¡Me ´hackearon´!

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Esta semana, al magnate de medios Rupert Murdoch lo “mataron” los hackers del grupo LulzSec, que atacaron la web del diario The Sun y publicaron la falsa noticia de su deceso, mientras que Anonymous intervino la cuenta de Facebook del presidente colombiano Juan Manuel Santos y la de Twitter de su antecesor, Álvaro Uribe.

Empresas, sitios web estatales, redes sociales y hasta el Fondo Monetario Internacional han sido víctimas de delincuentes en el ciberespacio. Los servicios PlayStation Network y Qriocity, de Sony, estuvieron caídos un mes tras un ataque informático en abril pasado. En Panamá, varios funcionarios denunciaron que sus correos electrónicos fueron vulnerados.

Ataques DoS (denegación de servicio), phishing (el delincuente se hace pasar por otra persona y obtiene información para cometer estafas), chantajes y hackeo, a través de Bluetooth, son algunas modalidades de delitos informáticos, que cada vez se sofistican más y se dirigen a blancos específicos. Aun así, los usuarios comunes y las organizaciones no toman las medidas preventivas.

“La penetración no autorizada de celulares, computadoras personales o sistemas de compañías, organizaciones y gobiernos es una realidad, pero aún hay tabúes”, dice Antonio Ayala, vicepresidente de la consultora en riesgo, negocios y auditoría interna Riscco. “Hay bandas internacionales de atacantes, pero la gente cree que es ciencia ficción y que no les va a pasar a ellos”.

¿CUÁL ES EL FIN?

Aunque grupos, como Lulz Security y Anonymous, realizan ataques con fines políticos o para manifestarse “a favor de la libertad en internet”, la mayoría de los cibercriminales busca lucrar. Por eso, intentan obtener contraseñas de acceso a servicios bancarios, números de tarjetas de crédito, fotos, direcciones de correo electrónico, etc. para vaciarles las cuentas a sus víctimas, hacer compras a costa de ellas, chantajearlas, vender la información a compañías, etc.

En el ámbito empresarial, un problema serio es la pérdida de información sensitiva, sobre un nuevo producto, promociones y datos de clientes para “robárselos”.

“La gente piensa que el espionaje digital está asociado con robar la fórmula de la Coca Cola, pero puede tratarse de cosas sencillas como, ante la falta de controles, obtener en una memoria USB datos sobre clientes de un banco con depósitos de plazo fijo, para que la competencia les ofrezca algo más atractivo”, indica Ayala.

INGENIERÍA SOCIAL

Los ciberdelincuentes pueden acceder a la información ajena, usando ciertas herramientas al tener contacto físico con un equipo o mediante la “ingeniería social”, que no es más que engañar a las personas para que ejecuten una acción que les perjudica, creyendo que es inofensiva, explica el consultor informático Alex Neuman van der Hans.

“Un ejemplo son los sitios que dicen ´mira quién te bloqueó en MSN´ o ´haz click e instala este programa para tener caritas nuevas en tu Messenger´ y similares”, expresa Neuman. “La persona, bajo la promesa de obtener un supuesto regalo, recibe, en cambio, un programa malicioso”.

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