El sueño de un hombre

Los parques temáticos de Disney World, como regularmente se conocen, reciben a personas de distintas partes del mundo y de todas las edades.

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El sueño de un hombre

Un lugar mágico es aquel donde los castillos tienen las puertas abiertas para recibirte, las princesas te invitan a compartir por un momento sus “vivieron felices para siempre”, y todo aquello que pensabas solo existía en la fantasía cobra vida para caminar junto a ti.

Es verano, y el sol lleva escasas horas en el cielo. Las calles de los parques temáticos Disney comienzan a llenarse. Se escucha la llegada de los distintos vehículos cargados de visitantes, los juegos mecánicos comenzando a desafiar la gravedad y las múltiples atracciones abriendo sus puertas. Sobre todos aquellos zumbidos se pueden oír las risas, la mezcla de idiomas y el correr de los niños, exigiéndoles a los adultos que apuren el paso.

Te reciben con una sonrisa y percibes un ambiente diferente en sus calles. Quizás sea el aire cargado de azúcar o las icónicas orejas de Mickey Mouse que parecen tapizar las esquinas, lo que te hace entrar en confianza en un mundo que suele imitar la imaginación.

Al inicio de los parques, mapas en distintos idiomas te ayudan a localizarte. Alrededor, cientos de personas caminan en una especie de coreografía no planeada, evitando los empujones o tropiezos. Se hace extraño poder moverse entre el mar de gente, pero pronto dejas de percibir que están allí y la “magia”, como suelen llamarle, atrapa.

Trazas un itinerario para tratar de sacarle el mayor provecho al día, pero antes de llegar al primer punto planeado lo más seguro es que te hayas desviado. Giras la mirada a la derecha y te topas con una tienda de caramelos, a su lado un sinfín de souvenirs para guardar el recuerdo; volteas los ojos a la izquierda y te saludan personajes de cuentos, héroes o villanos, que devuelven con igual fervor los abrazos de los pequeños, y hasta los más grandes que esperan con ansias poder tomarse una fotografía con ellos. Detrás, las montañas rusas parecen tocar las nubes, y tras dar un paso hacia adelante hay un espectáculo musical de personajes de fábulas.

La tarde toma fuerza y se hace difícil no sonreír, mientras se decide hacia dónde ir. Quizás sea esa alegría lo que hace que dejar en una esquina los coches de bebés con algunas pertenencias, confiando en los demás mientras se visita alguna atracción, no parezca tan descabellado. Las filas en su mayoría son extensas y serpentean, pero sus caminos están cargados de imágenes y adornos alusivos a distintos temas, donde se aprovecha para entretenerse y el tiempo logra pasar sin muchos pesares. Al salir, “mágicamente”, las pertenencias siguen allí.

Los más valientes, montados en juegos que los elevan y dejan caer, gritan. Te preguntas cómo las calles pueden seguir limpias en medio de todo el ajetreo y, de fondo, canciones de películas infantiles traen recuerdos, capaces de alejar por un momento de los pesares del presente.

Aunque el origen del público es variado y las señalizaciones no se muestran muy amigables con aquellos que no hablen inglés, de igual forma se puede disfrutar sin mayores contratiempos de todo lo que ofrece el lugar. Además, siempre se logra encontrar quien comparta tu idioma o que lo esté aprendiendo, y con total amabilidad te brinda una mano.

El tiempo pasa rápido, y los parques parecen aumentar de tamaño como para recorrerlos a fondo. El sol sigue brillando, a pesar de que son más de las 7:00 p.m., como si el mundo soñado por Walt Disney no quisiera dormir. Aunque algunos parques comienzan a despedir a sus invitados a esa hora, otros llenan los cielos de Orlando, Florida, Estados Unidos, de fuegos artificiales anunciando que todavía queda más. Se nota el cansancio en las personas, y los más pequeños muestran ya señales de sueño.

Cuando el sol finalmente se rinde, el parque cobra nueva vida. Una llena de luces, de colores, capaz de devolver las fuerzas y disfrutar una vez más. El último de los parques se despide, y quienes pasaron el día con él, lo recuerdan con deseos de volver.

Un lugar mágico es aquel donde personas de todas partes del planeta, sin importar edad, sexo, religión o raza logran convivir en armonía. Donde el idioma no es una barrera, y una simple sonrisa a la persona que está a tu lado es capaz de comunicarse por ti. Quizás el sueño de un hombre se convirtió en el de todos: querer un mundo en que las personas puedan estar en paz.

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