El mosquito ‘amigable’ de Oxitec ha sido efectivo

Los resultados del estudio sobre el uso de mosquitos transgénicos en Panamá son positivos. En conjunto con el Minsa se decidirá el siguiente paso.

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Un mosquito ‘Aedes aegypti’ hembra alimentándose. NYT Images Un mosquito ‘Aedes aegypti’ hembra alimentándose. NYT Images

Un mosquito ‘Aedes aegypti’ hembra alimentándose. NYT Images

Huevos del mosquito diseñados para heredar un letal a los descendientes. Huevos del mosquito diseñados para heredar un letal a los descendientes.

Huevos del mosquito diseñados para heredar un letal a los descendientes.

Dr. Lorenzo Cáceres, entomólogo del ICGES. Dr. Lorenzo Cáceres, entomólogo del ICGES.

Dr. Lorenzo Cáceres, entomólogo del ICGES.

Dr. Néstor Sosa, director del ICGES. Dr. Néstor Sosa, director del ICGES.

Dr. Néstor Sosa, director del ICGES.

En 2011 comenzó en Panamá un proyecto para evaluar la efectividad del uso de mosquitos transgénicos Aedes aegypti RIDL, creados por la compañía británica Oxitec, para reducir las poblaciones de Aedes aegypti, principal vector de dengue y el virus de chikungunya en las Américas.

Los mosquitos modificados genéticamente se desarrollaron en 2002 y ya han sido probados con éxito en las islas Cayman, Malasia y Brasil. En Panamá, fueron liberados en Nuevo Chorrillo, Arraiján. Las comunidades de Lluvia de Oro y Princesa Mía, también en Arraiján, sirvieron de control. Los tres lugares consistían en barriadas de unas 200 casas y en Nuevo Chorrillo vivían alrededor de mil personas.

El proyecto tuvo un costo aproximado de 600 mil dólares, según explicó el doctor Néstor Sosa, director del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (ICGES), institución que lideró la investigación.

El trabajo incluyó la construcción de un insectario con las medidas de bioseguridad pertinentes para la producción masiva de mosquitos machos RIDL, además de la compra de equipos, el entrenamiento de personal técnico, el monitoreo en las zonas elegidas, actividades de divulgación y la obtención del permiso de importación y de liberación otorgados por la Comisión Nacional de Bioseguridad, que se consiguió en enero de 2014.

Entre el 25 de abril y el 31 de octubre del año pasado se liberaron los mosquitos transgénicos en los sitios escogidos tres veces por semana, y se siguió la vigilancia entomológica hasta enero de 2015.

Los resultados, presentados en conferencia de prensa el jueves pasado, han sido positivos. Se logró una reducción promedio de 93% de la población nativa de Aedes aegypti en el sitio donde se liberaron, en comparación a los dos de control, aún durante la estación lluviosa.

Los niveles de infestación eran muy por debajo de lo que se considera necesario para transmitir el dengue.

Y no se observó que la especie Aedes albopictus hubiera aumentado en número en el área intervenida con respecto a las de control.

Los resultados fueron presentados a las autoridades del Ministerio de Salud, y aún se espera que haya reuniones para evaluar esta herramienta de control para los mosquitos y definir los próximos pasos. “Me gustaría que ya interviniera el Ministerio de Salud, porque ahora estamos hablando de un lugar con 200 casas, pero la idea sería hacerlo donde haya una población mayor de 50 mil o 100 mil personas”, expresó el Dr. Sosa.

Pero cuando se trata de organismos modificados genéticamente, siempre hay adversarios que cuestionan su seguridad y los potenciales efectos en el ambiente. Y el mosquito transgénico no es la excepción.

El Dr. Kevin Gorman, director senior de operaciones en campo de Oxitec, señala que es comprensible que la gente tenga preocupaciones, porque es una tecnología nueva, que esta, al ser selectiva, permite extraer solamente la especie objetivo, y que los insectos genéticamente modificados no persisten en el ambiente.

En Panamá, los resultados han sido buenos y podría funcionar a mayor escala, indica Gorman. Se podría intervenir en hotspots o áreas rurales donde hay infestaciones.

Al respecto, Sosa añade que no hay evidencia científica que muestre que estos mosquitos persisten en el ambiente. Además, no afectan a otras especies (mariposas, chinches, etc.), como sí lo haría un insecticida. “Una vez que paramos la intervención, la población de mosquitos transgénicos desapareció porque tienen un gen letal. Son inferiores, no vuelan tanto y viven menos días (unos cuatro días). Su descendencia llega a una fase de pupa y no progresa”.

Por otro lado, el Aedes aegypti no es autóctono, sino importado de África. Ya se ha hecho antes este experimento y no ha pasado nada al eliminar el mosquito. Incluso, en pruebas de laboratorio no se ha visto ningún efecto adverso en especies que se alimentan de Aedes aegypti y le dan este mosquito, explica Sosa, y añade que los residentes de Nuevo Chorrillo le llamaban “el mosquito amigable”, porque sabían que disminuía la población de mosquitos que picaban.

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