FÚTBOL URUGUAYO

El clásico de Manotas

El panameño fue la gran figura en la derrota de su equipo ante Peñarol y en su estreno en el 11 de Nacional.
La fanaticada tricolor quiere que Luis Mejía sea titular. La fanaticada tricolor quiere que Luis Mejía sea titular.

La fanaticada tricolor quiere que Luis Mejía sea titular.

Unas 22 mil personas asistieron al juego de pretemporada entre Nacional y Peñarol. Unas 22 mil personas asistieron al juego de pretemporada entre Nacional y Peñarol.

Unas 22 mil personas asistieron al juego de pretemporada entre Nacional y Peñarol.

Luis Manotas Mejía (24) fue el gran responsable de que Peñarol no ganase el clásico en los 90 minutos. Lo hizo 4-2, pero en penales.

El portero panameño de Nacional aportó a su equipo tres tapadas clarísimas de gol, pericia en los mano a mano y seguridad para quedarse con cada balón que caía en el área. Flaqueó cuando le tocó jugar con su pierna izquierda.

GRAN DEBUT

Era su primer partido como titular desde que llegó al equipo a mediados de 2015 y fue nada menos que en un partido clásico. Como si fuera poco, el sorteo inicial dispuso que la temida hinchada de Peñarol quedase a su espalda. En ella, el número 25. Ellos, en la tribuna Ámsterdam del estadio Centenario de Montevideo, Uruguay.

Supersticioso, le dio un toque al horizontal del arco, soltó un poco el cuerpo y Manotas a la obra. Como suelen ser los partidos en estos torneos veraniegos de pretemporada, en esta ocasión por la Copa Bandes, los primeros minutos fueron ciertamente toscos, con desaciertos de los dos lados. Con más ganas que fútbol. En las tribunas, unas 20 mil personas.

Un pase largo desde un costado derivó en el primer gol del partido a los 17 minutos. Leandro Barcia marcó de cabeza el 1-0 para Nacional, justo en la tribuna Olímpica, donde cantaban los fanáticos “tricolor”. Hasta entonces, Manotas había tenido solo una aparición al controlar un fácil centro raso al área chica.

El aislado gol de Barcia avivó el partido, y le sirvió a Peñarol para despabilarse rápidamente de las vacaciones de postemporada. Fortuna para Mejía, porque así podría demostrarle a su técnico Gustavo Munúa que el arco de un equipo grande no le queda, justamente, grande. Y no le quedó.

Cinco minutos después Manotas daría la primera de sus tres grandes tapadas. Centro envenenado, cabezazo en el área chica y en una rápida reacción el panameño, casi arrodillado en la línea del arco, mandó el balón al córner. “¡Bien Manotas, eh!”, le comentó Néstor (53) a Rafael (21) tras la atajada, como si Mejía fuese un viejo conocido del club.

Varios de los fanáticos “bolsos” coincidieron en que Manotas debería ser el portero titular del equipo, por delante de Esteban Conde. “Es bueno, es bueno”, afirmaría en un momento Néstor, con el gesto de alguien que sabe de lo que habla. “Conde es un poco mejor con los pies, pero el golero juega con las manos”, diría Rafael con elocuencia.

Como si Mejía se enterase por telepatía del diálogo que sostenemos en la tribuna América, que si fuera posible sería la única manera de hacerlo en medio de las incansables y afónicas arengas de las hinchadas, el exportero de Tauro (Panamá), Fénix (Uruguay) y Toulouse (Francia) se ganaría los aplausos de los suyos seis minutos después: disparo rasante y tapada exigida del panameño.

Antes de finalizar el primer tiempo, un calambre en la pierna izquierda de Manotas detuvo el partido por unos minutos.

“Siga el fútbol”, dirían acá en el Río de la Plata. La molestia no impidió que el panameño presionara a un delantero rival hasta el borde del área grande para que este disparara ancho y afuera.

MEJÍA, LA FIGURA DEL BOLSO

Solo 45 minutos le tomó a Mejía para ganarse a los tricolores, que cuentan algunos que celebraron al enterarse de su fichaje.

“Para ser el primer clásico y el primer partido como titular, nada mal”, analizaría Gastón (25). Los únicos panameños que habían jugado este partido del fútbol uruguayo fueron Roberto Brown, por Peñarol, y Jorge y Julio Dely Valdés y José Luis Garcés, por Nacional.

Toda la seguridad que daba Mejía a sus hinchas con las manos se diluía cuando recibía el balón para jugar con los pies.

“¡Dale, dale, que es malo!”, animaba un fanático manya a su delantero para que presionase al panameño. Fue tal el ímpetu con que salió Peñarol del vestuario, que a los 59 minutos consiguió el empate con un testarazo inatajable de Rodrigo Vera, tras una flojísima marca del defensor de Nacional.

El mítico Centenario se encendió como al principio.

El partido ganó vértigo e intensidad. Bengalas de colores y algunos fuegos artificiales adornaron el ambiente de verano, ideal para jugar y ver fútbol. Familias en las tribunas, las “barras bravas” animando y pidiendo “un poco más de huevo”. El suelo temblaba por momentos. En Uruguay, el fútbol es el único dios.

La evidente supremacía de Peñarol en la cancha contribuyó a que Manotas diera todo y el resto, como dicen aquí. En el cenit de la segunda mitad, el panameño volvió a responder a la altura del partido: estiró a pleno su 1.91 metros de estatura para evitar el segundo gol, abajo a su derecha, el mismo lugar donde un rato después sufrió el empate.

Nacional, desarticulado y oxidado en el fondo, daba más aire a la causa aurinegra. Pero estaba Manotas, que antes del final del partido se salvó de que le pitaran penal, tras una salida a destiempo, en la que terminó golpeando con fuerza al delantero de Peñarol. Pasados los tres minutos de reposición, el empate no se alteró y la suerte se definió por penales.

Caminó tranquilo hacia el banco de suplentes, con la calma y la certeza de haber hecho bien su trabajo. Varios de sus compañeros le correspondieron con abrazos y saludos de felicitaciones. También lo hizo el técnico Munúa, otrora portero de Nacional. En los penales poco pudo hacer Mejía, que acertó dos de los cuatro que pateó Peñarol, pero no llegó a taparlos.

En su primer partido como titular y ante el rival de siempre, Manotas fue la figura de su equipo. La percepción de los hinchas en el estadio es la misma que la de los periodistas y los fanáticos en Twitter. Tras un semestre como suplente, Mejía saltó a la cancha y no defraudó. Los colores rojo, azul y blanco le sientan bien al panameño, que desde Uruguay le hizo un guiño a El Bolillo Gómez.

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