Cinco mitos sobre las parejas (II parte)

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Una persona reprime su rabia cuando siente que esta emoción puede lastimar al otro, pone sus intereses de último. Pero esta rabia no desaparece, sino que se acumula. Fotolia Una persona reprime su rabia cuando siente que esta emoción puede lastimar al otro, pone sus intereses de último. Pero esta rabia no desaparece, sino que se acumula. Fotolia
Una persona reprime su rabia cuando siente que esta emoción puede lastimar al otro, pone sus intereses de último. Pero esta rabia no desaparece, sino que se acumula. Fotolia

1

Las parejas felices no pelean.

Falso. Dos personas que son diferentes en personalidad, que tienen deseos e intereses distintos y que vienen de diferentes familias, seguramente se encontrarán con uno o muchos desacuerdos a lo largo de su relación, lo cual los puede llevar a discutir. Las discusiones o peleas en las parejas no tienen nada de malo, pero sí lo que se llega a hacer o decir durante alguna (insultarse, agredirse físicamente, ofenderse, etc.). Si una pareja no discute en ningún momento, lo más probable es que alguno de los dos o ambos estén reprimiendo sentimientos, los cuales pueden salir más adelante, sin previo aviso, de una manera muy agresiva.

2

Para que una situación mejore, el otro debe cambiar.

Falso y cierto a la vez. Usualmente cuando hay un conflicto, nuestros pensamientos se enfocan en lo que el otro hace mal y cómo esto nos afecta. Pero en realidad “it takes two to tango” (se necesitan dos para bailar un tango). Tal vez es cierto que la pareja puede hacer algunos cambios en su comportamiento, pero para que este no se vuelva defensivo, es mejor pensar en las formas en que uno mismo contribuye al conflicto. Por ejemplo, si una mujer se molesta porque su marido/novio no la lleva a cenar tanto como antes, es evidente que el hombre no está haciendo su parte, pero podríamos preguntarle a la mujer si ella le ha hecho invitaciones a su pareja o si al menos le ha dicho que extraña salir con él. Muchas veces los conflictos se resuelven con unas simples palabras, a menos que uno espere que el otro adivine lo que queremos, lo cual nos lleva al siguiente mito.

3

No tengo que decirle a mi pareja lo que siento y quiero. Si él/ella me ama de verdad, debería saberlo.

Falso. Los niños chiquitos tienen la necesidad de que sus padres entiendan lo que ellos necesitan porque muchas veces no conocen las palabras para pedirlo o expresarlo. Pero como adultos, tenemos la responsabilidad de comunicar lo que nos pasa y lo que deseamos. Tal vez este mito provenga de la necesidad de medir cuán conectado está el otro con uno, pero la realidad es que nadie puede leer la mente de los demás. Una mejor manera de ver la calidad de la conexión es observar la respuesta del otro cuando le expresas tus emociones y tus deseos: ¿Te escucha? ¿Te trata de entender?

4

Es mejor no decirle a tu pareja cuando estás molesto.

Falso. Una persona reprime su rabia cuando siente que esta emoción puede lastimar al otro, así que pone sus intereses de último. Pero esta rabia no desaparece, sino que se va acumulando. Con el tiempo, esta acumulación puede traer síntomas fisiológicos (dolor de cabeza, etc.), o bien, puede encontrar pequeñas salidas de escape para expresarse de manera indirecta. Por ejemplo, a través del sarcasmo, las bromas pesadas, o haciendo, sin darte cuenta, cosas que sabes que a tu pareja le molestan mucho. Lo ideal es que ambos puedan expresar su rabia de una manera asertiva: Ni muy agresivo (¡Te he dicho mil veces que no dejes la toalla tirada en el baño!), ni muy pasivo (¿Sabes que el esposo de fulanita siempre guinda la toalla después de bañarse?). Ambos deben poder confiar en que el otro validará sus emociones aunque no esté de acuerdo y que juntos podrán buscar opciones donde ambos se sientan satisfechos.

5

La terapia de parejas es solo para los divorcios o relaciones que están dañadas.

Falso. La terapia de parejas también puede ayudar a prevenir que una relación se deteriore, donde se pueden aprender habilidades o herramientas para mantener una buena relación o mejorarla. Otras razones comunes para beneficiarse de la terapia de parejas son las siguientes: cuando sientes que lo que has intentado para resolver un conflicto no funciona; cuando alguno se siente desconectado emocional, física o sexualmente de su pareja; cuando alguno prefiere no hablar ni resolver los conflictos y estos se hacen más grandes; cuando uno piensa que el otro tiene la culpa de los problemas; o cuando alguno comienza a pensar en separarse. Buscar ayuda es siempre mejor que quedarse estancado en lo mismo.

(La autora es psicóloga y miembro de la Fundación Relaciones Sanas y del Instituto Internacional de Psicoterapia. En Twitter: @fundrelsa / en Facebook: Fundación Relaciones Sanas)

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