Las frases prestadas

Gabriel García Márquez nos dejó un legado maravilloso en la magia que le imprimió a las palabras para permitirnos navegar sobre las aguas en las que fábula y realidad son una misma cosa. La creación de un mundo vista por un adulto con sus ojos de niño en el inigualable arranque de Cien años de soledad, se emparenta con la emoción de cualquiera de esos niños que hoy siente que la tierra es redonda porque sus sueños tienen forma de pelota.

Aunque algunos los perciban separados, el fútbol y la literatura están emparentados. Ambos son reflejo del quehacer humano que se expresa tanto desde lo lúdico como desde el más altruista de los pensamientos. Los múltiples temas cotidianos cuyas historias se hacen novela, están latentes también en el antes, durante, y en el después de un partido, porque el fútbol es realidad... y también ficción.

Aunque al escritor nunca se le conoció una apasionada inclinación por el fútbol, tampoco estuvo sustraído de este deporte, no sólo incursionó en sus primeros años de periodista como redactor deportivo, sino que también uno de sus grandes amigos, el escritor Álvaro Cepeda Samudio, respiraba fútbol a tal punto que en la célebre fotografía del llamado Grupo de Barranquilla, aparece Cepeda delante de García Márquez posando con un balón de fútbol.

Cuando en su país se desató la euforia al derrotar a Argentina 5-0, la emoción le pudo más que la sabiduría: vaticinó que Colombia ganaría el Mundial en Estados Unidos. Quien fue “un artesano de la palabra” nunca encontró una explicación al revés acontecido, pero mantuvo intacto el humor. El día que mi amigo Jorge Barraza se congració regalándole una camiseta de Argentina lo vaciló: “¿Esta es la del 5-0?”.

Así como enriqueció la conversación cotidiana al dejarnos títulos que pasaron a convertirse en expresiones recurrentes como esto es la: crónica de una muerte anunciada, etc., al fútbol también le aportó a través de una frase que hizo célebre Jorge Valdano y que este reconoció había tomado de un escrito de García Márquez: el miedo escénico. Aún sigue vigente para expresar una situación peculiar por la que transitan los jugadores en determinados momentos.

Es cierto que Gabo no tuvo mucho que ver con el fútbol, pero tampoco fue ajeno, porque 16 años después Colombia se encontró con la ´suerte´ de volver a clasificar a un Mundial jugando en Barranquilla con un balón que se llamaba: Macondo.

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