritis reumatoide. Su hermano también sacó esta “mala lotería”, como le dice.

ESTILOS DE VIDA

Cualquier articulación del cuerpo puede afectarse, incluyendo la temporomandibular (usada al masticar o hablar), pero las más comúnmente afectadas son las articulaciones de las manos, las muñecas, codos y rodillas, enumera la reumatóloga Ilsa Moreno.

El doctor Aníbal De León, presidente de la Sociedad Panameña de Reumatología, indica que en las articulaciones de alguien afectado por la artritis reumatoide se presenta inflamación mediada por autoinmunidad, ya que el propio sistema de defensa del cuerpo ataca al paciente. “Esta inflamación es descontrolada y permanentemente lleva a la destrucción de las estructuras de la articulación (cartílago, hueso, tendones, ligamentos) si no se trata”.

La doctora Moreno añade que el desarrollo o no de la enfermedad dependerá de factores genéticos y ambientales, de los cuales se tiene claro que la exposición al humo del cigarrillo puede ser un inductor.

Por otro lado, la artritis reumatoide facilita la formación de placas de arteriosclerosis, que es la que desencadena los eventos cardiovasculares, por lo que los pacientes “deben ser controlados de su enfermedad y moderar factores clásicos de enfermedad cardiovascular (obesidad, hipertensión, dislipidemia, diabetes mellitus) con el fin de disminuir su riesgo de enfermedad cardiovascular)”, indica el doctor De León.

CONCEPTOS ERRADOS

Los pacientes con artritis reumatoide suelen tener conceptos errados con respecto a la enfermedad y su control. Algunos, por ejemplo, piensan que están mejor, “ya me curé y puedo dejar el tratamiento”, advierte el reumatólogo.

Estos pacientes suelen retrasarse en buscar atención médica porque creen que “esa es una enfermedad de viejitos, así que no puede ser artritis”, a pesar de hoy se conoce que afecta a personas entre 30 y 45 años, o incluso más jóvenes, aclara.

Otro concepto errado es depositar demasiada confianza en métodos de tratamiento alternativo (acupuntura, masajes, medicina botánica, etc.), que si bien pueden ser coadyuvantes en el alivio de los síntomas, no han demostrado evitar el daño articular irreversible, indica.

La doctora Moreno agrega que quizás el mayor error es considerar los medicamentos para dolor (acetaminofén, antiinflamatorios como diclofenaco o ibuprofeno y prednisona) como “tratamiento”, cuando solo son para manejar el síntoma. “Aunque el paciente se alivie del dolor con ellos, el daño articular progresa hasta que se use la terapia específica que se conoce como fármacos modificadores de la enfermedad”.

TRATAMIENTOS

A finales de 1990 se contaba con muy pocos medicamentos para tratar la artritis reumatoide, y su efectividad era limitada, afirma De León. “Muchos de estos se habían inventado para el tratamiento de otros tipos de enfermedades (cáncer, trasplantes, infecciones), por lo que sus usos eran una adaptación de sus indicaciones”.

Ya en el siglo XXI, el conocimiento de los mecanismos por los que ocurre la artritis reumatoide “ha llevado a la fabricación de medicamentos que hacen blanco específico en ciertos actores del sistema inmune, y permiten una efectividad mayor en menor tiempo y con menos efectos secundarios que con los que teníamos antes”. Pero esto no debe interpretarse como que los medicamentos usados desde el siglo pasado (como el metotrexate) son innecesarios, pues las nuevas terapias en su mayoría funcionan mejor en conjunto con terapias convencionales”, recalca el reumatólogo.

Hoy se cuenta con una “ventana terapéutica”, que es un tiempo al inicio de la enfermedad en que el tratamiento puede variar su curso, según Moreno. “Aún no se puede hablar de curación, pero sí hay una evolución más benigna a largo plazo”.

Cuando hay daño establecido, ayuda la medicina física y de rehabilitación, pero si es severo los reemplazos articulares son una opción factible y segura, dice.

No hay motivos para quedar postrados en una silla de ruedas por padecer artritis reumatoide, recalca Pinzón de Torres, pues con los avances actuales eso no debe ocurrir.

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