Los autores y sus obras ganadoras

Los escritores galardonados con el premio Ricardo Miró 2013 en las categorías novela, cuento, poesía y teatro hablan de su obra.
Damaris Serrano, ensayo CORTESÍA/Wright State University. Damaris Serrano, ensayo CORTESÍA/Wright State University.
Damaris Serrano, ensayo CORTESÍA/Wright State University.

A Vanessa Núñez Handal no le bastó con leer el fallo. “Quiero agregar que es una de esas novelas que uno compra y no se arrepiente de haber pagado por ella”, dijo la jurado salvadoreña del premio Ricardo Miró 2013. Se refería a La chica que conocí el día que mataron a Kennedy.

En la obra ganadora del Miró, “la voz de León Balboa va reconstruyendo su historia, los hitos que marcaron su vida, la vida de un hombre solitario que desde la cama de hospital en que espera la muerte recrea, alucina, recuerda”, resume su autor, Dimitrios Gianareas.

Cuando empezó a escribir la novela eran varios relatos aislados, según el escritor. “Siento que se escribió sola. Después de tener como 50 páginas pensé que podía convertirse en una novela”.

Para esta obra, que “anuncia la acertada ambientación histórica [...], en que se entrelazan hechos de la historia de Panamá con referencias de otros países” (como dijo uno de los jurados), el autor se fue documentando a medida que escribía.

Precisamente, documentarse y leer mucho es lo que Gianareas considera el camino que un escritor debe seguir para ser bueno.

Además, es necesario tener capacidad de asombro, frescura de ánimo y terquedad, según Giovanna Benedetti, ganadora del premio de poesía de este año.

Benedetti, dedicada al mundo de la cultura, el arte, la historiografía y la literatura, describe su obra Música para las fieras como “un libro que bebe de un cauce transversal que tiene que ver con las entretelas del tiempo, con la memoria y el olvido, y con las expectativas [o angustias] que acechan tras los hechos por venir o ya cumplidos”.

La escritora compartió desde España que la noticia del premio la recibió con “la complacencia y excitación de lo que es: un premio; es decir, una mezcla de distinción, estímulo y provocación”.

A la docente universitaria Alondra Badano, ganadora del premio de teatro, recibir el premio le dio alegría.

Sospecha de sospecha, su obra galardonada, la comenzó en Europa cuando se discutía sobre el uso del velo de las musulmanas.

“Relaciono el velo a todo lo que se esconde detrás de él, un mundo que Occidente no conoce, pero juzga. Detrás del velo yo planteo el conflicto de la guerra y la destrucción de esas mujeres que están amputadas, traumatizadas y que en occidente siguen siendo victimizadas. La obra es muy dura”, comenta.

Por otro lado, la música, el rock & roll, la vida de los bares y la vida del campo comparada con la de la ciudad es lo que se ve en los cuentos de Javier Medina Bernal, recopilados en No estar loco es la muerte, ganadora del premio en la categoría cuento.

“Son recopilaciones que tengo desde hace años, algunas son recientes. Hay algunos cuentos que tienen hasta cinco años, pero yo los corrijo y los cambio un poco”, comentó el escritor, quien también es cantautor.

“Yo tengo muchos temas que tienen que ver con la música y creo que la música también me alimenta el ritmo literario, la combinación de palabras”, matizó.

El tema del ensayo ganador sobresalió por su temática novedosa y la relación entre la diáspora africana y la literatura en Panamá, según el jurado.

Damaris Serrano, la autora de Panamá: (re)cuento de una nación en diáspora, es profesora de español en Wright State University, en Estados Unidos, país donde reside, y no pudo contestar el cuestionario porque estaba haciendo los arreglos para acudir a la ceremonia de premiación esta noche en el Teatro Nacional.

Letras en la sangre

La mayoría de ganadores del premio Ricardo Miró llevan la literatura en las venas.

“Yo vengo de una familia de ´gente del libro”, expresa Benedetti, cuyo abuelo materno, oriundo de Colombia, fue maestro y bibliotecario en Soná, Veraguas.

Además, sus antepasados paternos mantuvieron en Panamá una de las primeras librerías de la República, la Librería Benedetti Hermanos, “que fungía como peña literaria de los intelectuales más conspicuos de la época, tales como Rogelio Sinán, Diógenes de la Rosa y Roque Javier Laurenza”, detalla.

“Por lo demás y en lo cercano, mi padre [abogado y catedrático de derecho], era un lector insaciable y un notable ensayista político, mientras que mi madre nunca ha dejado de ser una excelente declamadora lírica”, comentó.

Por otro lado, Medina Bernal es sobrino del poeta Salvador Medina Barahona y comenta que sus abuelos eran grandes lectores.

Gianareas también recuerda buenos ejemplos en la familia: “Mi hermano es un intelectual en todo el sentido de la palabra. Siempre hubo discusiones interesantes en casa. Mi padre no era escritor, pero de él aprendí a vivir la vida con pasión”.

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