CAJA DE LETRAS

Entre gobernar y mandar

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Qué dilema: gobernar-democracia, o mandar-autoritarismo. Escuchemos a Ana Matilde. Su primer año de gestión como diputada. Se impone su agenda de ética en la política, a diferencia del gran festival de “qué hay pa’ mí” en que se ha convertido la patria de Justo Arosemena.

La patria política se encuentra en una fase de las disyuntivas: autoritarismo-mandar, con sus hijos corrupción, clientelismo e impunidad, y la democracia-gobernar. “Ante esta disfuncionalidad democrática, gobernar o mandar en Panamá ya es más que un dilema. Es una disyuntiva de valores y principios”, concluye la política y abogada.

Existe una inclinación histórica y práctica por el caudillismo. Repase caudillos y dictadores en toda la región latinoamericana. Ya nos hemos acostumbrado a que exista una fragmentación en la representación asambleísta. Las soluciones más corrientes pasan por esas prácticas que perjudican al país. En la vuelta anterior, el Gobierno se transformó en campeón mundial de transfuguismo. Ningún país en tan poco tiempo se ha prestado para la compraventa de curules. Record Guiness para El Innombrable. Optó por el autoritarismo, la corrupción y el clientelismo frente al resultado electoral de 2009. “Decidió comprar toda conciencia y corromper hasta el corazón del sistema político. Decidió mandar y rehusó gobernar”, sostiene Ana Matilde.

El Innombrable se escudó en tres fisuras de nuestro devenir político, constituidas en deformaciones culturales, en el entendimiento de la diputada: el conflicto de intereses, como norma perversa de gestión de lo público; la impunidad como desafío de la cultura de legalidad y la corrupción como medio para el logro de los fines.

El autoritarismo, con esas herramientas del paleolítico inferior, frente a la democracia, que construye diálogo y consenso entre contrarios; que escucha y presenta respuestas. “Solo existe democracia allí donde hay pluralidad de propuestas y proyectos políticos que compitan en igualdad por el voto”, dice. La democracia, por tanto, es un proyecto ético de vida ciudadana para representar a la sociedad, tal como ella debe ser. Es inmoral y corrupta una política económica que transfiere a una minoría una porción desmesurada de la riqueza nacional. En estos 12 meses en la Asamblea Nacional, Ana Matilde valora: cuando el autoritarismo se apodera del sistema político, los decisores políticos niegan y desconocen la legitimidad de la disfuncionalidad en la composición del ente legislativo, y no les interesa otra cosa que mandar. “Entre más manda y menos gobierna, más se deteriora su poder y más se orilla el sistema a una crisis que más temprano que tarde va comprometiendo su gobernabilidad”, indica. “Esta crisis de gobernabilidad –adiciona- se vuelve sistémica: el que está arriba no puede mandar y el que está abajo no termina por obedecer.

A los partidos políticos, en este escenario, se les ha perdido la brújula: ya no representan los intereses ciudadanos, al colocarse al servicio de intereses contrarios, y por haber entregado, en no pocas ocasiones, sus banderas a dirigentes corruptos. El partido es una correa de transmisión que favorece el enriquecimiento de esos dirigentes. La regeneración de la república pasa por optar por el difícil arte de gobernar: oportunidad para robustecer la legalidad, la institucionalidad, la moral pública y la cultura democrática.

Escuchemos a Ana Matilde: profundicemos la participación, restituyamos el principio de legalidad y acabemos con la impunidad, y combatamos la pobreza.

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