Sin los recuerdos infantiles

Según expertos, las memorias tempranas de los niños pequeños son vulnerables y pueden borrarse fácilmente.

La primera caída cuando gateaba o la primera visita al parque cuando tenía 12 meses, quizás una persona mayor no las recuerde.

Aquellos reflejos de las tenues luces de la infancia son difíciles de recordar cuando se es adulto. Una nueva investigación, hecha en Canadá y reportada por la BBC Mundo, encontró que la memoria de los primeros años de vida es más efímera de lo que se pensaba.

Según un grupo de científicos de la Universidad Memorial de Terranova, los niños recuerdan lo que les ocurrió en años previos -incluso experiencias antes de los 18 meses- pero dos años después los recuerdos se borran.

La doctora Carole Peterson, profesora de psicología que dirigió el estudio, pidió a 140 niños de entre 4 y 13 años que nombraran tres de sus experiencias más tempranas que pudieran recordar y el período en que estas ocurrieron.

Dos años más tarde, al hablar con los mismos niños, ellos recordaban experiencias distintas de las que habían hablado antes.

Peterson cree que esto se debe a que las memorias muy tempranas de los pequeños son frágiles y vulnerables, y pueden borrarse con facilidad.

Esto revela, dice la investigadora, que los niños pequeños sí tienen capacidades cognitivas y lingüísticas que los ayudan a recordar las cosas que les ocurrieron en el pasado.

EL TIEMPO

La memoria cambia con el paso del tiempo, influenciada por el desarrollo del cerebro y por las vivencias del individuo, señala el neuropsicólogo nacional Jones Cerezo.

Antes de que el lenguaje se desarrolle, el ser humano vive sus experiencias de manera menos articulada, dice.

El lenguaje permite organizar la experiencia y darle sentido dentro del contexto en el que el niño se encuentra; o sea, que ayuda a dar continuidad a las vivencias y, por tanto, a entender y definir quién es en relación con su entorno, detalla.

En este sentido, la psicóloga infantil panameña Genive Barb comenta que los procesos de memoria inician, incluso, en los meses de gestación cuando el sistema nervioso y los órganos de los sentidos aún en formación son capaces de recibir estímulos sensoriales, por ejemplo sonidos, y guardar sus impresiones para después evocar la sensación de las mismas.

Dependiendo de la intensidad del estímulo o significado personal que se le asigne, así será la magnitud de la impresión que causará en su memoria, creando entonces recuerdos más “fuertes” que otros, cuenta.

El neuropsicólogo Jones Cerezo dice que las capacidades cognitivas evolucionan paulatinamente, por lo que no son iguales en niños y adultos.

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