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Cuando los planes se modifican

Alicia Viteri iba a retomar la pintura, pero luego tuvo la idea de confeccionar esculturas con los chécheres que tenía almacenados desde hace años en su estudio.
DESTINO. Después de Panamá, su muestra ‘Terrícolas’ viajará a Colombia. CORTESÍA/AV DESTINO. Después de Panamá, su muestra ‘Terrícolas’ viajará a Colombia. CORTESÍA/AV
DESTINO. Después de Panamá, su muestra ‘Terrícolas’ viajará a Colombia. CORTESÍA/AV

Apenas Alicia Viteri terminó su individual “Memoria Digital”, en la que arte y tecnología se hicieron una sola fuerza creativa, volvió a los colores y a los pinceles, a confeccionar paisajes, para mayor precisión.

Hasta tenía en mente hacer una individual plástica dedicada exclusivamente a los atardeceres que tanto le arrebatan, serían 12 cuadros para ser exactos.

Los planes tomaron un giro diferente cuando un día en su estudio, que está ubicado en el piso de arriba del apartamento en el que reside en la ciudad capital, vio la cantidad de chécheres que almacenaba sin razón aparente y tan rápido como un relámpago pensó en títeres, luego en muñecas de trapo y después en esculturas y así le fue dando forma a lo que ahora es su muestra “Terrícolas”.

“Ha sido volver a ser niña, por fin he vuelto a jugar. Esta exposición es un regalo que me he dado a mí misma”, dice con picardía esta oriunda de Pasto (sur de Colombia).

“Terrícolas” es arte reciclado en estado puro. Viteri le ha dado utilidad a la “basura” y a esos objetos que tenía y no sabía a ciencia cierta qué hacer con ellos.

De paso, era una forma simpática de demostrarle a su esposo, el publicista Stephan Proaño, con quien vive en Panamá desde hace 40 años, que sí podía darle utilidad a tanta cosa guardada en su estudio.

Para engalanar a sus hombres y mujeres hechos de escultura ha usado materiales como crin de caballo, collares, plumas, gamuzas, tornillos de aluminio, taguas, dados, hilos de acero, pestañas postizas, cueros, perlas, caracoles, dientes de marfil, piezas de cámaras fotográficas, de grabadoras, computadores y teléfonos celulares, aretes suyos y hasta corbatas de su marido. Todo vale para Viteri.

Han sido dos años y medio de permanente ejercicio lúdico, para tener lista esta nueva individual. En la que más o menos dedicó un mes a grupos de entre 3 y 4 esculturas hasta llegar a 75, aunque su misión es alcanzar el número 100.

PROPÓSITO

Confiesa que no le interesaba la creación de algo bonito que se vendiera fácil entre aquellos que asocian arte con llenar espacios en la sala, ya que le desagrada mucho estar en la zona del confort en cuanto a propuestas artísticas se trata.

Por eso, de manera intencional, las esculturas que conforman “Terrícolas” son cero estilizadas y sí ofrecen una notable cuota crítica a una sociedad tiránica que limita los actos de los seres humanos.

Ya en anteriores trabajos ha puesto el dedo untado con sal en las heridas de un mundo desigual, indiscreto y medio fascista.

Solo hay que recordar exposiciones suyas emblemáticas como “Moscas e insectos”, en la década de 1970 y “Príncipe Próspero”, durante los años 1980.

En ambas muestras atacaba a una sociedad mundial conservadora, represiva, ausente de integridad, enferma y desgastada.

Por lo que “Terrícolas” es un paso más para denunciar ese juego despreciable de clases, y para plantear la insana estructura de un poder que se ha perdido en su ambición descontrolada.

HERRAMIENTAS

En septiembre venidero, Alicia Viteri viajará con la versión libro de Memoria Digital y con “Terrícolas” al Museo de Arte Moderno de Cartagena (Colombia).

Su plan es presentar un día su libro y al otro inaugurar la exposición que estará por mes y medio.

¿Qué pasó con la pintura, acaso la abandona? Por ahora, Viteri se cansó de ver cuadros pegados en la pared.

Por eso, “Terrícolas” es una instalación compuesta, entre otros elementos, por sus esculturas.

Pues además de esculturas habrá en el Museo de Arte Contemporáneo (Mac) gigantografías compuestas por sus “Terrícolas”, así como un video que explicará en detalle el porqué de la muestra a los visitantes, una labor fílmica responsabilidad de los artistas de lo audiovisual Stephan Proaño, Luis Pacheco y Eduardo Verdurmen.

A “Terrícolas” también la acompaña un catálogo en la que tres mujeres sabedoras del arte analizan el trabajo de Viteri.

Son tres miradas a cargo de damas provenientes de generaciones distintas: Angela Picardi, Mónica Kupfer (ambas panameñas) y Marta Rodríguez (Colombia).

Incluso, durante días específicos, la propia Viteri, en compañía de la crítica de Angela Picardi, ofrecerán charlas a los más pequeños que pasen por el Mac, los que con libretas de dibujo en mano podrán hacer sus interpretaciones de esta individual.

Cuando este alboroto acabe, Alicia Viteri promete regresar a la pintura y a sus paisajes inspirados en su adorada comunidad de Río Mar, la que visita desde hace dos décadas junto con su esposo, si acaso no es que otra iniciativa le hace modificar el rumbo de su imaginación.

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