Una revolución agrícola

De acuerdo con el ecólogo Antonio Brack, ´el haber domesticado 9 especies de papa y tener hoy día en los Andes 4 mil variedades es extraordinario´.

Durante el recorrido por el Valle Sagrado del Urubamba, me llama la atención una limpia escuelita donde un centenar de niños indígenas, vestidos de coloridos ponchos, está en formación para izar la bandera antes de entrar a clases con un doble reto: aprender sus lecciones en idioma bilingüe, español y quechua. Alegres miradas se fijan en mi lente. Veo curiosidad, picardía, inteligencia; pero, sobre todo, noto que están rebosantes de salud. Todos son fuertes y sanos, beneficiados por una buena alimentación producto de la agricultura y de un conocimiento milenario atesorado.

Con solo ver el paisaje dominado por interminables sucesiones de terrazas de cultivos, edificadas eficazmente entre paredes de rocas listas para producir comida, es fácil comprender la diferencia en la alimentación entre estos niños y los de otros lugares de los Andes.

Más arriba de la Reserva Mundial de la Papa, a medida que ascendemos por la trocha de tierra hacia el altiplano cuzqueño, las tierras yermas se extienden como un paisaje lunar. Las parcelas de cultivo ya no abundan como en Cuyo Grande. Muchos niños mendigan a la vera del camino. La imagen de la desnutrición se hace presente. Tristes miradas se fijan en mi lente. Veo miradas ausentes, temor, hambre. Ellos, al igual que otros 9 millones de niños y niñas afectados por la desnutrición, forman parte de los 50 millones de latinoamericanos que sufren por hambre.

IMPERIO INCAICO

A más de 3 mil 500 metros sobre el nivel del mar, se extiende un vasto paisaje agrícola prehispánico, desarticulado y en letargo; y vislumbro, en estos tiempos de inseguridad alimentaria, la gran oportunidad para los andinos si es que volvieran a ser productivas en su totalidad las terrazas de cultivos de los incas.

“Hoy del millón de hectáreas que se cultivaban en andenes en el imperio incaico quedan en producción menos de 200 mil, el resto está abandonado, los canales de riego prehispánicos han sido cortados, los reservorios ya no se manejan, es una pena que no estén productivas como en aquellos tiempos en que los alimentos alcanzaban para todos”, dice Antonio Brack, reconocido ecólogo y uno de los pioneros de la educación ambiental en su país.

Brack cuenta que en los Andes se da la primera gran revolución agrícola de la humanidad. “El haber domesticado 9 especies de papa y tener hoy día en los Andes 4 mil variedades es extraordinario. Eso no ha caído del cielo. Es un trabajo paciente, de selección, de cruzamientos. Y hoy día, en el mundo se consumen más de 400 millones de toneladas de papas gracias a los andinos, hecho que no es valorado en su magnitud”, concluye Brack.

El gran reto para Brack es incentivar un modelo de desarrollo sostenible, rescatando saberes ancestrales agrícolas y la biodiversidad, pero de la mano de la tecnología con voluntad política, conectando a los pueblos, a su gente y a sus líderes con mercados justos y atractivos. Una fórmula aplicable no solo a Los Andes, sino para todo el continente.

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