Una plaga potencial para el guandú

En 2012 se encontró‘Brachyplatys vahlii’ por primera vez en Panamá, siendo el primer reporte en el Neotrópico.

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Vanessa Bernal y su hija, Ana P. Betancourt. Vanessa Bernal y su hija, Ana P. Betancourt.

Vanessa Bernal y su hija, Ana P. Betancourt. Foto por: Ricardo Iturriaga/Cortesía

A. Adultos alimentándose del tallo de guandú. B. Vista dorsolateral de adulto. C. Vista ventral de adulto. D. Huevos. CORTESÍA A. Adultos alimentándose del tallo de guandú. B. Vista dorsolateral de adulto. C. Vista ventral de adulto. D. Huevos. CORTESÍA

A. Adultos alimentándose del tallo de guandú. B. Vista dorsolateral de adulto. C. Vista ventral de adulto. D. Huevos. CORTESÍA Foto por: Annette Aiello/Ana Betancourt

A. Adultos alimentándose del tallo de guandú. B. Vista dorsolateral de adulto. C. Vista ventral de adulto. D. Huevos. CORTESÍA A. Adultos alimentándose del tallo de guandú. B. Vista dorsolateral de adulto. C. Vista ventral de adulto. D. Huevos. CORTESÍA

A. Adultos alimentándose del tallo de guandú. B. Vista dorsolateral de adulto. C. Vista ventral de adulto. D. Huevos. CORTESÍA Foto por: Annette Aiello/Ana Betancourt

Ana Patricia Betancourt tiene casi ocho años y disfruta pasar tiempo en el jardín de su casa, observando insectos. Desde muy pequeña mostró curiosidad por la naturaleza, le interesaban los libros de animales y plantas y jugar con una lupa, expresa su madre, Vanessa Bernal.

Alrededor del mes de mayo de 2015, la niña observó que en el tallo de unas plantas de guandú que se estaban marchitando en su jardín, había unos pequeños insectos negros que parecían escarabajos o chinches. Su curiosidad la llevó a recolectar algunos en un frasco.

“Llévale estos bichitos a un científico donde tú trabajas, porque creo que están matando a la planta”, le dijo a su madre. Bernal, gerente de la oficina de visitantes del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Stri), se los entregó a la científica Annette Aiello. “Mi interés era saber cómo liberar la planta de los insectos”, narra Bernal. Ella me pidió más muestras, que los trajera con guandú para estudiar cómo se alimentaban y se reproducían”.

Ana le tomó fotos a los insectos y su madre le llevó las nuevas muestras a la investigadora. Después de varios meses, la doctora Aiello le dijo que, aparentemente, era una especie que no se había identificado en el continente americano y le pidió las coordenadas del sitio donde colectó los insectos para analizar su distribución.

Tras realizar análisis morfológicos y con técnicas moleculares, y corroborar con otros colegas, Aiello le informó a Bernal que no había registro de esa especie de insecto en la región.

En el artículo titulado “Brachyplatys vahlii (Fabricius, 1787), an introduced bug from Asia: first report in the Western Hemisphere (Hemiptera: Plataspidae: Brachyplatidinae)”, publicado en el journal BioInvasions Records (2016) Volume 5, de Aiello, Kristin Saltonstall y Victor Young, se describe que el género Brachyplatys es nativo de Asia y al menos 11 especies se han hallado en ese continente alimentándose de 56 especies de plantas.

La especie Brachyplatys vahlii está establecida a ambos lados del Canal de Panamá, afectando varias especies de plantas, incluyendo el guandú (Cajanus cajan). Estos insectos son pequeños, miden unos 5 mm de longitud y 4 mm de ancho, son de color negro brillante, con un borde de color óxido y emiten un olor desagradable al ser manipulados. Se alimentan succionando la savia de las plantas que invaden.

En Panamá se reportó por primera vez en 2012, en plantas de guandú y palmas de pixbae, en Vacamonte, Arraiján. Un año después se fotografiaron en Cucaracha, cerca del poblado de Paraíso, Ancón, en el árbol Leptolobium panamense.

En 2014, se volvió a ver en Vacamonte, en un árbol paraguas (Schefflera actinophylla). El hallazgo de Ana Betancourt este año fue en el corregimiento de Betania, ciudad de Panamá, donde numerosos insectos se alimentaban de los tallos de plantas de guandú en su patio, las cuales murieron.

En febrero de 2015 se encontró el insecto en un hotel de Playa Bonita, Arraiján. Y en noviembre pasado, en plantas de guandú en La Chorrera. Todos los reportes han sido observaciones casuales.

La publicación menciona que esta especie tiene el potencial de extenderse a otras zonas con actividad agrícola, por lo que es una amenaza en el caso de cultivos de importancia económica, y se recomienda la vigilancia para determinar el alcance de su distribución e investigar la eficacia de métodos de control.

¡Quién habría imaginado que la pequeña Ana formaría parte de una historia de ciencia ciudadana!

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