PAULO COELHO

Sobre los maestros y discípulos del budismo zen

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El regalo de insultos. Cerca de Tokio vivía un samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún podía derrotar a cualquiera.

Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por usar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad.

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

- ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?

-Si alguien se acerca a ti con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo?, preguntó el samurai.

-A quien intentó entregarlo –respondió uno de los discípulos.

-Pues, lo mismo vale para la envidia y los insultos –dijo el maestro– Cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Dónde está el paraguas

Después de 10 años de aprendizaje, Zenno consideraba que ya podía ser elevado a la categoría de maestro zen. En un día lluvioso, fue a visitar al profesor Nan-in. Al entrar en la casa de Nan-in, este preguntó:

- ¿Has dejado tu paraguas y tus zapatos afuera?

-Evidentemente –respondió Zenno.

-Entonces, dime: ¿colocaste el paraguas al lado derecho o al lado izquierdo de los zapatos?

-No tengo la menor idea, maestro.

-El zen budismo es el arte de la conciencia total de lo que hacemos –dijo Nan-in. La falta de atención en los pequeños detalles puede destruir la vida de un Paulo Coelho hombre. Un samurai que no mira todos los días su espada, terminará encontrándola herrumbrada cuando más la necesite.

Y Zenno comprendió que aun cuando conociese bien las técnicas zen del mundo espiritual, se había olvidado de aplicarla al mundo de los hombres.

Reflexión del budismo zen

* Quien solo fija sus ojos en el bien, es incapaz de aprender, porque no conoce el mal, y este puede tomarlo desprevenido.

(Murasaki Shikiku)

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