La sombra de la belleza de Darién

La tala de árboles y la tierra infértil son algunas de las amenazas que aquejan a Darién, indican expedicionarios que hicieron una gira a la provincia recientemente.

Poco antes de que Rick Morales, Beatriz Schmitt, Líder Sucre, Alexander Arosemena, Enrique Arias, Kandi Valle y Segundo Sugasti atravesaran el cerro Pechito Parado el panorama darienita se desfiguró.

Aquella riqueza de gigantes árboles frondosos y la tierra fértil que caracteriza al bosque tropical húmedo que los había mantenido extasiados en la primera parte de la ruta por el Darién –para emular la travesía de Vasco Núñez de Balboa hace 500 años al avistar el Mar del Sur– se esfumó.

La gira les dejó una mezcla de sentimientos encontrados y un sabor agridulce a los expedicionarios. Un momento de la travesía que perdura en la memoria de Líder Sucre fue cuando subieron el cerro Pechito Parado, sitio que describe como “una isla de bosque en un mar de deforestación”. “Estábamos en medio de un bosque espectacular, con árboles de cuerpos gigantescos, subiendo esta montaña que históricamente había sido el punto donde Vasco Núñez de Balboa había visto el Mar del Sur (...), y encima [encontramos] una población de monos araña negros, que es una especie de los primates que tenemos en Panamá. Los monos arañas y el mono ardilla son los más amenazados, son los más difíciles de ver (...) Pero en medio de todo esto [se escuchaban] sonidos de motosierras, y de repente tumban un árbol inmenso... ¡Era un sonido horroroso! Era oír la muerte. El escalofrío de oír estos árboles gigantescos, de cientos de años de edad, derribados, crujir cuando los derribaba una motosierra en medio de esta selva espectacular, era demasiado, era muy fuerte el sonido. Eso es lo que le ha venido pasando a Darién. Las selvas más grandes de Panamá todavía las estamos cortando”, narra Sucre.

La tala y la mano -no planificada- del hombre ha descuidado el patrimonio.

Los colonos dicen que ya no tienen dónde cosechar.

Beatriz Schmitt lo explica: “estuvimos conversando con los colonos del área, y todos venían de las provincias de Herrera y Los Santos. Nos contaban que habían llegado hace 10 años [a Darién] porque en sus provincias la tierra no producía más, y que ahora habían llegado al punto de que esta tierra tampoco producía. Ese sistema que usaron en sus provincias lo vinieron a replicar acá, y ahora dicen que sus esperanzas son que ´mis hijos se vayan a vivir a la ciudad (...) porque ya la tierra no nos da más, y ya no hay más monte que tumbar”.

La realidad es que se ha deforestado gran parte de Darién. “Más de la mitad de la parte que no está protegida ya está deforestada, y [ver] eso fue buena parte de la expedición: cruzar áreas de potrero, de reforestación con teca, por ejemplo (...) Hay áreas donde ya la deforestación evidentemente se ha comido los cerros, se ha comido las áreas empinadas, y uno como conservacionista se pregunta cuánto tiempo va a durar la ganadería aquí. Vimos cómo se está lavando la tierra (...), cómo la hierba ya crece menos, y cómo hay muy pocas vacas en relación al territorio que hay. Te preguntas cuál es la verdadera productividad de esta ganadería en un territorio tan empinado, y cuando ves los bosques que hay en la parte que todavía no han logrado tumbar, te das cuenta que están haciendo un sacrificio enorme de naturaleza, sobre todo, en la parte de loma para tener una ganadería muy marginal”, cuestiona Sucre.

Muchos árboles están cayendo al suelo sin planificación previa. “Los árboles están entrelazados por enredaderas. Si eres maderero tu responsabilidad es venir meses antes, cortar las enredaderas abajo, esperar a que se mueran, y entonces cuando vas a hacer la tala se cae solo el árbol que vas a tumbar, no cinco árboles más”, pero en algunas zonas no lo hicieron así, por lo que cuando se venía abajo un árbol, también los otros en efecto dominó, explica Sucre.

En la ruta se toparon con árboles caídos que no tenían por qué, como el cuipo, que no sirve para la extracción de madera, sino solo para anidar al águila harpía, dice Alexander Arosemena. Además, otros como el cocobolo, que está prohibido que se tumbe, también era derribado, añade Schmitt.

En esa parte, “en vez de ser este bosque lujuriante, como sacado de un cuento de hadas, se atraviesa este bosque áspero. El sol entra por estos huecones en donde antes habían árboles. La vegetación de abajo se vuelve marañada, espinosa, como agresiva. Las espinas de la pipa y de las plantas espinosas nos arañaban la ropa. ¡Había que estar entrando con machete para abrir!”, cuenta Sucre.

El bosque no es lo que era; es una sombra de su pasado, pero se está recuperando, agrega. “Los animales lo están usando, es mucho mejor tenerlos en ese bosque que todavía tiene todas las especies; solo los árboles grandes se han ido (...) Lo que uno teme es que detrás de la extracción de madera vengan otras deforestaciones más masivas, porque en otras partes de Darién esta ha sido la punta de lanza, y la extracción maderera es la que abre los caminos por donde después vienen peores deforestaciones”.

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