rectores del deporte mundial

El final de los eternos

Havelange, de 96 años, estuvo recientemente al borde de la muerte, producto de una infección bacteriana grave.

Nada es para siempre: algo de eso habrán pensado Joao Havelange, Mario Vázquez Raña y Ricardo Teixeira en las asombrosas semanas que marcaron el final de buena parte de los dirigentes eternos en el deporte latinoamericano y mundial.

Tras décadas de dominio indiscutido, todo se acabó en apenas cuatro meses.

Comenzó en diciembre de 2011, con la renuncia de Havelange al Comité Olímpico Internacional (COI), tras 49 años como miembro, y terminó en marzo de 2012, con Vázquez Raña despidiéndose de forma fulminante de casi todos sus cargos.

En el medio, Teixeira comprobó que el poder nunca es absoluto, y mucho menos eterno.

Odiados y amados, entre los tres sumaban 104 años en posiciones de mando: 23 años Teixeira como presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), 33 años Vázquez Raña al frente de la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales (ACNO) y 49 años Havelange como miembro del COI.

El mexicano Vázquez Raña, además, era miembro del comité ejecutivo del COI, cargo del que también se despidió. No dejó en cambio la Organización Deportiva Panamericana (Odepa), que dirige desde 1975. “Jacques, ¿no viste mi mail?”.

Jacques era Jacques Rogge, el presidente del COI, al que la voz de Vázquez Raña sorprendió en el teléfono ya en su auto oficial y fuera de las oficinas de Lausana.

Eran las cinco de la tarde, hora de descansar en la muy organizada Suiza.

En México comenzaba el día. Aquel jueves 15 de marzo de 2012 Vázquez Raña hervía, y no sólo porque su hasta entonces gran amigo Rogge no hubiera reaccionado de inmediato ante su tan extensa como fulminante carta de renuncia.

Rogge no había visto el mail, por lo que se enteró por el propio llamado del mexicano de que dejaba el COI provocando un incendio.

“Jamás podré aceptar y mucho menos convivir con la deslealtad y la falta de principios”, fue una de las frases en la despedida de Vázquez Raña, que acusó de “oscuras alianzas”, “irresponsables” o “pseudodemocráticos” a aquellos que le movieron el piso en el mundo olímpico.

Nada que sorprendiese mucho, en el fondo, porque la alta dirigencia deportiva mundial suele estar demasiadas veces lejos de lo esperable.

Así se entiende el hashtag convertido en trending topic que ayudó a que cayera Teixeira: #forateixeira (fuera Teixeira).

“En 2014 puedo hacer la maldad que quiera, la maldad más elástica, impensable, la más maquiavélica. No dar credenciales, prohibir el acceso, cambiar horario de juego. Y no pasará nada conmigo, porque dejaré el cargo en 2015 y ahí la cosa se terminó”.

La sensación de ser impune hasta el fin de los tiempos le jugó en contra a Teixeira, porque aquella frase a la revista Piaui -entre muchas otras de asombroso calibre- contribuyó a hundirlo. Ahora vive en Miami y cobra un fuerte honorario como asesor de la CBF, presidida por José María Marín, un octogenario de carácter irascible y ex hombre de la dictadura militar brasileña.

El hombre, en definitiva, que organizará el Mundial de Brasil 2014.

Mientras en la despedida de Vázquez Raña no hubo ninguna acusación de corrupción -cosa que sin dudas no puede alegar Teixeira-, en la de Havelange sucedió todo lo contrario.

El ex todopoderoso presidente de la FIFA, que dirigió entre 1974 y 1998, dejó el COI para evitar que lo suspendieran: se fue antes de que lo echaran.

El ente rector del olimpismo mundial estaba por anunciar su decisión de investigar a Havelange por las denuncias de sobornos cuando estuvo al frente de la FIFA, un asunto al que no es ajeno su exyerno Teixeira.

Aquel asunto forzó en cierto modo a Joseph Blatter -actual presidente de la FIFA y ex mano derecha de Havelange- a mostrar que la entidad que dirige está dispuesta a investigar y sancionar tantos asuntos oscuros de los que se la acusa.

Una historia con final abierto.

Y mientras Teixeira mira Brasil desde Miami y Vázquez Raña espera el momento adecuado para contar tantas cosas que le gustaría revelar, Havelange, de 96 años, rozó recientemente la muerte a raíz de una infección bacteriana grave.

Pero el ex nadador olímpico goza en otro sentido de una salud de hierro: un moderno estadio en Río de Janeiro lleva su nombre, al tiempo que unas declaraciones en las que definía como imbécil al entonces seleccionador brasileño, Mano Menezes, fueron el prólogo al regreso de Luiz Felipe Scolari al mando de la seleçao.

Aunque la pauta de que Havelange es más fuerte de lo que se piensa se vio a fines de noviembre, cuando el exdelantero Ronaldo recibió un premio de manos del extécnico Mario Lobo Zagallo. El nombre del galardón asombró en Lausana y otras ciudades: Premio Joao Havelange de Excelencia y Legado.

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