El restaurante de una prisión londinense

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El restaurante cuenta con una atmósfera fina y segura. El restaurante cuenta con una atmósfera fina y segura.
El restaurante cuenta con una atmósfera fina y segura.

Con sus sillas de piel, sus mesas de cristal y sus precios de Londres, The Clink parece un restaurante cualquiera. Pero los cubiertos son de plástico, los cuchillos de cocina están guardados bajo llave, y desde la ventana se ve una alambrada.

Ubicado en la prisión de Brixton, en el sur de Londres, The Clink está abierto al público, escondido tras tres puertas de seguridad y dentro de un patio rodeado por vallas altas, y su personal está compuesto por presos que cada día atienden a hasta 120 comensales.

“La cárcel es la peor experiencia de mi vida. Esto me ha salvado, me ha mantenido cuerdo”, explicó Matt, que lleva nueve meses trabajando en la cocina preparando platos, como una pechuga de pato cubierta de sésamo, con col china, a 21 dólares.

Hoy, Matt es uno de los seis cocineros que asisten a una clase magistral de Gilles Quillot, el cocinero de la Embajada de Francia en Londres. “Me ponía un poco nervioso venir a la cárcel, como puedes imaginarte”, explicó Quillot, mientras enseñaba a preparar los espárragos blancos a uno de sus pupilos.

La visita de Quillot se enmarca en las jornadas Gout de France (Sabor de Francia) que celebrará la cocina francesa la semana que viene en todo el mundo.

“Ser un buen cocinero es fácil: tienes que disfrutar dándole algo a los demás, por eso la cocina es una buena idea para la rehabilitación”, dijo.

The Clink es uno de cuatro restaurantes administrados por una organización caritativa que se dedica a dar un oficio a los presos para que puedan empezar una nueva vida al salir. Pero para muchos de ellos, el programa les sirve para sobrevivir a su tiempo en la cárcel.

Construida en 1819, Brixton es una de las cárceles más viejas del país.

El alcaide de la cárcel, Giles Mason, dice que el restaurante, que abrió en 2014, es “realmente una parte buena de lo que hacemos en Brixton”, e insiste en que no se permite ningún riesgo a la hora de garantizar la seguridad de los clientes: Las mesas tienen cubiertos de plástico negros, y los cuchillos de la cocina están muy controlados. No hay alcohol, y los clientes tienen que dejar sus celulares y ordenadores fuera.

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