PAULO COELHO

Tres historias sufíes

LA MUJER PERFECTA. Nasrudin conversaba con un amigo.

–¿Quieres decir, mullah, que nunca has pensado en casarte?

–Alguna vez, sí –respondió Nasrudin–. En mi juventud quise conocer a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer espiritualizada y linda; pero ella no sabía nada de las cosas del mundo.

Proseguí el viaje y llegué a Isfahán. Allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y del espíritu, pero que no era bonita. Entonces decidí ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una muchacha bonita, religiosa y conocedora de la realidad material.

–¿Y por qué no te casaste con ella?

–¡Ah, querido amigo! Lamentablemente, ella también estaba buscando a alguien perfecto.

EL PATO Y LA GATA.

–Mi madre me decía que yo no estaba tan loco como para internarme en un manicomio, y que tampoco era lo bastante santo como para entrar en un monasterio –respondió Tabrizi–. Entonces, opté por dedicarme al sufismo, donde aprendemos a través de la meditación libre.

–¿Y cómo le explicó eso a su madre?

–Con la siguiente fábula: Alguien dejó un patito junto a una gata para que esta lo cuidase. Aquel seguía a su madre adoptiva por todas partes hasta que, cierto día, los dos fueron a parar a la orilla de un lago. Inmediatamente, el pato entró en el agua, mientras la madre gritaba desde fuera: “¡Sal de ahí inmediatamente! ¡Te vas a ahogar!”.

Pero el patito respondió: “No, mamá. He descubierto lo que es bueno para mí, y sé que este es mi lugar. Voy a continuar aquí, aunque tú no consigas entender lo que un lago significa”.

EL PEZ QUE SALVÓ UNA VIDA. Nasrudin pasa frente a una gruta, ve a un yogui meditando y le pregunta qué está buscando.

–Contemplo a los animales y he aprendido de ellos muchas lecciones que pueden transformar la vida de un hombre– dice el yogui.

–Pues en cierta ocasión, un pez me salvó la vida– responde Nasrudin–. Si me cuentas todo lo que sabes, te diré cómo ocurrió.

El yogui se queda asombrado: si ha sido salvado por un pez, este hombre debe de ser un santo, así que decide enseñarle todo lo que sabe.

Cuando termina, le dice a Nasrudin:

–Ahora que te lo he enseñado todo, será un honor escuchar la historia de cómo un pez te salvó la vida.

–Es sencillo –responde Nasrudin–. Yo estaba casi muriendo de hambre cuando lo pesqué, y gracias a él pude sobrevivir tres días.

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