Reducir desechos

El oficio de reciclar jabones de hotel

En enero de 2016 crean la sociedad anónima Anacaona, primera y única empresa de reciclaje de jabones en Haití.

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Los jabones se recogen en los hoteles, se desinfectan, se rallan y se funden para reacondicionarse, tareas que los empleados efectúan de acuerdo con sus contratos de trabajo. Los jabones se recogen en los hoteles, se desinfectan, se rallan y se funden para reacondicionarse, tareas que los empleados efectúan de acuerdo con sus contratos de trabajo.

Los jabones se recogen en los hoteles, se desinfectan, se rallan y se funden para reacondicionarse, tareas que los empleados efectúan de acuerdo con sus contratos de trabajo.

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El oficio de reciclar jabones de hotel

Reducir el volumen de los desechos, permitir a las mujeres vulnerables que encuentren un trabajo decente y disminuir el riesgo de enfermedades: el reciclaje de los jabones sin terminar que dejan los clientes de los hoteles de lujo en Haití tiene un impacto socioeconómico inestimable en el país.

Tras cuatro meses en el sureste asiático, donde descubrió esta actividad, Laure Bottinelli, de 28 años, y sus dos socios fundaron en enero de 2016 la sociedad anónima Anacaona, primera y única empresa de reciclaje de jabones en Haití.

El concepto ha seducido ya a 25 estructuras hoteleras de Puerto Príncipe y de Jacmel, un destino de fin de semana habitual entre los extranjeros que viven en la capital.

“Estamos entusiasmados por participar en todo lo que es ‘producción nacional’ y también por el aspecto educativo de la higiene, sobre todo con la crisis de cólera que hay aquí”, dice Mai Cardozo Stefanson, del equipo de dirección de Montana, un famoso hotel de la capital.

“En Haití nunca se desperdicia nada: la pobreza es tal que todo se recupera y se reutiliza de una forma u otra. Habitualmente el personal recuperaba los jabones para su uso personal”, confiesa Stefanson.

“Hoy recogen los trozos usados, se los dan a Laure y a cambio reciben jabones nuevos porque han sido reacondicionados”, explica Mai, contenta por sus empleados.

Recogidos en las habitaciones de los hoteles, los jabones se desinfectan totalmente, se rallan y se funden para reacondicionarse, tareas que los tres empleados se reparten y que efectúan de acuerdo a sus contratos de trabajo.

“No regresé a Haití para hacer una oenegé más”, señala Laure Bottinelli, jefa de la empresa.

“Ser una sociedad anónima legal significa tener a mujeres contratadas. Algunas no saben leer o escribir pero les hemos explicado bien lo que quiere decir tener un contrato de trabajo y que hay reglas que tienen que respetar, pero que también tienen derechos que les protegen”.

En un país en que lo informal es la norma, Laure recalca que su empresa está registrada legalmente ante las autoridades comerciales y fiscales.

Los nuevos jabones solo se perfuman con productos orgánicos y sus envoltorios son biodegradables: la pequeña empresa es responsable y social y prioriza el empleo de las madres solteras.

“No voy a ocultarlo, este trabajo nos lo ha dado Dios: mi pequeño comercio no era suficiente para pagar la escuela de mis hijos, la comida, el alquiler”, cuenta Magoiana Frémond mientras envuelve minuciosamente un jabón de café.

“Anacaona ayuda al país y me ayuda mucho a mí: mis hijos van a la escuela y comen todos los días. Antes alquilaba un lugar y ahora he comenzado a construirme una casa” se alegra la empleada, madre de cinco hijos.

Mientras los primeros pedidos de jabones haitianos se envían a la cadena francesa Yves Rocher, parte de la producción se distribuye en las escuelas asociadas de Jacmel.

Todavía en fase de desarrollo comercial, la pequeña empresa ejerce además su acción social para contribuir a la erradicación de las enfermedades en Haití, donde el 72% de los habitantes no tiene baño en sus casas y la epidemia de cólera que afecta al país desde 2010 ha causado la muerte de más de 10 mil personas.

A falta de un acceso seguro al agua potable, las enfermedades diarreicas son una de las principales causas de mortalidad infantil, según la Organización Mundial de la Salud.

Anacaona trabaja con los profesores de escuelas asociadas para que puedan enseñar las normas sanitarias a sus alumnos y en Cité Soleil, la comuna más poblada del país y el mayor barrio de chabolas del Caribe, la empresa contrata a agentes comunitarios.

Con los cuestionarios en mano, estos “embajadores de la higiene” cruzan el barrio en el que ellos mismos viven y golpean las planchas oxidadas que cumplen la función de puertas para informarse sobre los conocimientos sanitarios de los habitantes y recordar algunas normas primordiales.

“Ahora, cada vez que las personas me ven en el vecindario, piensan en los consejos que les hemos dado”, dice Judeline Joseph, de 25 años.

“A veces no tienen los medios para comprar productos para tratar el agua, pero también algunos olvidan simplemente tomar precauciones cuando es verdaderamente útil”, señala la joven.

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