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La droga del poder

Jorge Zepeda Patterson lamenta que hoy el principal mérito de muchos es ser famoso en las redes sociales.

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Zepeda Patterson es licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara y tiene una maestría por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Zepeda Patterson es licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara y tiene una maestría por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Zepeda Patterson es licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara y tiene una maestría por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Daniel Domínguez Z.

De la mano de sus tres novelas, el mexicano Jorge Zepeda Patterson aprendió a profundizar en la antropología y en la psicología del poder.

Busca explicarle al lector, y a sí mismo, el porqué se comportan de cierta manera los hombres y mujeres que están arriba, en la cima de quien tiene el destino de los demás en sus manos.

De salida, siempre creen que se pueden salir con la suya, advierte, y allí es cuando la literatura permite entender sus motivaciones y sus debilidades, “es una cierta indagación desde un diván de lo que es el poder”.

En su nueva novela Los Usurpadores (Planeta) se registra una maduración de esas reflexiones sobre los que tienen la sartén por el mango.

Lo suyo es comprender al mandatario mexicano de las últimas décadas cuando está por terminar su período y piensa cómo perpetuar su capacidad de influir, y sospecha que la frustración en el resto de los presidentes de la región no debe ser tan distinta.

Ve complicadas las elecciones presidenciales mexicanas de 2018.

“Se ponen a pensar el poder absoluto que van a perder y lo que eso puede significa para él y los suyos. El poder ejerce una fascinación absoluta sobre los hombres públicos, porque el poder es muchísimo más que la riqueza, desde luego, entraña una seguridad económica, pero sobre todo, el poder tiene un efecto que embelesa y embriaga al saber que la vida de otros depende de sus decisiones”.

Un segundo elemento que también es adictivo, indica, es el atributo de la transgresión sin reparos.

“La posibilidad de que los otros mortales no pueden hacer ciertas cosas. Esa es la droga, la sensación pueril de ser el Trujillo dominicano (Rafael Leónidas Trujillo, dictador entre 1930 y 1961) que veía a una chica que le gustaba y ordenaba que se la trajeran al automóvil, hasta la sensación de que las leyes no operan contra ellos porque son excepcionales”.

El escritor, cree, no tiene poder alguno. A lo mucho, algunos elegidos pueden influir en otros y trascender con su escritura si el lector así se lo permite, aunque de esos hay pocos.

A Zepeda Patterson se le ocurre en América Latina pocos casos y pone como ejemplo el peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura.

CLASE POLÍTICA

Ya que Los Usurpadores se adentra en la dinámica presidencial, se le pregunta cuál fue el último mandatario mexicano excepcional. Tardó en responder: Lázaro Cárdenas, que gobernó entre el 1 de diciembre de 1934 y el 30 de noviembre de 1940.

“Reciente no hay ninguno meritorio. No hay competencias reales meritorias. El resto ha ofrecido un desempeño mediocre y con ascensos sin méritos, tienen más que ver con la lealtad partidaria y el servilismo a lo interno de la propia y pobre cultura política”.

Eso, plantea, erosiona la posibilidad de que espíritus fuertes y valiosos tomen las riendas del gobierno. El sistema está en declive, destaca, y por eso los mejores ciudadanos no desean saber de política. “Esto me parece que es universal, por lo que ocurre en otras partes”.

Ve complicadas las elecciones presidenciales mexicanas de 2018. En parte, por el desencanto que hay por la clase política de su país, “y por el vacío de los partidos políticos, que no sostienen banderas ideológicas porque son meros cascarones de poder, que están en medio de luchas fratricidas internas”.

Encima, el contexto internacional tampoco es que ayude. El ascenso a la presidencia de Estados Unidos del republicano Donald Trump “hace que todo sea más complicado para México. De por sí que ya teníamos una agenda sin resolver con el tema del crimen organizado, la ausencia de crecimiento económico, la desigualdad social, la injusticia y otros males crónicos, y llega más turbulencia con Trump, quien nos acusa de delincuentes”.

No entiende cómo este empresario llegó a la Casa Blanca. Resalta que hay varios factores. Entre otros, porque no representa a la clase tradicional política, y Hillary Clinton, del ala demócrata, sí lo era, “ella venía de una dinastía y apareció en un mal momento histórico”.

“Es absurdo que Trump esté sentado en la posición más poderosa del mundo. Ganó por el descontento del hombre blanco de la clase trabajadora, era la bandera del cambio, y por ser la premiación del éxito en las redes sociales y del infoentretenimiento”. Todo jugó a favor de la personalidad mediática de Trump, anota.

Además, el triunfo de este magnate forma parte de la hoy sociedad banal, en la que hay seres famosos por ser famosos, sin hacer nada, y cita el caso de Kim Kardashian, quien es conocida por ser ella misma, ya que no es actriz ni cantante ni modelo ni deportista... La cultura de masas de hoy está a favor de la celebridad porque sí, sin fundamento ni justificación, explica Zepeda Patterson, quien agrega que ahora vela más parecer que la verdad.

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