La ciudad y sus símbolos caídos

La Mansión Danté forma parte del club de referentes de la ciudad destruidos, en el que figuran el IJA del Casino, Castillo El Millón y decenas o cientos más.

La Mansión Danté se terminó de ganar un espacio en la memoria colectiva de la historia de Panamá cuando en julio de 1987 fue atacada e incendiada por civiles simpatizantes del entonces general Manuel Antonio Noriega.

I. Roberto Eisenmann Jr., uno de los propietarios del establecimiento, recibió una llamada telefónica de aviso hasta Estados Unidos, donde estaba exiliado: “¡Los doberman de Noriega tienen la Mansión Danté rodeada!”.

Por su cabeza pasó lo peor.

Cuando César A. Tribaldos G., otro de los dueños del almacén, se enteró dio instrucciones claras: “Vayan todos a mi oficina”.

Y las malas corazonadas se convirtieron en hechos.

Civiles partidarios del régimen militar abrieron fuego contra la tienda. La policía que estaba cerca ni se inmutó. Es más, dio marcha atrás, cuenta David Eisenmann, otro de los propietarios y testigo del suceso.

Había empleados, clientes y familiares dentro, quienes se refugiaron en la oficina principal que, por precaución y temiendo lo peor, fue revestida de vidrios blindados.

No hubo muertos ni heridos en aquella ocasión, apuntan los empresarios. Solo se perdió la estructura de la Mansión, consumida por las llamas.

El inmueble pagó el precio de ser, prácticamente, la sede de las manifestaciones de rechazo a Noriega.

Todos los días, narran Tribaldos y los hermanos Eisenmann, los pañuelos blancos se agitaban en calle 50, al frente de la tienda.

Fue una medida de amedrentamiento, afirman. “Esto es lo que te pasará si te metes conmigo”. Ese era el mensaje del dictador.

La reacción general fue de apoyo a la familia Eisenmann y ayudó a vitalizar el movimiento de la Cruzada Civilista. En adelante, muchos más se atrevieron a enfrentarse al opresor, recalcan.

La destrucción de la Mansión Danté, cuentan, se unió a otros episodios de malestar que tuvieron eco mundial, como el asesinato de Hugo Spadafora y la foto de Guillermo Billy Ford cubierto de sangre cerca del parque de Santa Ana.

OTRA CIUDAD, OTRO PAÍS

Ya todo es historia. La Mansión fue vendida hace unos años y ahora está siendo demolida para dar paso a un proyecto inmobiliario de mayor envergadura.

Por ese terreno, I. Roberto Eisenmann Jr. recibía entre tres y dos ofertas semanales.

Se convirtió en un blanco, en uno de los objetivos de los grandes inversores. “No se vende”, era la respuesta de Eisenmann.

Pero ya “no había manera económica de justificar un almacén en esa zona rodeada de edificios”, explica.

La ciudad cambió y el esquema de acción de la antigua Mansión Danté se había perdido. “Los almacenes están ahora en los centros comerciales. Nadie te saluda cuando llegas. El modelo de la Mansión era otro, más personalizado”, apunta. “Panamá es otro país”, añade.

MÁS ESCOMBROS

El de la Mansión Danté es el caso más fresco de edificios, estructuras o sitios que fueron referentes de la ciudad de Panamá en décadas pasadas que ha cedido espacio para que el desarrollo inmobiliario siga avanzando.

En la reciente década se han registrado otros casos con mucha atención mediática.

En el cruce de calle 36 y avenida Central, en el corregimiento de Calidonia, estaba el famoso IJA del Casino, demolido en 2003.

En los albores del siglo pasado esta estructura fue levantada y funcionaba como centro de entretenimiento para la alcurnia local. Era descrito como un majestuoso edificio de tres plantas de arquitectura francesa.

En el ínterin también funcionó como hotel y, en la década de 1960, pasó a ser una escuela primaria y como una sede del Instituto Justo Arosemena (IJA) que para distinguirse de su similar en San Francisco se conoció como IJA del Casino.

El siguiente en la lista fue el Castillo El Millón, en Perejil, echado abajo a finales de 2006. Se trataba de una añeja casona con planos que datan de 1929 y donde vivió el presidente Domingo Díaz Arosemena (1948- 1949). Al final de su existencia fue la sede de una popular juguetería que le dio el nombre que aún vive en el recuerdo: Castillo El Millón.

Era una construcción neoclásica con finos acabados y vidrios de colores.

Más recientemente, en 2011, la atención se centró en la estructura que albergó por 69 años a la Embajada de Estados Unidos en Panamá, en avenida Balboa, para levantar, en principio, la llamada torre financiera.

Hubo protestas y en las paredes del edificio se leía: “no queremos otra torre, queremos un museo”.

Al final, la torre no prosperó y en su lugar se construirá la nueva sede del Hospital del Niño. Pero el destino de la antigua embajada estadounidense no varió. Cayó piedra por piedra.

Este ha sido el desenlace repetido de numerosas estructuras con valor arquitectónico y de patrimonio cultural de la ciudad, se lamenta Fernando Díaz Jaramillo, secretario de la Alianza Pro Ciudad de Panamá, entidad que intentó por años impulsar una ley para proteger los edificios y estructuras históricas.

Pero el empuje del desarrollo sin control y planificación ha podido más, vuelve a lamentarse Díaz Jaramillo, quien considera que los inmuebles que han sucumbido se cuentan por decenas y hasta por cientos.

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