Comarca Ngäbe Buglé

Cambios en educación que requiere la comarca

En la escuela de Guásimo no hay condiciones para que los estudiantes puedan estudiar. En la escuela de Guásimo no hay condiciones para que los estudiantes puedan estudiar.
En la escuela de Guásimo no hay condiciones para que los estudiantes puedan estudiar.

Descalzos o con botas de caucho o chancletas, así caminan por horas miles de estudiantes en las áreas inhóspitas de la comarca Ngäbe Buglé para llegar a la escuela. El sudor y el olor a humo por comer cerca del fogón donde cocinan guineo, yuca o plátano para desayunar, se convierten en el perfume que les acompaña para iniciar clases en las aulas rancho o en salones sin comodidades.

Si acaso tres cuadernos, un lápiz y un borrador llevan en las chácaras o bolsas plásticas de arroz de cinco libras. Al regresar a casa, estos niños ven con tristeza que la lluvia ha humedecido las páginas y borrado el poco conocimiento escrito.

Esta realidad la conoce la ministra de Educación (Meduca), Marcela Vásquez de Paredes, quien el pasado sábado estuvo de gira por Hato Chamí y Llano Tugrí.

Según de Paredes, “hay aulas rancho dentro de escuelas existentes, por ejemplo en Cerro Otoe, en donde se ha programado visita con el equipo ministerial para mejorar sus condiciones”.

En el país hay 457 aulas rancho que ameritan ser reemplazadas. “Cuando hay demasiada población infantil, la comunidad se aboca a construir estas aulas transitorias, que deberían ser temporales, pero pasan años y se mantienen”, agregó de Paredes.

En la comarca, las aulas rancho son un mal crítico en áreas apartadas como Cascabel, Carrizal, Cerro Otoe, Tebujo, Alto Guayabal, Alto Gruillo, Cerro Guásimo y Oma; para llegar hasta allá hay que caminar un día, como mínimo.

Entre las necesidades identificadas por el Meduca en esta región del país está la diversificación de los bachilleratos que se ofrecen a nivel de media, la expansión de las capacidades en las aulas de clases, construcción de laboratorios, el acceso a internet y el mejoramiento de los existentes.

“Se construirán canchas sintéticas, gimnasios y las áreas de juegos serán instaladas en varios centros educativos de la comarca. Se incluyen servicios eléctricos en escuelas, comunidades, calles en áreas de difícil acceso y mejoras a los centros de salud. Además, se nombrará a profesores en las escuelas que lo necesiten y se extenderá en algunos colegios la oferta educativa”, dijo el presidente Juan Carlos Varela.

Pero no solo los estudiantes pasan páramos. Los dormitorios de los docentes son improvisados. “Dormimos en casa de madera o con paredes de cinc o cartón, sin piso ni luz eléctrica; con lámpara de querosene para alumbrarnos. Los paneles existentes solo son para los salones y no para los maestros”, aseguró Alexander Chavarría, director del centro educativo Cerro Otoe.

La alimentación no es la mejor; los docentes llevan comida enlatada, sardinas, jamonilla, salchichas y granos. La mayoría de ellos presentan cuadros de gastroenteritis aguda. El subsidio (100 dólares por mes que les da el Meduca) no es suficiente, solo en dos salidas se gasta porque todo es muy caro.

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