Para capturar la belleza

El director Ang Lee sabe mostrar la belleza indómita de la naturaleza en su nuevo largometraje: ´Life of Pi´.

Ang Lee con su película Life of Pi (Una aventura extraordinaria) regala una honda experiencia existencial y espiritual, en ocasiones algo discursiva y dada al sermón religioso, pero sin duda mágica, filosófica y emotiva.

Esta película es sobre la voluntad humana de seguir adelante; acerca de la fe que derrota más de un obstáculo externo e interno; sobre la necesidad de respetar el crisol de religiones que existen en el mundo; sobre cómo se pueden sortear los peligros más increíbles; sobre cómo el hombre es un animal adaptable; sobre la tirante relación entre los seres humanos y el resto de las especies; y sobre la batalla sin cuartel del racionalismo con lo místico y viceversa.

ESTRUCTURA

Tanto la película de Lee como el libro de Yann Martel (la adaptación para la pantalla grande la firmó David Magee) son una muñeca rusa, o sea, tienen una historia dentro de otra.

Se trata de un señor mayor que le cuenta en un bar a un escritor que hay alguien que tiene una hazaña que debería compartirle. Ese narrador entrevista en Canadá a ese individuo, que a su vez recuerda lo pasado mientras lo relata, y luego el narrador lo fusiona con esa otra manera de llamarle a la realidad: la ficción.

El ritmo decae cuando Lee, siguiendo la estructura de la novela, oscila entre contarnos las penurias de un chico que está casi solo contra la adversidad y un adulto que trata de sembrar la fe en el alma de un escritor por completo escéptico.

Cuando Lee posa su mirada en ese muchacho que convive con un animal salvaje, tan acorralado y temeroso como el joven, y cuando todo el universo cabe en una pequeña embarcación, su película es inmensa y maravillosa, al manejar una ternura a lo Amelie (2001), de Jean-Pierre Jeunet, pero cuando nos obliga a escuchar y ver a un adulto que comparte su experiencia con otro, entonces el desbalance es evidente.

Algo que hubiera sido estupendo es si Lee nos llevara a dudar más. ¿Qué pasaría si la versión fantástica que cuenta el chico en el hospital fuera mentira? ¿Qué ocurriría si el comportamiento y el desenlace de la hiena, la orangután, la cebra, el tigre y el muchacho fueran solo una metáfora de cómo es la forma de ser de las personas?

REFERENCIAS

El espectador encontrará un sinfín de referencias en Life of Pi.

Por ejemplo, la odisea del muchacho y el tigre les recordará el devenir de personajes bíblicos emblemáticos como Noé y Job, así como seres literarios como el Tristram Shandy de Laurence Sterne y el Próspero y la Miranda de La Tempestad, de William Shakespeare; sin olvidar que en el libro y la película también aparecen homenajes, voluntarios o no por cuenta de Yann Martel, a las obras de colegas suyos como Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez, Rudyard Kipling y Rabindranath Tagore.

Ah, por favor, no dejar por fuera Lifeboat (1944), de Alfred Hitchcock.

TECNOLOGÍA

El séptimo arte debe saber transmitir la belleza que nos rodea. Esa premisa la cumple Lee con Life of Pi.

Hollywood utiliza los efectos especiales para hacer creer a su audiencia hasta lo imposible, pero no siempre es tan convincente como en esta ocasión.

Lee nos muestra lo hermoso e indómito de la naturaleza, sin embriagarse con las virtudes de los ordenadores.

Por ejemplo, el agresivo tigre de bengala que acompaña a Pi en medio de la nada acuática es más que real en sus movimientos y actitud, al ser una amalgama entre un felino verdadero llamado King y las bondades de la computadora.

O qué decir de la bandada de peces voladores o la enorme ballena que navega a sus anchas por el mar, o las puestas de sol o lo virulento y calmado del océano. Todo lo brinda Lee como si vieramos un documental por Discovery Channel.

Como hizo Martin Scorsese en su largometraje Hugo (2011), el 3D en manos de Lee no interrumpe la narración, aparece solo en momentos claves, por lo que no se convierte en un estorbo, sino que es un aliado.

Las escenas de Life of Pi son de una preciosura que en Hollywood es bastante escasa. A Lee solo le gana, y de sobra, Terence Malick.

¿Por qué? El maestro norteño no requiere del ingenio de ningún departamento de efectos especiales para brindar la preciosidad de lo natural, como lo plasmó en su incomprendida El árbol de la vida (2011).

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