Un domingo junto a Mario Calvit

El pintor panameño realizó un conversatorio sobre ´Inéditos´, su trabajo sobre papel realizado en los últimos 10 años, en el Museo de Arte Contemporáneo.
Mario Calvit realizó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Panamá. Su primera retrospectiva se presentó en el MAC, en el año de 2002. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez. Mario Calvit realizó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Panamá. Su primera retrospectiva se presentó en el MAC, en el año de 2002. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez.
Mario Calvit realizó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Panamá. Su primera retrospectiva se presentó en el MAC, en el año de 2002. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez.

El sol dominical del 7 de septiembre resplandecía para Mario Calvit, sus paisajes y abstractos, al tiempo que se colaba por las puertas de cristal del Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

Llegó con una guayabera blanca, apoyado en su bastón; puntual, junto a Silvia de Calvit, su esposa.

En su espera, la audiencia dispersa entre las dos salas en las que se distribuye “Inéditos” –su recorrido en papel de 10 años de trabajo– se congregó en lo que se rumoraba como un momento especial, ya que el paisajista no suele salir de su casa con mucha frecuencia. Ese domingo fue la excepción, como aseguró la directora del MAC, Silvia Estarás, al decir que “él está muy feliz”.

Calvit se sentó con la dificultad que impondría un cansancio propio de la edad de 81 años; suspira a la sazón del descanso físico, pero no de los recuerdos.

Como si empezara a pintar un cuadro, el artista dio un primer brochazo con su infancia y comienzos en el arte.

“El impulso por pintar lo sentí desde muy temprana edad. Fue un timbrazo definitivo, a pesar de mi corta edad”, comentó. Tendría siete u ocho años de edad.

Su incursión al paisajismo y posteriormente a la figura humana –que se logran apreciar en “Inéditos”– comenzó en Antón, donde empezó a cultivar el aprecio y amor por la figura y el paisaje, desarrollando su sensibilidad gracias a personas que apreciaban la calidad humana llevada al lienzo.

El espíritu que Mario Calvit conserva “es inherente a la dicha de haberme encontrado tempranamente, porque así he podido hallar variantes en mi obra”, afirmó .

“Puedo hacer una obra clásica y otra moderna con la misma seguridad. Me siento con entusiasmo y optimismo, dos actitudes permanentes que se ven en sus resultados estéticos, a la vista del público”. Gracias a ese espíritu, el camino de Calvit ha estado libre de obstáculos, algo que se puede ver en la diversidad de temas y paisajes de “Inéditos”.

El sentir de su hermana

“No creo que haya dos hermanos que sean tan unidos como él y yo”, fueron las palabras de su hermana Berna Calvit.

“Mario no deja de sorprenderme. Creo que para él, respirar y pintar son la misma cosa. Vivió años muy intensos, de gran bohemia y parrandas”, comentó la comunicadora social, “pero enriquecidos por la presencia de amigos que pasaron por su casa, en Bella Vista”.

“Es un hombre de una gran sensibilidad. Lo que mi hermano está haciendo no es solo motivo de orgullo familiar, sino también de orgullo para el arte nacional”, concluyó Berna Calvit.

cinco minutos con mario calvit

Tras los agradecimientos, los aplausos, Calvit fue abordado por afectos y admiradores que buscaban una marca del maestro que se inmortalizara en sus panfletos de entrada. Hay tiempo para dedicarle a cada persona que se le acerca a expresar su admiración, recordarle un momento que marcó su vida o simplemente estrechar sus manos de hacedor.

“Me siento muy feliz de estar rodeado de tantos admiradores y amigos, no hay de otra”, dice a este diario mientras recibe folletos desplegables, y devuelve reliquias con solo su firma.

“La gente que está aquí conmigo es la gente que admira mi trabajo o que siente simpatía hacia mi persona”.

Dicen que usted sale muy poco de casa.

Es cierto.

¿Por qué?

Porque soy muy intimista. Vivo muy apegado a mi ejecución artística y al ejercicio de la pintura, el que necesito desarrollar diariamente.

¿Cómo se relaja mientras realiza una obra?

A través de una autogestión anímica. Me abstraigo de todos los problemas cotidianos que me circundan, incluso, la presencia de mi esposa, Silvia. Como soy muy emotivo, no podría desarrollar mi pintura y demostrar la tranquilidad que se ve, sobre todo en mis paisajes. Para eso se necesita mucha paz mental.

¿Con cuál corriente se siente más cómodo, la abstracta o el paisaje?

Como se observará, en algunos paisajes, no me he desligado totalmente de la abstracción. Hay paisajes donde hay siglos de ese estilo, pero después de lograr esa etapa, le agrego detalles para volverlo a ubicar dentro de la realidad.

¿Podría decir que su esposa, Silvia, es su musa?

Mi musa siempre ha sido Silvia, mi musa eterna, desde la juventud. Ahora es mi musa, diríamos, por tradición, pero siempre musa.

¿Cómo espera ser recordado en la historia del arte panameño?

Como un innovador.

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