Xavier Velasco

El tiempo vuela demasiado rápido

“Mientras no exista una experiencia comparable a leer, las novelas seguirán siendo necesarias”, opina Xavier Velasco (noviembre de 1964, Ciudad de México).

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El escritor mexicano Xavier Velasco obtuvo el VI Premio Alfaguara en 2003 por su novela ‘Diablo Guardián’. El escritor mexicano Xavier Velasco obtuvo el VI Premio Alfaguara en 2003 por su novela ‘Diablo Guardián’.

El escritor mexicano Xavier Velasco obtuvo el VI Premio Alfaguara en 2003 por su novela ‘Diablo Guardián’. Foto por: LA PRENSA/Daniel Domínguez Z.

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Xavier Velasco tardó poco en conseguir el dinero para tener un walkman. “Ese aparato me ayudó a escaparme de cada trabajo donde estaba. Me daba la posibilidad de ignorar al mundo”. En ese aparato escuchaba al grupo británico de punk Clash.

“Los años de 1970 para México, y para América Latina, fueron muy pueblerinos. En 1980 llega ese monstruo que fue el canal de televisión MTV. De repente, todos escuchamos la misma música de Sting o de Mick Jagger porque veíamos cómo se movían sus canciones con las imágenes”.

Los 1980 estuvo lleno de sorpresas, opina. “Era la sensación de que estabas llegando al futuro cuando alcanzamos 1984 (en referencia a la novela de George Orwell). Eso le dio el valor a muchos para pintarse el pelo o ponerse hombreras. Los 1980 fue una fiesta de disfraces buena para los pícaros”.

Él entró a esa fiesta como “un escolar desobediente y salí como un proyecto muy magro de escritor. No me sentía preparado, entonces supe que me ayudaría meterme en todos los problemas posibles, que luego llegaría el momento de resolverlos”.

INSTANTE FUGAZ

Después vinieron otras prótesis: ha comprado todas las consolas de videojuegos existentes hasta la fecha, así como todos los tipos de celulares. “Son muy latosos. ¿Por qué tengo que cargar la oficina conmigo a todas partes? Es más el morbo de tenerlos que otra cosa”.

Lamenta que hoy se viva tanto en el instante. “El anteayer desapareció y ahora todo parece viejo. La tecnología nos ha acostumbrado a eso. Casi no me acuerdo de cómo era el mundo antes del Iphone, y eso fue en 2006. Todo se ve arcaico y envejece demasiado rápido. En los años 1980 las cosas no envejecían tan pronto”.

Lo que sino no ha cambiado mucho es la literatura. “Mientras no exista una experiencia comparable a leer, las novelas seguirán siendo necesarias. Los críticos por años han anunciado el fin de la novela y sigue vibrante”.

Lo que sí puede cambiar de piel es la música. Mientras escribía Los años sabandijas ponía las canciones de cada año, por lo que pasó del punk al rock, y eso le funcionó para crear los ambientes necesarios. Armó 30 listas de canciones diferentes hasta que dio con el menú perfecto. “Yo no quería una novela sobre los 1980 sino contarlas desde 1980. Llenarme de esos años, engañar a mi cabeza y decir que estaba de nuevo allá”.

Plantea que le fue interesante escuchar música que no le gustaba y volver a oírla desde la perspectiva de un personaje suyo que la adoraba hizo que la valorara mejor. Así descubrió música que detestaba de joven y que en este presente no le parecían tan terribles como fueron las canciones de su compatriota Luis Miguel y que otras que adoraba las vea ahora como “infumables” y cita el caso de la banda de rock británica Pink Floyd. “A Flans jamás las escuché, hay que tener límites morales”.

Los años sabandijas es una novela coral. “Nunca había incluido tantos personajes en una novela y nunca me había obligado a contar de forma tan vertiginosa. Eso era lo que me pedían los 1980. Cuando la terminé volví a escuchar esa música y, sorpresa: había envejecido 30 años. Con la novela quise mantener viva la emoción y no la nostalgia. Quiero que un lector de 15 años viva los años de 1980 como si él estuviera allí”, indica.

HECHOS

De aquel tiempo rememora dos hechos que siempre estarán en su memoria: cómo el peso mexicano iba perdiendo fuerza ante el dólar, por lo que la economía iba de mal a peor, pues pasar de 23 pesos por dólar en 1980 y otra muy distinta es que en una casa de cambio te dieran en 1989 unos 2,700 pesos por dólar. “En 1980 con 15 mil pesos vivía muy bien y al final de la década con ir a dos restaurantes se me acababa el dinero. Fue un padecimiento y una agonía. Había la sensación de que el dinero no valía nada. Seguimos sobreviviendo como sabandijas, viendo qué trucos hacer porque el gobierno nos volvía a fastidiar y la bolsa de valores se llevó en banda a la clase media. Los 1980 fueron ambiciosos, pero nosotros vivíamos en una constante movilidad social”.

El otro acontecimiento que le marcó: el terremoto de México el jueves 19 de septiembre de 1985. Recorrió las calles, desde la mañana hasta las 2:00 p.m., para ver el desastre, no por morbo, sino porque algo le decía que era testigo de un momento histórico. “Cuando mataron a Luis Donaldo Colosio en 1994 (político mexicano) me pasó igual. Estuve tres horas viendo el funeral porque me decía que estaba viendo la historia pasar y eso algún día podía servirme para escribir algo de esto. Lo del terremoto fue algo desolador, pero al mismo tiempo era como estar viendo una película de desastres. Me sentía dentro de Mientras el destino nos alcance (1973, dirigida por Richard Fleische). Como novelista estaba fascinado, como persona estaba devastado”.

Dice que hay un movimiento cíclico. En los años 1980 los mandatarios de Estados Unidos eran los republicanos Ronald Reagan y George Bush y pronto estará sentado en el Salón Oval otro conservador: Donald Trump. “Espero poder burlarnos del nuevo payaso y ser capaces de darle la vuelta a la situación. Por más sabandija que sea Trump, nosotros sabemos más que él”.

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