Una manufactura personalizada

El sistema de impresión fue desarrollado en 1983 por el científico Charles Hull, quien hoy es el vicepresidente ejecutivo y director de la compañía 3DSystems.
Ángel Alvarado, propietario de DominoBox, muestra que una figura de dimensiones pequeñas puede tardar cerca de 20 minutos en su ‘impresión’. LA PRENSA/Ana Rentería. Ángel Alvarado, propietario de DominoBox, muestra que una figura de dimensiones pequeñas puede tardar cerca de 20 minutos en su ‘impresión’. LA PRENSA/Ana Rentería.
Ángel Alvarado, propietario de DominoBox, muestra que una figura de dimensiones pequeñas puede tardar cerca de 20 minutos en su ‘impresión’. LA PRENSA/Ana Rentería.

Los sábados 3 y 10 de mayo tuvieron una rutina diferente en el Casco Station de San Felipe. De la mano de Ángel Alvarado, de la agencia DominoBox, se realizó un primer taller de impresión 3D.

Coworkers profesionales de distintas ramas se dieron cita al evento, atraídos quizás por la novedad del sistema y sus provechos en el campo profesional.

“Fue una tremenda experiencia”, asegura en su blog Harold Maduro, propietario del Casco Station, quien también participó en la sesión.

Es que esta metodología se ha convertido en la última frontera tecnológica y estrella invitada en series de televisión como Grey´s Anatomy .

Tras la reelección presidencial, el discurso que diera el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en donde afirmó que estas impresoras “tienen el potencial de revolucionar la forma en que hacemos casi todo”, disparó el interés de industrias y empresas domésticas, curiosas por sacarle utilidad a la máquina.

Del pasado al futuro

La impresión tridimensional no es nueva. Es el producto de estudios anteriores, atribuidos principalmente al estadounidense Charles Hull, quien en 1983 desarrolló la estereolitografía o la impresión de objetos por capas.

El sistema de Hull, quien actualmente es el vicepresidente ejecutivo y director de la compañía fabricante de impresoras 3DSystems, facilitó en aquel entonces la manufactura en las empresas, permitiéndoles ganar tiempo y dinero al poder crear sus propios modelos en lugar de importarlos de otras latitudes.

Esta premisa hoy se mantiene como uno de los provechos más notables de la maquinaria. Así, en los alrededores de 2012, comenzaron a comercializarse varios modelos de impresión con características domésticas para las pequeñas empresas y entusiastas del movimiento “Do It Yourself” (hágalo usted mismo).

“Es una tremenda herramienta”, comenta Alvarado, quien explica que en la actualidad hay modelos que imprimen materiales diversos, como cerámica, azúcar, nailon, yeso y termoplásticos, por ejemplo, que permiten “crear opciones interesantes”, agrega.

Opina el experto que en el istmo apenas se comienza a considerar la técnica en el ámbito comercial.

Entre algunos ejemplos de impresión, realizados por DominoBox, sobresale el jarrón de galletas “Kummi”, creado por la diseñadora gráfica e ilustradora Ana Pereda, además de maquetas para arquitectos.

Impresión

“Conocí esta tecnología a través de un caso de estudio que nos presentaron cuando estaba en la universidad”, cuenta Alvarado, quien lleva un año trabajando en este campo. “Con la agencia buscamos crear un universo de ideas”, dice.

“Con este tipo de impresión se puede reducir el trabajo de un mes en unas cuantas semanas”, señala Alvarado, quien asegura que con la técnica se pueden disminuir algunos gastos de manufactura como subcontrataciones, materia prima y posproducción.

Para crear un objeto, primero es necesario pasar esa imagen a un modelo tridimensional. Alvarado explica que, en la actualidad, es posible encontrar un sinfín de programas que ayuden a crear este formato.

Esta escala tridimensional se exporta posteriormente a la impresora bajo una extensión, usualmente .X3G, que hará posible la lectura del diseño.

Finalmente, la impresión se realiza por capas o cortes que le darán la forma final al producto.

Una figura de dimensiones pequeñas puede tardar cerca de 20 minutos en “imprimir”. El resto de los productos varía de acuerdo con las dimensiones y trabajos deseados, señala quien advierte que no todas las impresiones son perfectas y que requieren de un trabajo de posproducción para afinar sus acabados.

Los costos de impresión varían según el diseño y especificaciones de cada cliente. De acuerdo con Alvarado, el precio base para el diseño tridimensional de un modelo pequeño podría partir de los 50 dólares. La creación, por su parte, se calcula por hora de impresión.

Una máquina de esta índole puede adquirirse en el istmo a un costo de mil 500 a 4 mil dólares. Otros modelos más complejos oscilan en el mercado a un costo superior a los 150 mil dólares.

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