La intensa vida de Cayetana

Recorrido por la biografía de la duquesa de Alba, marcada por su forma de ver la vida y la polémica con su linaje y pasado monárquico.
Amada por muchos y odiada por otros, la duquesa de Alba murió ayer a los 88 años. Amada por muchos y odiada por otros, la duquesa de Alba murió ayer a los 88 años.
Amada por muchos y odiada por otros, la duquesa de Alba murió ayer a los 88 años.

“Siempre he querido vivir mi vida, pero a la vez sin molestar ni fastidiar a nadie”, decía la duquesa de Alba, por lo que también se puso “límites”, recordaba cuando publicó en 2013 su libro Lo que la vida me ha enseñado, con motivo del 60 aniversario desde que asumió el ducado.

“Un Alba tiene que ser siempre fuerte ante la adversidad”, es una de las frases que “más presente” tuvo y que le enseñó su padre Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, al que adoraba y que la educó “con la misma o mayor severidad que un chico”.

La joven Cayetana se rebeló contra la tradición de su apellido y transgredió con la imagen de sobriedad que siempre había acompañado a la familia.

El gusto por la ropa de color, casi de estilo hippy incluso en los últimos años de vida, y sus continuos viajes y salidas nocturnas captaron la atención de la prensa de la farándula. “En todo caso, que escriban lo que quieran. ¡Se han dicho tantas cosas sobre mí! Unas pocas, verdaderas; otras muchas, falsas; y bastantes, simplemente bobadas”, pensaba la duquesa al respecto.

“Las locuras que de verdad he cometido y que no han tenido remedio, creo que me las voy a llevar conmigo”, dijo alguna vez.

“He cometido menos locuras por amor de las que había pensado cometer. Al final, casi siempre se ha impuesto la cordura y el peso de la casa”.

Mujer a la que siempre le gustó disfrutar de la vida, la suya fue intensa y estuvo marcada por su familia y sus tres matrimonios.

el amor

Se casó por primera vez con el aristócrata Luis Martínez de Irujo y Artacoz en 1947, en una de las bodas más grandes jamás vistas en España. Las crónicas de la época cifraron el coste en 20 millones de pesetas, una auténtica fortuna en aquel entonces. España vivía los rigores económicos posteriores a la guerra civil (1936-1939) bajo la dictadura de Francisco Franco. La pareja tuvo seis hijos. Martínez de Irujo falleció en 1972.

Poco después se casó con Jesús Aguirre, un jesuita que militó en grupos de izquierda antifranquistas antes de abandonar el sacerdocio.

El matrimonio no contó con la bendición de la nobleza, muy reticente a abrir las puertas de su mundo a alguien ajeno.

La duquesa no se intimidó. Dejó su residencia del Palacio de Liria, en pleno centro de Madrid, y se trasladó a Sevilla, atraída por el calor del sur andaluz, la pasión que sentía por el flamenco, la tauromaquia y la vida social de la gente. Aguirre murió en 2001. No tuvieron hijos.

Cayetana de Alba permaneció en Sevilla, donde no siempre fue bien recibida.

Unos años después la duquesa reveló una última sorpresa. Cuando tenía 85 años anunció su tercer y último matrimonio con Alfonso Díez, un funcionario de la Seguridad Social 25 años más joven que ella. La boda, en octubre de 2011, desencadenó un terremoto familiar. Díez tuvo que renunciar a cualquier derecho sobre el legado de la Casa de Alba y la duquesa repartió la jugosa herencia entre sus seis hijos para poder casarse.

“Un corazón enamorado late igual a los 14 que a los 80 años”, declaró la duquesa entonces. “Alfonso solo me quería a mí y, sin embargo, hasta que no firmó la renuncia a la herencia y no repartí el legado de los Alba entre ellos [mis hijos], las aguas no volvieron a su cauce”.

Díez y la duquesa dedicaron la mayor parte del tiempo a viajar.

LÍDER

Cayetana tomó las riendas de la Casa de Alba a la muerte de su padre Jacobo Fitz-James Stuart en 1953. Ella sola aglutinó entonces una impresionante herencia, que actualmente incluye 14 títulos de Grande España, cinco ducados, palacios, tierras y fincas por todo el territorio español, además de una envidiable colección de arte con obras de Francisco de Goya, El Greco, Tiziano, Fra Angelico y Francisco de Zurbarán, entre otros.

La revista Forbes valora la fortuna de los Alba en 3 mil 500 millones de dólares.

ANÉCDOTAS

En 2011, cuando publicó su libro de memorias Yo, Cayetana, rememoraba cuáles habían sido los momentos más dolorosos y los más felices de su existencia.

“El más desgraciado, cuando murieron mi madre, más tarde mi padre y luego Jesús (Aguirre, su segundo marido). Y el mejor cuando me he casado (realizó estas declaraciones poco después de su tercer matrimonio con Alfonso Díez) y cuando tuve una hija, después de cinco niños”.

Amante ante todo de la familia, quería a sus seis hijos, fruto de su primer matrimonio con Martínez de Irujo, “por encima de todo, como cualquier madre”, aunque nunca ocultó la tristeza que le habían producido los divorcios de sus hijos.

Entre las reacciones inmediatas por su muerte, destaca la del presidente español: “Mi pésame por el fallecimiento de la duquesa de Alba”, escribió el presidente Mariano Rajoy en Twitter. “Le debemos el cuidado de un patrimonio artístico esencial para comprender la historia”.

“Ha fallecido una mujer que ha marcado una etapa muy importante en la historia de España, pero sobre todo en la de Sevilla”, agregó el alcalde sevillano Juan Ignacio Zoido en declaraciones a periodistas.

>>> La duquesa y su toque en el vestir

Fiel a vestidos de cintura marcada, medias de rejilla, mantillas, colores luminosos, adornos en el cabello y pulsera en los tobillos, la duquesa de Alba rompió moldes con un particular estilo que, en ocasiones, recordaba a su antecesora pintada por Goya. Si el deseo de Cayetana de Alba era perpetuar el estilo que marcó María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, lo consiguió gracias a su naturalidad, su osadía y su alma juvenil e inconformista.

En sus últimos años, apostó con elegancia por prendas sencillas, algunas de mercadillo de aire hippy y otras más exclusivas de los sevillanos Victorio&Lucchino, pero hubo un tiempo en el que Cayetana de Alba fue una habitual de la lista de las mejor vestidas de España, embajadora de la costura de Pedro Rodríguez, Balenciaga, Pertegaz, Elio Berhanyer y Dior. Pero con el tiempo, su gusto fue variando. Se enamoró de los volantes, los encajes, los colores vivos, las mantillas y las medias de rejilla.

EFE. Madrid, ESPAÑA

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