Abuso con siglas: pobreza idiomática

La sigla es un fenómeno lingüístico propio de nuestro tiempo, que se alimenta, en parte, del libertinaje idiomático del que hacen gala algunos usuarios de las dictatoriales redes sociales.

3 DE FEBRERO

Finales de la década de 1950 en la escuela Alejandro Tapia Escobar, Aguadulce, Coclé. La maestra de tercer grado, Aurora Solanilla de Quirós, abanicaba suavemente el aire con el temible “metro”, mientras Atilio Valderrama, con una desgastada tiza, intentaba conciliar una oración en el tablero.

Al fin logró terminar la breve redacción: “Mi papá trabaja en el IFE”. La maestra le dio unos toquecitos en el hombro al Atilio (terror de los recreos) y le preguntó, ¿qué significa IFE? Marisol Romero, la brillante alumna de 5, respondió por él: Instituto de Fomento Económico.

La costumbre de escribir con exceso de siglas cada día ensombrece más la claridad del lenguaje de Cervantes. Hasta los periodistas se enredan en la pegajosa manía.

Hace poco edité un artículo de opinión que decía: Estados Unidos utiliza el Fatca para influir sobre la OCDE, sin que el MEF ponga atención al asunto. En otro caso, un colega escribió: funcionarios de la CSS y del HST se reunirán con el ministro del Minsa.

La sigla es un fenómeno lingüístico propio de nuestro tiempo, que se ha incrementado con la indiferencia y libertinaje idiomático de las dictatoriales redes sociales. Nos perdimos el tierno y emocionante “Te quiero mucho”; ahora se pone TQM.

El literato argentino Enrique Banchs comenta: “Simultáneamente, se propaga en todos los estratos sociales y tiende a constituirse en un léxico de clave, complementario del lenguaje corriente”.

Según Banchs, este uso indiscriminado representa un peligro, porque muchos ignoran las palabras madres de las siglas. Además, la mayoría de ellas se emplean dentro de un país y carecen de significado fuera de él. Entonces las siglas nacionales o regionales se convierten en elementos de separación e incomprensión entre los pueblos.

En esta mala maña hay mucho de facilismo, de hundirse en la poltrona de la ley del menor esfuerzo. Colegas de medios impresos y audiovisuales usan la palabra Acodeco para cortar camino y librarse del fastidio de nombrar a la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia. Algunos lectores que no están familiarizados con estas siglas piensan que Acodeco es un ungüento para la artritis o un remedio para las lombrices.

El periodista español Ángel Hernández afirma que la gran cantidad de siglas utilizadas por los “gringos” le impedía avanzar en el conocimiento del idioma del “salvador Bush”.

“Y es que por entonces, a esta mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, aún no había llegado el contagio, y con la excepción de Renfe, URSS y pocas más, citábamos las cosas con sus nombres completos, como Dios manda. Y así, decíamos carné de identidad y platillo volante, no DNI ni OVNI”.

“Este uso y abuso de las siglas no es sino pura vagancia, cutre ahorro empobrecedor del idioma y que dificulta el entendimiento y puede dar lugar a equivocaciones”.

“Pues si BBVA alude a una entidad bancaria, también podría interpretarse como Beba Buen Vino Aragonés, y no digamos Rzsad, que tanto puede significar Real Zaragoza Sociedad Anónima Deportiva como Rodríguez Zapatero Sonríe Aun Durmiendo”, apuntó Hernández en forma jocosa.

El Manual de Redacción de La Prensa hace diferencias entre sigla y acrónimo. La sigla es una palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja. El acrónimo es un vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras. Ejemplo: Mides (Ministerio de Desarrollo Social).

Las siglas y acrónimos se utilizan de la siguiente manera: hasta cuatro letras, en mayúscula cerrada; a partir de cinco letras, la primera en mayúscula y el resto en minúscula. Ejemplos: Fin de la PTJ, nace la DIJ. La directiva de Copodehupa.

Nunca olvido al Atilio (pionero del bullying escolar) cuando alardeaba de que su hermano jugaba para el equipo de ANSA, en la liga invernal de béisbol de Aguadulce. Todavía resuena en mis oídos el grito de Aurora Solanilla: “te quedas sin recreo, hasta que aprendas que ANSA es Azucarera Nacional, S.A.”.

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