Para integrar a oyentes y a sordos

La falta de intérpretes para comunicarse con las personas sordas ha llevado a Senadis a capacitar a más de una persona en la comprensión del lenguaje de señas.

Para mencionar su nombre hace una pausa y pronuncia cada sílaba por separado: Mel-va Fa-jar-do. Luego asiente de forma efusiva con un sí reiterado, moviendo la cabeza de arriba hacia abajo, y al final libera una amplia sonrisa.

Melva es sorda. Apenas era una bebé de seis meses cuando dejó de percibir los sonidos del mundo. La causa: una fiebre alta. A sus 47 años esta condición no la detiene.

Aprendió a pronunciar las palabras al ver cómo movían los labios su mamá y su papá, ambos oyentes; y de niña en Estados Unidos le enseñaron a leer y escribir.

Desde el año 2005 tiene una labor que desempeñar. Miles de funcionarios en todo el país toman un curso de 120 horas que ella dirige.

Sus alumnos aprenden el lenguaje de señas para poder comunicarse, cuando sea necesario, con personas con discapacidad auditiva.

“Me siento muy contenta cuando ellos comienzan a aprender, muestran ese entusiasmo y me siento muy satisfecha de que logren comunicarse con otras personas sordas, no solamente conmigo”, dice Melva de su labor a través de su intérprete, Xiomara Jaén.

La comunicación entre oyentes y sordos es una necesidad apremiante en el país y en el resto del planeta.

En la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis) apenas cuentan con cuatro funcionarias que interpretan el lenguaje de señas.

Tres de ellas trabajan en la ciudad de Panamá y una en la provincia de Chiriquí, detalla José Townshend, director de Promoción y Participación Ciudadana de esta institución.

Reconoce que no se dan abasto, pues ellos brindan el servicio gratuitamente, por lo que estas intérpretes asisten a hospitales, al Ministerio Público y hasta a la cárcel para dar significado a las señas de los sordos. La tarea también la comparten los 20 integrantes de la Asociación Nacional de Intérpretes de Panamá. Estos cobran 25 dólares por hora para realizar el mismo trabajo.

Abriendo el camino hacia la integración de los sordos, varias instituciones han implementado iniciativas para romper esa barrera y, de esa manera, abrir los canales de comunicación y dar la oportunidad de interactuar a las 20 mil 711 personas con discapacidad auditiva que, según datos registrados en la Primera Encuesta Nacional de Discapacidad (2006), residen en el istmo.

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