La paz debe ser siempre una meta

Más de un personaje en ´Dispara, yo ya estoy muerto´ aboga por una sociedad mundial en la que todos seamos iguales.
En el caso de Julia Navarro, nunca se sienta a escribir sin tener claro cómo comienza y cómo termina una novela. EFE. En el caso de Julia Navarro, nunca se sienta a escribir sin tener claro cómo comienza y cómo termina una novela. EFE.
En el caso de Julia Navarro, nunca se sienta a escribir sin tener claro cómo comienza y cómo termina una novela. EFE.

Los vaivenes del pueblo judío y su relación con la comunidad árabe en oriente medio es uno de los ejes claves de la novela Dispara, yo ya estoy muerto (Penguin Random House).

Este tema, abarcador y de tantos frentes y capas, lo ha enfrentado la escritora Julia Navarro (Madrid, 1953) desde la objetividad.

Para alcanzar esta meta le ayudó su formación primera de periodista, pues su deseo siempre ha sido ser parcial con todas las partes de un conflicto que ha traído tantas muertes y destrucción en ambos sectores.

“Lo mío ha sido seguir a dos comunidades a través de mis protagonistas y que esos personajes compartan sus porqué”, indica quien adora libros como Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y Bomarzo, de Manuel Múgica Lainez.

RETOS

Si bien se cuenta la historia en mayúscula en Dispara, yo ya estoy muerto, sus personajes no son los que tienen las riendas, sino que son gente común y corriente que paga las consecuencias de los poderosos.

No ha querido hacer una novela histórica al uso. Su objetivo fue redactar un libro sustentado en los pequeños grandes retos cotidianos de sus personajes “por encima de un escenario político que ninguno ha elegido y que sus vidas están conducidas por las decisiones que toman sus respectivos líderes y los acontecimientos internacionales, que son los elementos que mueven el tablero de la política mundial”.

“La de los judíos es una historia de persecución, realmente trágica. Fueron víctimas de una de las páginas más tristes de la historia de la humanidad: el holocausto”. Es increíble que en el siglo XX, “que es como si hubiera ocurrido ayer, los nazis fueran capaces de organizar una matanza masiva de judíos durante la Segunda Guerra Mundial”.

Recuerda que los conflictos bélicos coartan la niñez y la juventud de las víctimas, y les elimina la oportunidad de amar y ser feliz. “A los judíos les pasó todo eso desde hace muchos siglos y desgraciadamente ahora un sector de ellos les hace algo parecido a los palestinos”, opina.

Se trata de crecer y avanzar dentro “de una situación de guerra permanente, de conflictos y violencia”.

Ese peligro de violencia es tan dramático y parece no detenerse, resalta. “La situación en oriente medio es un permanente polvorín. Cualquier cosa puede encender una nueva confrontación. Algún día tendrán que lograr un acuerdo, porque están allí, deben aprender a vivir juntos. Es irreversible el Estado de Israel y es irreversible el Estado palestino”.

“Israel necesita que le garanticen su seguridad, y los palestinos necesitan un Estado propio. En la medida que haya dos Estados, los problemas estarán realmente en vías de solución. Cuanto antes se avance hacia esa dirección, estaremos más cerca de la paz”, indica Navarro, quien hoy lunes, a las 4:00 p.m., firmará sus obras en la librería El Hombre de la Mancha de Multiplaza.

FE Y PERDÓN

Los hombres y mujeres que habitan en su novela se sienten orgullosos de ser judíos, musulmanes y cristianos, pero el mensaje es que ninguna fe debe ser vista como mejor que otra.

“La religión es una circunstancia cultural determinada por el lugar donde has nacido. Las religiones son asuntos fundamentalmente individuales que no deberían trascender el espectro nacional y no deberían de marcar la vida política de un país como ha sido durante siglos, y eso ocurre en nuestro mundo, en particular en oriente medio”.

Otra temática que desarrolla en Dispara, yo ya estoy muerto, es la importancia del perdón, la amistad y el amor. “Si en la vida andamos con disgustos, no podremos avanzar. No hay que olvidar, pero sí hay que ser capaz de mirar hacia adelante. El perdón es complicado, pero la apuesta es que ambas partes aprendan a mirar al futuro juntos”.

Muchos personajes de su nueva novela, a su estilo, abogan y toman partido para querer cambiar el destino de sus lugares de origen y de residencia. No se quedan quietos ni indiferentes, sino que buscan la manera de encontrar una solución.

Plantea que todos debemos “de luchar contra las circunstancias que no nos gustan. Hay muchas personas que se ven metidas en situaciones de conflicto, como este en oriente medio, e intentan cambiar su realidad y buscan circunstancias mejores para los suyos. Nunca hay que dar la batalla por perdida. Yo aspiro a un mundo más justo, donde no haya estas grandes diferencias sociales que hay ahora. Hay que luchar por la justicia, la libertad y la igualdad”.

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