Charla fílmica

El director Enrique Buchichio conversó en exclusiva sobre su película ‘Zanahoria’ (Uruguay, 2014), que triunfó en el Festival Iberoamericano de Cine de Huelva (España).

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El director y guionista Enrique Buchichio (en el centro) junto con el resto de los ganadores de la edición 40 del Festival Iberoamericano de Cine de Huelva. CORTESÍA El director y guionista Enrique Buchichio (en el centro) junto con el resto de los ganadores de la edición 40 del Festival Iberoamericano de Cine de Huelva. CORTESÍA

El director y guionista Enrique Buchichio (en el centro) junto con el resto de los ganadores de la edición 40 del Festival Iberoamericano de Cine de Huelva. CORTESÍA

La noche que llegó a Huelva el director Enrique Buchichio estaba como todos los invitados provenientes de América Latina: molido después de un largo viaje hasta Madrid (en su caso, desde su Uruguay natal).

A esa aventura trasatlántica agregar un segundo vuelo que abordó de la capital española con destino a Sevilla. Después de tanto estar en el aire pasó una hora en carretera desde la ciudad central de la comunidad autónoma de Andalucía hastas el teatro Colón, sede principal de la versión número 40 del Festival Iberoamericano de Cine de Huelva.

Era pasada la medianoche cuando coincidimos en el transporte que pedimos para que nos trasladara a nuestro común sitio de residencia temporal: la Hacienda Montija, ubicada a 20 minutos en automóvil del centro histórico de Huelva.

Para cada uno de nosotros era la primera vez en este certamen que finalizó el pasado 23 de noviembre, y para su thriller dramático Zanahoria era el primer festival al que asistía, un debut internacional que fue por todo lo alto como ya sabrán dentro de unas líneas.

Enrique Buchichio quizás para no dormirse durante el último trayecto que lo llevaría directo a dormir en una cama como Dios manda, y de paso, ser cortés con un miembro de la prensa extranjera que encima lo mantenía despierto, conversamos abordo de un taxi sobre Zanahoria (Uruguay, 2014), inspirada en un hecho real ocurrido posterior a la dictadura militar que gobernó a la fuerza a su país.

En el evento fílmico de Huelva, Zanahoria se alzó con el Colón de Oro, máximo galardón del palmarés oficial de este certamen; más el premio Manuel Barba, que concede la Asociación de la Prensa de Huelva al mejor guion de los largometrajes de la Sección Oficial a Concurso, y como si fueran pocos los logros, también se llevó el galardón que entrega Radio Exterior de España, concedido al largometraje que mejor reflejaba la realidad sociocultural de Iberoamérica (esta última distinción corrió por cuenta de un jurado integrado por la periodista española Begoña López y por quien escribe esta nota).

La realidad llevada a la pantalla

Zanahoria se estrenó en septiembre de 2014 en Uruguay. “No le fue demasiado bien de público. Estuvo seis semanas en cartel”, explicó en Huelva (España) su director Enrique Buchichio.

En promedio se estrenan entre 8 y 12 producciones uruguayas cada año. Por ejemplo, en 2013 fueron 15 títulos entre documentales y filmes de ficción.

En Uruguay, indica, a los realizadores les gusta más rodar documentales. “Eso pasa porque es más accesible en términos de producción, y la ficción es más cara de hacer y lleva más tiempo en su desarrollo”, dice.

También se debe a que existe “una formal escuela de documentalistas que tiene su origen en los años de 1960 y la ficción fue más tardía”.

DICTADURA

Zanahoria se inspira en un hecho real ocurrido hace 10 años en Uruguay, que hubiera funcionado en un documental, pero a Buchichio le gusta más la ficción.

Todo gira en torno a dos periodistas que laboran en un semanario, quienes reciben una misteriosa llamada telefónica en medio de una campaña electoral presidencial, en la que por primera vez un candidato de izquierda llegaría al poder.

Quien está del otro lado de la línea es un exmilitar que les promete tener documentación relevante sobre crímenes cometidos por la dictadura militar uruguaya.

A partir de una crónica que publicaron ambos reporteros en 2004, Buchichio escribió el guion tomando ciertas libertades, sin dejar de ser fiel a los acontecimientos centrales.

Su película es sobre los derechos humanos que son violados durante un régimen militar y luego en democracia no se avanza lo suficiente para castigar a los culpables.

“Diez años después del primer gobierno de izquierda se empezaron a revisar los casos. Se autorizó la investigación en instalaciones militares donde habían ocurrido enterramientos clandestinos de detenidos políticos, pero queda mucho, mucho, por saberse”, recuerda.

Estima que se registraron más de 200 desapariciones durante una dictadura que estuvo al mando entre 1973 y 1985, de las cuales se han encontrado los restos de unos cuantos individuos.

“Los desaparecidos siguen siendo un tema de debate, más que la dictadura en sí, aunque es una minoría la que la defiende”, anota.

La sociedad de su país, resalta, está en medio de una disyuntiva política: se divide entre los que piden seguir tras la pista de los responsables de tantas injusticias y el otro sector que desea pasar la página en busca de una reconciliación.

Cuando arrancó Zanahoria en salas llamó la atención que hablaba precisamente de esa época; “a pesar de no estar ambientada directamente en la dictadura, sí plantea sus repercusiones”.

Se arriesga a plantear una hipótesis sobre el desempeño de su thriller dramático: “quizás Zanahoria no funcionó tanto en la taquilla”, porque hay quienes prefieren mirar hacia adelante y no detenerse en el pasado.

“El tema de la película no es comercial, y hay gente que no le interesa lo de la dictadura. Igual, en Uruguay los directores rodamos las películas que queremos hacer, pues la mayoría es cine de autor y los menos hacen películas de género”, reflexiona Buchichio, que debutó tras las cámaras en 2009 con El cuarto de Leo.

La dictadura cala más en la generación que fue testigo de los hechos. “La gente que revitalizó el cine uruguayo son los jóvenes que no tienen un compromiso con el tema de la dictadura porque no la sufrieron. A mí tampoco me tocó, yo era un niño, pero crecía sabiendo lo que era”.

AUDIENCIA

Buchichio lamenta que el uruguayo consume de forma moderada cine propio. “Hubo un primer interés hace 15 años cuando comenzamos a hacer más películas. Era una novedad, pero llegó un momento en 2009 en que se registró una crisis que se mantiene hasta hoy”.

Hay un prejuicio contra el cine nacional. Cierta audiencia está convencida de que su séptimo arte es “aburrido, a pesar de que ha visto poco cine uruguayo. De repente ha visto una o dos películas y a base de eso piensa que el resto de nuestro cine es así”.

Una película nacional exitosa convoca por estos días a 20 mil espectadores. La cinta uruguaya de mayor triunfo fue en 2001 y llevó a las salas a 120 mil personas: En la puta vida, un drama sobre la prostitución dirigido por Beatriz Flores Silva.

También destaca el caso de El baño del papa (2007), comedia dramática ambientada en los años de 1980, escrita y realizada por César Charlone y Enrique Fernández, y que alcanzó los 70 mil espectadores. “Fue el último gran éxito de nuestro cine y después de eso hemos ido hacia abajo”, dice.

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