Chiriquí, violencia y la ‘policía fantasma’

28 DE OCTUBRE

En los periódicos principales se ha leído uno que otro artículo sobre la delincuencia en Chiriquí. No obstante, la seriedad del problema no “llega a casa” hasta que algún familiar o amistad cercana vive la amarga experiencia. La ola de robos y crímenes, en un grado de crueldad nunca visto, azotan la ciudad de David y varios pueblos aledaños. Y se teme una creciente amenaza que se cierne sobre la provincia y ciudad cabecera, alterando la tranquilidad de propios y extranjeros que vinieron a estas tierras a descansar.

Hará unos 10 días, Juan, un profesional, amigo de un grupo que toma el café matutino, se dirigía hacia uno de los dos bancos en el centro comercial plaza Terronal de David para hacer sus diligencias bancarias de rutina. Terminados sus trámites bancarios, Juan verifica sus documentos, el retiro de mil 500 dólares que los inserta en los bolsillos internos de una agenda. Sale en su auto de la plaza y nota que un carro blanco le sigue. En la última parada, un taller de autos en una calle amplia, Juan sale rápido de su auto a preguntar su turno, en cuestión de segundos regresa y, antes de entrar al vehículo, aparece un sujeto, lo asalta cercándole por el cuello con un brazo y amenazando con arma la espalda, mientras otro compinche velozmente sustrae la agenda con el dinero. Enseguida un auto -color crema- pasa al lado, recoge a los dos sujetos y arranca hacia la congestionada avenida Obaldía. Juan queda en shock. Era la 1:00 p.m., y muchas personas viendo, con comprensible miedo de actuar. ¿Policías? Ni sombra, probablemente ‘paseando’ en moto o tomando café. Otros casos han sido fatales. A las 9:00 p.m., Saldaña cerraba su tienda de licores en San Mateo, su hijo estudiante de secundaria ayudaba a cerrar, de súbito, tres adolescentes entran armados y los amenazan; uno de estos procede a vaciar la caja registradora. El hijo ofuscado intenta desarmar a uno, el padre se lanza a cubrir el cuerpo de su hijo y una bala lo fulmina. Vecinos que oyeron ruidos acuden a la tienda, llaman una ambulancia, llaman a la policía. La ambulancia llega y cargan al padre fallecido y un hijo desconsolado al hospital. ¿Y la policía? Los crímenes salvajes contra tres extranjeros (detalles La Prensa, 12 /10/15, Pág. 2), en diferentes puntos de la provincia son elocuentes casos de la total ineptitud de una Policía Nacional que le pagamos altos sueldos y no funciona. ¿Dónde están? Fantasmas de día y noche. Miremos bien el nuevo panorama; los delincuentes juveniles perciben la impunidad que existe, el Gobierno es “suave”, flojo. Necesitamos acción sin titubeos e indecisión. En Chiriquí, todos vivimos en casas forradas en hierro, el turismo ha bajado y predomina el miedo. Rodolfo Aguilera (ministro de Seguridad), la comunidad espera que haga algo.

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