PAULO COELHO

Las palabras y el ser humano

COMPARTIR. “En el principio, existía la Palabra”: todos conocemos esta frase de la Biblia. Lo más interesante es que no se compara a Dios con una figura, con un efecto de la naturaleza, sino con una expresión gramatical. En mi oficio de escritor estoy obligado a concentrarme en la importancia de las palabras, pero todos debemos siempre prestar atención a lo que dice y a lo que oye.

Tenemos que compartir. Aunque sean informaciones que todos sabemos ya, es importante no dejarse llevar por el pensamiento egoísta de llegar solo al fin de la jornada. Quien hace esto descubre un paraíso vacío, sin ningún interés especial, y se morirá de aburrimiento.

No podemos coger las luces que iluminan el camino y cargar con ellas a cuestas. Si actuamos así llenaremos nuestras mochilas con linternas y tendremos que deshacernos del alimento que nos da fuerza para seguir adelante: el amor.

Tenemos que recibir: estímulo, consejos, información. A veces, por inseguridad, interrumpimos una conversación por miedo de mostrar a nuestro interlocutor que desconocemos aquel asunto. ¿Cuál es el problema de aprender? ¿Por qué nos sentimos humillados cuando alguien toca un tema que desconocemos? Nadie tiene la obligación de saberlo todo.

Dijo Albert Einstein: “cien veces al día me acuerdo de que mi vida interior y la exterior dependen del trabajo que otros hombres están haciendo ahora. Por eso, tengo que esforzarme para devolver por lo menos una parte de esta generosidad, y no puedo dejar ni un momento vacío”.

Mientras no se invente un nuevo proceso de comunicación más directo que la palabra, tendremos que contentarnos con ella, aunque a veces sea demasiado pobre para describir lo que sentimos. Dice el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade en una carta a su nieto: “Admito que amo de las plantas la carga de silencio, Luis Maurício, / Pero hay que intentar el diálogo, cuando la soledad es un vicio”.

Conozco personas que no dan importancia a las palabras. Pero conozco también personas que temen a las palabras. Sí, es verdad que a veces decimos: “¡anda!, hace tiempo que no discuto con fulanito”, o “nunca he tenido una gripe”.

De repente, al día siguiente, cogemos una gripe o discutimos con fulanito. Entonces concluimos: trae mala suerte comentar las cosas buenas que nos suceden.

Nada de eso. En verdad, antes de cualquier problema, el Alma del Mundo nos muestra cuánto tiempo estuvimos sin enojarnos con determinada cosa. Nos quiere decir lo generosa que ha sido la vida hasta ese momento, y lo seguirá siendo, si superamos con coraje el obstáculo.

Habla. Dialoga. Participa. Nada hay más despreciable que el “observador” acomodado y cobarde. Tu valor al expresar opiniones te ayudará a crecer en cualquier dificultad.

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