La fórmula del enamoramiento

La convivencia y el contacto sexual contribuyen al desarrollo de lazos afectivos, según un reciente estudio.
Sin amor la relación se destruye, y sin el componente sexual se empobrece, indican especialistas. Fotolia. Sin amor la relación se destruye, y sin el componente sexual se empobrece, indican especialistas. Fotolia.
Sin amor la relación se destruye, y sin el componente sexual se empobrece, indican especialistas. Fotolia.

El amor es capaz de todo. Hasta de “moldear” al órgano encargado de regular las funciones del organismo, y de ser el recinto de la mente y de la conciencia: el cerebro.

Sobre esto abordó la revista científica Nature Neuroscience recientemente, al divulgar un estudio realizado por investigadores del departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad Estatal de Florida, Estados Unidos, que halló que tanto la convivencia con la pareja como el contacto sexual elevan la cantidad de receptores en el cerebro para la segregación de oxitocina y vasopresina, dos neurotransmisores que van de la mano con el desarrollo de los lazos afectivos en la pareja.

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras estudiar el comportamiento en ratones de las praderas, animales que suelen ser monógamos. Estos, tras aparearse, crean un vínculo eterno, comprometiéndose el uno al otro a cuidar por igual a su cría.

Lo que este estudio comprobó es que la monogamia tiene un componente epigenético, es decir, que el hecho de elegir a una pareja para siempre ocurre por alteraciones que se dan en el material genético luego de haberse dado la convivencia y el apareamiento.

ENAMORAMIENTO SANO

La psiquiatra y sexóloga Luz Jaimes, expresidenta de la Sociedad Venezolana de Sexología Médica, explica que la epigenética consiste en la evolución de los genes, los cuales se adaptan a las necesidades de los cambios de la vivencia.

El psicólogo Ezequiel Meilij explica que el contacto sexual es importante en la pareja no solamente en la etapa de enamoramiento, esa fase inicial muy intensa que luego dará lugar a un amor quizás menos intenso, pero más maduro y perdurable a lo largo del tiempo.

“Algunas personas piensan que el amor y la sexualidad son dos elementos separados en la relación de pareja, pero se requiere de ambos para mantener la llama viva. Mientras que el amor o ternura aporta profundidad a la relación de pareja, la sexualidad le aporta intensidad, ambos componentes necesarios para lo que se considera un enamoramiento sano”.

Jaimes añade que si una persona tiene su mecanismo químico cerebral funcionando correctamente, está bien y contenta automáticamente se va a generar esa producción de neurotransmisores. “Si no lo tienes, se va deprivando la respuesta. Una depresión a nivel químico es la disminución de los neurotransmisores (...) La neuroquímica cerebral nos habla mucho de cómo somos nosotros”.

Para definir el amor desde un punto de vista biológico, Meilij opta por referirse al significado que le otorga a este la antropóloga Helen Fisher, quien sugiere que el amor es producto de una reacción química en el cerebro, en la cual diversos químicos (entre ellos, la norepinefrina y dopamina) son responsables por la excitación y alegría experimentados durante el enamoramiento. “Según ella, estas reacciones tienen base genética y el amor es un impulso natural tan poderoso como el hambre o el sexo (e igual que estos, dirigido hacia la meta de la preservación)”, comenta.

Meilij afirma que la convivencia, sexualidad y descubrimiento mutuo inciden en el proceso de enamoramiento. “Un modelo de ´enamoramiento sano´ propuesto por la corriente psicodinámica propone una relación basada sobre cuatro elementos, los cuales podemos verlos como las cuatro patas de una mesa. 

Estos son la vida sexual de la pareja; los valores compartidos por ambos integrantes de la pareja; las relaciones objetales, es decir, los modelos de apego sano de ambos integrantes de la pareja (modelos de relación interna y externa aprendidos e introyectados de los padres); y el último elemento, que aporta la estabilidad final a la mesa que brinda una “cuarta pata” es precisamente el equilibrio entre el amor (la parte emocional y profunda) y la sexualidad (la parte intensa y agresiva, porque la sexualidad humana tiene un componente agresivo, que manejado sanamente es lo que podemos definir como la intensidad y pasión que se da durante la relación sexual)”.

Según el especialista, se postula que sin amor, la relación se destruye; y sin agresión (el componente sexual) se empobrece y sorprendentemente, la relación muere más rápidamente por falta de agresión que por falta de amor; “muy importante entender que al hablar de agresión nos referimos al componente agresivo dentro de la sexualidad sana, no a la agresión/hostilidad/violencia no consensual”.

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