Bajo el efecto del estrés

Asistir a cursos de relajamiento, prevención de la tensión y actividades como caminar, bailar y cantar ayudan a aliviar el estrés en el trabajo.

El trabajo no tiene por qué ser sinónimo de estrés.

Sin embargo, la sociedad le ha atribuido ese calificativo. Solo basta con dar un vistazo a los anuncios de empleo, en donde se deja claro que “se busca personal que sepa trabajar bajo presión”.

Esta combinación puede ser peligrosa para la salud.

Desde hace mucho se conoce que hay una relación entre el estrés psicológico y las enfermedades cardiovasculares. Se ha comprobado que las personas sometidas a estrés muestran mayor tendencia a presión arterial, uno de los principales factores de riesgo para enfermedad coronaria, indica el cardiólogo Daniel Pichel.

En cuanto al estrés laboral, existen varias “señales de alerta en el cuerpo”, señala el psicólogo industrial Alfredo Arango.

Entre ellas están desde las más tenues, como el cansancio constante, mal humor, desánimo, insomnio y pérdida del apetito; hasta signos más serios, como reacciones psicosomáticas (enfermedades físicas causadas por emociones negativas), palpitaciones, alta tensión arterial, sentir ahogos, erupciones, dolores agudos en el cuerpo, crisis de llanto, ataques de mal humor, romper cosas y hasta depresión.

El estrés laboral “puede llegar a provocar paros cardíacos, derrames vasculares en el cerebro”, entre otros, afirma Arango.

CICLO DEL FENÓMENO

El estrés no es más que una respuesta fisiológica a un estímulo externo (por ejemplo: trabajo), aclara Pichel. Sin embargo, una cirugía, una infección severa o un traumatismo representan estrés para el organismo y las respuestas son similares.

Este se manifiesta primero en su víctima, estimulando la segregación de hormonas como la adrenalina, e incrementa la presencia de factores de coagulación en la sangre. Este panorama, generado por el estrés, afecta negativamente la función del sistema circulatorio, haciendo que la salud cardiovascular de la persona se altere, afirma el cardiólogo.

La médica familiar Judith Casís añade que si se experimenta estrés agudo tiene que existir una enfermedad aterosclerótica (taponamiento de las arterias) previa para poder que se produzca un evento cardiovascular agudo.

En tal caso, continúa la especialista, “el estrés agudo incrementa bruscamente la presión arterial y la frecuencia cardíaca, provocando un aumento de la demanda [necesidad] de oxígeno del miocardio [músculo cardíaco]. Sin embargo, en el paciente que ya tiene placa aterosclerótica, la capa interna de los vasos no tiene su respuesta normal de dilatarse ante este aumento brusco del flujo de sangre e, incluso, podría tener una respuesta paradójica [contraria] de contraerse [vaso espasmo], disminuyendo así el flujo sanguíneo hacia el miocardio”.

Casís agrega que el aumento hormonal de catecolaminas (generadas por el estrés) induce también la actividad de las plaquetas y otros factores de coagulación, pudiendo producir oclusión en la microcirculación, así como en los vasos del miocardio. “El daño a la pared interna de los vasos lleva también a la reducción del óxido nítrico (que es un dilatador natural de los vasos, es un antioxidante), produciéndose otros factores que llevan a la elaboración de trombos en las placas ateroscleróticas”.

Si se atraviesa estrés crónico, Casís advierte que además de estos procesos ocurren otros. “Se estimula el llamado eje hipotálamo hipofisiario y el sistema nervioso simpático, llevando al aumento de producción de las hormonas glucocorticoides con la consecuente inmunosupresión y disminución de respuestas antiinflamatorias”.

En este caso, la elevación del cortisol conlleva al aumento de la grasa intraabdominal, fuente importante de sustancias proinflamatorias involucradas en la enfermedad cardiovascular.

CERO ESTRÉS

En el caso del estrés laboral, el psicólogo clínico Emmett Villavicencio explica que esta situación puede afectar a cualquier persona. “La manera en que afecte al individuo va a depender de su personalidad, recursos psicológicos, emocionales y cognitivos para hacer frente a la situación”.

Según Villavicencio, el ser humano es protagonista activo, “agente no solo de su propia historia, sino también de su propia salud-enfermedad, según sus diferentes actitudes y conducta, acorde con su funcionamiento cognitivo-afectivo y relacional, que va a dar lugar a manifestaciones directas y a otras indirectas, como su afecto mediador aferente sobre el funcionamiento del sistema nervioso central”.

Para cada individuo, el estrés se define subjetivamente, y la respuesta a este depende de la personalidad y estructuración fisiológica de cada persona, explica.

Por ello, depende de cada uno tener la posibilidad de trabajar sin estrés y sin llegar a presentar síndrome de burn-out (“estar quemado” o “desgaste profesional”); pero para esto, es necesario el cuidado personal que incluye el aspecto físico y emocional, menciona.

Para evitar el estrés laboral, el psicólogo Arango recomienda velar por la organización del trabajo. “El desorden, caos y falta de control de tus tareas produce mucho estrés”.

Añade que también hay que tener una filosofía de vida que le permita aceptar que no todo lo puede controlar, “que eres humano, que tienes derecho a equivocarte, que necesitas preguntar, pedir ayuda y dar ayuda es algo saludable”.

Y es que el trabajo puede ser un juego, “si amas lo que haces y le imprimes tu propio ritmo”, dice Arango.

Agrega que asistir a cursos de relajamiento, prevención de la tensión y respiraciones ayudan a aliviar el estrés en el trabajo, así como también practicar actividades destensadoras, como bailar, cantar, caminar, conversar con buenos amigos y con gente común, pasear, leer, dormir, ver televisión saludable y jugar, echar chistes y disfrutar cada placer de la vida, igualmente, ayudan a poner el estrés a raya.

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