El chico que se entregó a la danza

Joameth Manzané primero intentó ser un astro del fútbol, pero pronto se encontró con la danza con la que ha brillado en menos de tres años.

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Los ensayos de Joameth ocupan la mayor parte de sus tardes. Algunos días a la semana asiste en la noche a ensayos especializados en la academia de danzas Steps. Cortesía Los ensayos de Joameth ocupan la mayor parte de sus tardes. Algunos días a la semana asiste en la noche a ensayos especializados en la academia de danzas Steps. Cortesía
Los ensayos de Joameth ocupan la mayor parte de sus tardes. Algunos días a la semana asiste en la noche a ensayos especializados en la academia de danzas Steps. Cortesía

La historia de Joameth, en realidad comienza sobre el césped. Sus piernas podían tener la fuerza para patear, pero su espíritu lo podía llevar lejos del ansiado deporte.

Quizá tenía ese sueño por el cariño que siente por uno de sus primos, un futbolista que ha sobresalido en las técnicas del dominio del balón y le ha valido un pasaporte a Inglaterra.

A temprana edad, Joameth persistía en consagrarse como una ficha del fútbol, pero su abuela, quien siempre lo acompañaba a sus prácticas, notó que algo andaba mal. “Era portero pero, no muy bueno pues”, reconoce con naturalidad Joameth, ahora convertido en una estrella de la danza.

Su abuela materna, Francisca Morales, dio entonces con la Fundación Calicanto y lo inscribió en el programa Enlaces, donde aprendería a bailar, y además le apoyarían con las tareas escolares de lunes a viernes. “Mi abuela es mi fiel amiga”, sustenta Joameth, pues fue con ella que se subió por primera vez a una avioneta y ya no teme a sobrevolar hasta llegar a otros destinos. De hecho, también quiere convertirse en piloto.

Pero en este punto de inflexión, cuando Joameth pensaba que todo se trataba de una rutina para liberar su mente y distraerlo de los vicios de su barrio, llegó un premio inesperado.

El año pasado, en la competencia de Danza Activa, participó en el Teatro Nacional y el jurado le otorgó una medalla de oro.

“Recuerdo que ya había pasado mi presentación y lo único que pensaba era en irme a mi casa”, rememora Joameth, convencido en ese momento de que otros lo habían hecho mejor que él.

Una vejiga palpitante en el pie derecho, ocasionada por sus prácticas previas y un par de zapatillas de ballet apretadas, le hacían más intenso el deseo de irse a descansar tras la jornada ese domingo por la tarde.

“Yo que había aspirado a la de bronce, cuando una niña de otra academia vino a decirme que íbamos a viajar juntos. ¿Para dónde?, le pregunté, incrédulo. ¡A Orlando!, respondió, ¡ganaste Joameth, ganaste la competencia, te acabaron de llamar en la tarima!”, relata.

De camino a su casa, con su reluciente medalla de oro en el pecho, el teléfono de la mamá de Joameth no paraba de timbrar. Maestros, colaboradores de la fundación no reparaban en felicitarlo por su logro.

“Viste Joameth, la gente te quiere”, le dijo su abuela, que también había asistido a ver la competencia.

En el barrio, la noticia se esparció. Atrás quedaron los desafíos a los que fue llevado, por asumir un sendero diferente, el del baile.

Cuando el bailarín salía a jugar a la cinta costera había niños que comenzaban a entorpecer su camino bailando “locuras”, tratando de hacerle mofa, pero Joameth en vez de ponerse furioso quedaba enseñándoles cómo debían moverse correctamente.

De esa manera, las burlas se convirtieron en clases en el patio y le valieron el apodo de “El Maestro” entre la muchachada. “De alguna manera, en la fundación tratamos de que los niños puedan reaccionar en sus entornos sin recurrir a la violencia”, explica María Teoktisto, coordinadora del programa Enlaces, fundado en 2010.

La bailarina Analida Galinda instruye a Joameth en danza contemporánea, y define en el chico una capacidad “innata” para el baile. “La primera vez que le di clases intuí que este chico había nacido para bailar”.

“Además de su fuerza y fisicalidad, tiene una delicadeza y una cualidad de movimiento muy especial; una facilidad para aprender las secuencias y para crear movimientos propios”, añade la profesora formada en Estados Unidos, quien dirige el programa artístico de Enlaces y augura en el futuro de su pupilo oportunidades en escenarios internacionales.

Galindo descubrió así que la impulsividad de un niño travieso, redireccionada de la forma adecuada, rendía frutos en el escenario. “Él ha encontrado una manera natural de expresarse. De encontrar su propia voz y de protegerse un poco de la realidad en la que vive”.

De Barraza a Florida

Por una semana Joameth estará capacitándose en la compañía Dance Theatre USA en disciplinas como ballet, hip hop, tap (zapateo americano) y su favorita, la danza contemporánea.

“Me gusta la danza contemporánea por ser más libre en los movimientos y es allí donde puedo expresar mis sentimientos”, acota el chico de ojos brillantes.

Al taller intensivo en Orlando, Estados Unidos, al que asisten niños de diversos países, irá con estudiantes de academias privadas panemeñas que resultaron triunfantes en la competencia y un profesor asistente de la Fundación Calicanto. Joameth alcanzará la edad de 13 años durante esa jornada de prácticas [el miércoles], por lo que le espera una celebración en grande.

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