Una obsesión con causa

Para Joel Novoa, ´la idea de ´Esclavo de Dios´ es crear una polémica sana´ y se retome el tema de lo acontecido en la AMIA.
Entre los trabajos de Novoa se encuentran los cortos ‘Cadena reversible’, ‘Zona Cero’, ‘Machsom’. ‘Esclavo de Dios’ es su primer largometraje. CORTESÍA/IFF. Entre los trabajos de Novoa se encuentran los cortos ‘Cadena reversible’, ‘Zona Cero’, ‘Machsom’. ‘Esclavo de Dios’ es su primer largometraje. CORTESÍA/IFF.
Entre los trabajos de Novoa se encuentran los cortos ‘Cadena reversible’, ‘Zona Cero’, ‘Machsom’. ‘Esclavo de Dios’ es su primer largometraje. CORTESÍA/IFF.

Cuando inició el rodaje de Esclavo de Dios, Joel Novoa tenía mucha gente en contra del nombre, “porque pensaban que era una película evangélica”.

Antes de filmar, Novoa se preparó aprendiéndose el Corán y descubrió que los sinónimos del ser humano en este libro sagrado son sinónimos de la frase “esclavos de Dios”.

Hace poco se enteró de que su obsesión por descifrar el porqué del acontecimiento del 18 de julio de 1994 en la AMIA de Buenos Aires será continuada por otros cineastas.

“Leí que harán una película sobre el seguimiento del caso por uno de los fiscales”, se regocijó. “Lo que me interesa más es que se siga hablando de esto; que se dé un seguimiento; que los periódicos digan que se hará una película sobre la AMIA después de Esclavo de Dios da a entender que se logró el propósito”.

¿Cómo inició todo?

-Este es un tema que viene conmigo desde muy pequeño. Vengo de una familia mitad judía, y de un colegio judío, pero fui criado con una mente occidentalizada y muy progresista. Sin embargo, empecé a ver en la gente que estudiaba conmigo lo opuesto. En la parte árabe-judía siempre había un extremismo, donde la religión, en lugar de ser utilizada como algo positivo, era algo discriminativo. Toda mi infancia viví eso y al crecer me empecé a obsesionar con el tema del fundamentalismo.

¿Cuándo suceden estos acontecimiento? ¿Cómo te afectan para el momento de crear?

-Soy defensor de cualquier situación injusta o atentado en materia política que ocurre contra determinado grupo. Esta película habla sobre eso.

¿Cómo trataste el tema de la impunidad o el vacío en el tratamiento por parte de la justicia?

-La película se hizo para eso, para que cree una polémica saludable en torno a eso. Se le dio un respeto a las víctimas. Por eso, cuando se vea la película, se hace un memorial de lo que ocurre. Sin embargo, lo que pasa con todo esto es que, como hay tantas versiones, la película no es directamente sobre el atentado, sino del tercero que nunca ocurrió. El primer intento fue en 1992, el segundo fue en 1994 y este tercero. La idea siempre fue que la AMIA fuera una parte secundaria. La película ocurre en este entorno, pero se trata de dos historias ficticias dentro de este ambiente.

¿La presentaste en la Argentina?

-Sí, así como en Uruguay y Venezuela.

¿Pudiste percibir sus reacciones?

-Fue muy buena a nivel de crítica. Hubo una notoriedad, aunque se estrenó limitadamente en ocho salas de cine, por ser una historia dirigida, no comercial, pero cumplió su misión.

¿Y de la comunidad judía?

-Es lo más interesante de todo. Tuve una presentación en Inglaterra donde una mitad era pro palestina y la otra pro judía. Cada uno de los pro judíos estuvo en contra de la película porque decía que favorecía a los palestinos, y viceversa. Eso me llenó de orgullo, porque hace que uno se confronte con sus propias creencias. La comunidad judía en Uruguay apoyó mucho la película, fue uno de los lugares a nivel cultural más rico, a diferencia de Venezuela.

Una lucha de ideas

Esclavo de Dios se hizo con el apoyo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela (CNAC) y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina.

Tres días antes del estreno del largometraje, en junio de 2013, Novoa fue notificado que se presentaría un corto-documental previo a su película, según Novoa, “de una tendencia marcada”.

“Durante su primer fin de semana me doy cuenta del documental, por su identificación previa con un título en árabe, traducido al español, pero sin autoría”, dijo.

“La gente pensaba que esa era mi película y según el juicio del público, era muy aburrida. La gente se empezó a salir de las salas”, cuenta el director, quien, presente en el estreno, tuvo que retener a los asistentes, advirtiéndoles que ese no era su trabajo.

“El CNAC decidió poner el corto sin mi autorización. Mandé una carta pidiendo retirar Esclavo de Dios, y si no lo hacían, que por lo menos identificaran que no era mi trabajo”, relata.

La respuesta del instituto fue negativa.

“Respondieron que retirarla era ilegal; que la ley no prevía eso, por lo que tuve que defenderme con otras armas: con los medios y el público”, señala.

Sin embargo, las entidades no advirtieron que aquello ayudaría a la película a concretar su éxito en casa.

“Era una censura indirecta, porque obligaba a la gente ver ´un especie de equilibrio´, pero les salió mal la jugada, ya que el gobierno no quería que esta cinta se mostrara”, concluye Novoa, quien obtuvo el premio de Mejor película latinoamericana en el Festival de Santa Bárbara, Estados Unidos, justamente con este filme.

Alicia Mon Chambers

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