‘Cucarachita Mandinga’, a escena hoy

Un elenco conformado por 25 actores de la Fundación Laboral–Jóvenes y Adultos con Discapacidad presentará el clásico teatral infantil ‘La Cucarachita Mandinga’, escrito por Rogelio Sinán y con música de Gonzalo Brenes.

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Un canto a la equidad Un canto a la equidad

Un canto a la equidad

‘La Cucarachita Mandinga’ se presenta hoy con actores de FL-Jadis y de otras organizaciones. ‘La Cucarachita Mandinga’ se presenta hoy con actores de FL-Jadis y de otras organizaciones.

‘La Cucarachita Mandinga’ se presenta hoy con actores de FL-Jadis y de otras organizaciones.

‘Nosotros no somos perfectos’ ‘Nosotros no somos perfectos’

‘Nosotros no somos perfectos’

Un elenco conformado por 25 actores de la Fundación Laboral–Jóvenes y Adultos con Discapacidad presentará el clásico teatral infantil ‘La Cucarachita Mandinga’, escrito por Rogelio Sinán y con música de Gonzalo Brenes.

El montaje, de corte familiar, llega al escenario del teatro Anita Villalaz (Casco Antiguo de la ciudad capital), hoy viernes (6:00 p.m.), mañana sábado 6 (6:00 p.m.) y el domingo 14 de diciembre (4:00 p.m.). Las entradas tienen un costo de $20.

Un canto a la equidad

El profesor Luis Alberto Caballero sostiene un libreto en sus manos. Delante de él está un muchacho en silla de ruedas, quien a sus espaldas tiene a más de una decena de jóvenes y adultos con algún tipo de discapacidad. Las ruedas de su silla se iluminan en verde, mientras avanza el ensayo de La Cucarachita Mandinga.

“Él está feliz con sus luces”, comenta la señora Elida de Daniel, madre de Augusto, un chico con parálisis cerebral y espasticidad severa (movimientos musculares involuntarios), quien representa al gusanito en esta obra orquestada por Fundación Laboral-Jóvenes y Adultos con Discapacidad.

Antes de la última llamada, que será esta tarde a las 6:00 p.m. en el teatro Anita Villalaz, el elenco de la obra escrita por Rogelio Sinán y con música de Gonzalo Brenes ensaya dos horas a diario.

El martes es uno de esos días. Se acaba el ensayo y los actores se van dispersando. Se dan cuenta de que hay alguien nuevo en su sala de ensayos. Se corren la voz, se presentan.

“América, ven acá, preséntate”, la señora Juana Sánchez llama a su hija, que tiene algún grado de retraso mental. “Yo soy del coro y también soy una vecina”, dice América.

Entonces trae a Eliécer, a Karin, a Clemente, a Arnulfo, a Rosi, y cada uno, con una sonrisa adornándoles los labios, va diciendo su papel y llamando a otro de sus compañeros para repetir el ejercicio.

Son 25 los que se presentarán al público hoy, el sábado 6 (6:00 p.m.) y el domingo 14 de diciembre (4:00 p.m.) en el teatro ubicado en Las Bóvedas, en el Casco Antiguo. Las entradas tienen un costo de 20 dólares.

El elenco de la obra es un mosaico de niños, jóvenes y adultos con baja visión, lento aprendizaje, osteogénesis imperfecta, pérdida auditiva, Asperger, síndrome de Down y parálisis cerebral, así como cinco sin personas de apoyo, sin ninguna discapacidad.

El grupo de teatro espera su debut con entusiasmo y está preparado, para todo, según el profesor Caballero, quien coordina el proyecto desde hace tres años. Tiene un propósito claro: “Cuando hacemos valer la diversidad, es cuando encontramos nuestra verdadera naturaleza como personas”.

‘Nosotros no somos perfectos’

Los ojos le brillan y, aunque todo lo que dice es bien pensado, hay un entusiasmo de trasfondo. Todos los días en los que el profesor Luis Alberto Caballero busca la excelencia en los muchachos con los que trabaja en la Fundación Laboral-Jóvenes y Adultos con Discapacidad (FL-Jadis), piensa en su sobrino.

De su experiencia personal, de ver a su hermana buscando que su hijo con discapacidad fuera aceptado e integrado a la sociedad aprendió que “es cuestión de creer en ellos. No mimarlos, sino atendiendo su condición”.

No fue un sacrificio ni un deber social, sino una pasión lo que llevó al profesor a Chicago (Estados Unidos) para hacer una pasantía y descubrir teatros equipados con la tecnología en los que las personas con discapacidad fueran integradas.

Así se propuso desde hace tres años un proyecto similar en Panamá, en el cual independientemente de su condición, las personas con discapacidad pudieran presentar una obra de teatro.

“La inclusión comienza con una buena actitud”, dice Caballero, quien se satisface de contar con un grupo de personas 100% comprometidas. “Busco la excelencia. A algunos les he tenido que decir que no”, comenta.

Arnulfo, quien representa al Ratón Pérez en La Cucarachita Mandinga, es uno de esos jóvenes que ha puesto su empeño en la obra. Su condición de lento aprendizaje no le impidió aprenderse un libreto, y más allá de eso, intenta explicar lo que significa la obra escrita por Rogelio Sinán.

Dentro de sus posibilidades, intenta relatar cómo la obra retrata en cada personaje aspectos relacionados con la conformación de la República de Panamá.

Luego cuenta que han estudiado esta obra y han practicado mucho. “Nosotros no somos perfectos, pero estamos presentando la obra”, dice.

Una de las ganancias de esta puesta en escena es descubrirse en esa imperfección y aceptarse, entenderse, o en palabras de Caballero: “En la diversidad está el secreto de una buena convivencia, pero sin excluir”.

“¿Qué es lo que he aprendido de ellos? A comprenderlos, que no todos tienen la misma discapacidad que yo”, dice Rosi, de 29 años, quien tiene baja visión y representa a la Cucarachita Mandinga.

Trabajo de muchos

“No fue fácil”, dice Caballero. Que todos pudieran integrarse fue el producto de un trabajo conjunto que en parte nació de ellos.

“Rosi agarró la obra en el audio y se la aprendió. Luego motivó a Arnulfo. Ellos dos se convirtieron en los líderes que fueron hablándoles a sus compañeros de La Cucarachita Mandinga”, recuerda Caballero.

El grupo se fue a la biblioteca a investigar, a leer el cuento, a escucharlo.

Mientras los padres se encargan de los vestuarios, el Club de Fotógrafos de Panamá ha donado su talento en las fotografías de los afiches, y la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis) se encargará de la traducción al lenguaje de señas.

La producción también cuenta con el apoyo de voluntarios de diferentes universidades, folcloristas, así como la asesoría del actor y director Miguel Moreno, quien presentó La Cucarachita Mandinga en la década de 1970.

“Aquí no hay ángeles -porque a veces son unos diablitos-, tampoco hay personas especiales, porque todos de alguna forma somos especiales, de ellos también aprendemos”, expresa el profesor, quien ya está pensando en nuevas metas.

“Si no logramos el éxito, pues de la derrota se aprende y es la oportunidad de seguir en otro proyecto”, afirma Caballero.

Arnulfo tiene razón, no son perfectos, pero su condición no los limita a seguir intentando. En eso se distingue de la normalidad, eso no salta a simple vista, eso se lleva por dentro.

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