Las obras vencedoras

Los escritores nacionales Ernesto Endara, Roberto Quintero y Javier Medina explican el proceso de cómo escribieron sus historias premiadas.

Desde que se jubiló, el escritor Ernesto Endara no planifica su tiempo. Solo se deja llevar por las ganas, ya sea de narrar, leer o descansar en su hamaca.

¿Cómo hizo para tener preparados tres libros de géneros literarios diferentes para el Ricardo Miró?

A diferencia de los cuentos Un final feliz y otros finales, la novela Viviendo de mis mentiras y el ensayo Una mente vagabunda, “estaban muy adelantados, incluso la novela había tenido ya una terminación y había concursado sin éxito. La reescribí, poco a poco hasta darle otra vida. Los ensayos también estaban escritos a través de varios años y, un buen día, escuché sus reclamos para una revisión”.

Acerca del punto de partida de las tres, “aunque suene a perogrullada, toda obra comienza con un pensamiento. Es un big bang interior, depende de uno, en este juego a Dios, que hacer con ese polvo de estrella que se quiere diluir en el infinito”.

¿Su meta? “Con los cuentos, que se divierta; con los ensayos, que piense; con la novela, que me acompañe”.

UNA VISIÓN

Hace unos años, a Roberto Quintero le llegó una imagen a la cabeza. Se veía a sí mismo junto a Ariel Gigena, un actor argentino, interpretando a unas monjas sentadas en una banca y cada una tenía una escopeta.

¿Por qué estaban armadas? Iban a robar un banco. Así comenzó lo que ahora es la comedia ¡A por ellos!

“Sor Catalina y Sor Margarita son dos monjas españolas que llevan años fraguando una revolución. Sueñan con un cambio, pero no saben cómo llevarlo a cabo. Un buen día, una revelación divina les anuncia su misión: descabezar a la Iglesia católica y fundar una nueva iglesia”, adelanta Quintero.

Llevará su pieza a las tablas en agosto de 2012. “Si bien la escribí para el Miró, ganase o perdiese la iba a montar. Mi cancha es el escenario, allí aprendí lo que sé de teatro”.

Quintero, que siempre se negó a publicar sus obras sin saber muy bien por qué, pasará ahora ¡A por ellos! por la imprenta. “Voy a descubrir pronto qué es lo que pasa cuando tienes un libro en la calle; si es que los del Inac no la leen antes y dicen ´¿cómo vamos a publicar este sacrilegio?´. Sospecho que solo leen teatro los que hacen teatro, un lector con necesidades muy específicas”.

Anuncia que su obra es “vergonzosamente personal. Espero que el lector la disfrute mucho y ojalá la quieran montar. Y en el mejor de los casos, ojalá y luego de leerla la gente solo quiera sentarse a escribir su propia visión del mundo”.

Para Quintero, el encanto de tener un Miró lo lleva a dos reflexiones. Una, que tiene un premio en común con su héroe literario: el escritor y periodista Guillermo Sánchez Borbón. “Para mí, él es Dios, un tipo al que tengo que rendirle tributo, porque sin él no hubiese existido, yo hoy no me estaría ganando este premio”.

Lo otro es que Quintero ha quedado emocionado, ya que la comunidad teatral le ha demostrado su alegría por lo conseguido. “Han sentido el logro como propio, que el premio se quedó en casa. Eso me parece hermoso y significativo. Tú sabes que la sección de teatro, si no se declara desierta se la gana alguien que no hace teatro”.

VERSOS

El punto de partida de Hemos caminado siglos esta madrugada guarda relación con su propio título.

“La ruptura o más bien el rechazo a la estructura del tiempo y el espacio. Es una especie de reclamo a esos dos órdenes de la psiquis. Está lo de la escritura como medio de escape, como alternativa para vivir otras vidas y meterse en otros universos”, explica su autor Javier Medina.

En medio de esa disolución aparece la lluvia como “metáfora del paso de los años, de aquello que está por encima de todo. La lluvia es nostalgia, es testigo de las vidas y las muertes”.

Hay partes del poemario que evocan la niñez, “ese período en donde se anidan tantos miedos, hay también recuerdos borrosos de mis padres, algunos personajes basados en personas que conozco que con el paso del tiempo han envejecido y otros muerto”.

Su poemario vino al mundo como una narración. “Siempre huyo de la rima. Sin embargo, en mis canciones siempre la busco. Un poco basado en aquello de la voz interior o flujo de la conciencia, a lo James Joyce o Proust”, explica este miembro del movimiento musical Tocando Madera, la gira.

Pocas veces sabe Medina cuándo un texto va rumbo a ser poesía y no una canción. “Ellas deciden. Me gusta pensar que las canciones y los poemas, los libros, dibujos o cualquier objeto de arte existen ya de antemano. Solo están a la espera de que uno tenga el valor suficiente para merecerlos”.

“Quizás entre el ejercicio físico, intelectual y psicológico de escribir un poema y el de escribir una canción haya marcadas diferencias. No lo tengo muy claro. Lo cierto es que varios de mis poemas sueltos y perdidos se han convertido en letras para alguna melodía que se me ha ocurrido, y algunas canciones han dado origen a poemas o, incluso, cuentos, capítulos de novelas o diálogos entre personajes”, dice.

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