George Bertrand Prescott

El hombre de las muñecasde oro

Al colonense, recordado por sus largos cuadrangulares, le dedican el Campeonato Nacional de Béisbol Mayor.
Bobby, como le apodan a Prescott, sostiene un pergamino donde se hace oficial la dedicatoria. Bobby, como le apodan a Prescott, sostiene un pergamino donde se hace oficial la dedicatoria.

Bobby, como le apodan a Prescott, sostiene un pergamino donde se hace oficial la dedicatoria.

Los medios de comunicación se hicieron presentes para cubrir el homenaje. Los medios de comunicación se hicieron presentes para cubrir el homenaje.

Los medios de comunicación se hicieron presentes para cubrir el homenaje.

Prescott deja escapar unas lágrimas al momento de agradecer la distinción. Prescott deja escapar unas lágrimas al momento de agradecer la distinción.

Prescott deja escapar unas lágrimas al momento de agradecer la distinción.

Béisbol

El 27 de marzo cumplirá 84 años de edad y sus recuerdos siguen intactos, tan frescos que no olvida cuando su padre le hizo entrega de una bola de tenis. ¿De tenis? “¡Sí!, así comencé a jugar béisbol en una calle de Silver City, en Colón”, asegura el hombre de las muñecas de oro.

George Bertrand Prescott, recordado por sus hazañas con el madero, su don de gente y su paso triunfal por el béisbol, es a quien se le dedica la edición 72 del Campeonato Nacional de Béisbol Mayor.

Bobby, como apodan a Prescott, hizo su niñez en la provincia de Colón, tierra que lo vio nacer y practicar varios deportes, entre ellos el tenis, una de las disciplinas favoritas de su progenitor.

“A mi padre no había nadie que se lo ganara en tenis. Él me regaló una bola y después yo conseguí un palo de trapeador como bate, de eso han pasado 76 años”, relata el homenajeado, que perdió la vista hace cuatro años, pero no el amor por el béisbol.

El hombre de las muñecas de oro, una frase que le acuñaron a Prescott por su largos cuadrangulares, dio sus primeros batazos en Silver City, una comunidad con grandes calles, recuerda Prescott.

“Eran los tiempos de la Zona del Canal y en principio fue muy difícil jugar, existía segregación, por eso nunca olvidaré esa bola de tenis y ese palo de trapeador”.

La larga carrera de Prescott, que incluye representaciones internacionales con el equipo de Panamá, fue marcada en 1961, ese año dio el salto a las Grandes ligas.

“El día que me llamaron fue un sueño cumplido y una pesadilla a la vez”, revela Prescott, quien tuvo que viajar 17 horas para integrarse al equipo de Kansas City Athletics, de la Liga Americana.

El colonense se trasladó desde Hawai, donde estaba teniendo una buena temporada para cumplir con su primer compromiso de Grandes Ligas.

“Estaba cansado y tuve que entrar de inmediato al terreno de juego, fue una pesadilla, no saqué la bola del infield”.

Ese día (17 de junio) Prescott se fue en blanco en tres turnos y se ponchó una vez, era el presagio de un mal comienzo. Los siguientes partidos fue utilizado como bateador emergente, nunca se pudo acostumbrar y menos a utilizar bates muy pesados, ya que el suyo -su consentido como le decía-, se quedó en Hawai.

“Eso me mató, yo era un gran bateador y quería jugar todos los días, sin embargo, sólo entraba de emergente”.

Las siguientes apariciones del panameño, en ese entonces de 30 años de edad no convencieron a su director y esa temporada, la primera y última, jugó solo 10 partidos, en los que fue al bate en 12 oportunidades, se ponchó cinco veces y recibió un boleto gratis a la primera base. Su único imparable se lo conectó a Billy Hoeft, “un hit al prado izquierdo”.

Homenaje

El colonense, que sufre quebrantos de salud en su casa ubicada en Juan Díaz, esperaba el llamado de la Federación Panameña de Béisbol para asistir a un partido donde le rendirán honores. Eso ocurrió el viernes pasado en el Rod Carew.

“Estoy muy orgulloso por esta designación”. Su voz estaba entrecortada mientras de sus ojos se escapaban algunas lágrimas, justo cuando agradecía a las autoridades deportivas por haberle dedicado el torneo nacional mayor.

Prescott entró al estadio Rod Carew, donde nunca jugó y se encontró con el santeño José Solís, también retirado. Ambos se reunieron cerca del home plate y conversaron de béisbol.

Estos dos grandes del béisbol panameño conquistaron la triple corona de bateo y además conectaron tres jonrones en un partido en el estadio Juan Demóstrarte Arosemana, así los presentaron.

La ceremonia fue breve y sencilla. Le federación de béisbol le entregó un certificado haciendo oficial su distinción.

Prescott estuvo acompañado de familiares, amigos, fanáticos y de las selecciones de Panamá Metro y Los Santos, que tenían pactado un partido.

El hombre de las muñecas de oro, uno de los líderes de jonrones en las ligas menores, estaba cómodo en el terreno de juego, esperando para contar más sobre su trayectoria, que incluye enseñar varios deportes.

Béisbol por radio

“Yo sigo el béisbol nacional por radio y puedo decir que los muchachos están jugando muy pocos partidos y a eso se debe que los últimos años nos ha costado subir a otro Grandes Ligas”.

Solo 53 panameños han logrado llegar al béisbol en los campos profesionales de Estados Unidos, desde 1944 cuando se disputó el primer campeonato mayor en Panamá.

Prescott ahora usa lentes oscuros, un bastón de madera y asegura que será muy complicado que tengamos otro Rod Carew o Mariano Rivera. “Ellos son extraterrestres, son de otro planeta u otra liga”.

“Nuestros muchachos los firman muy temprano (edad) y los mandan a ligas donde hay lanzadores que tiran hasta 90 millas por horas, eso es difícil”, agregó.

El sexto Grandes Ligas en la historia del béisbol panameño no escatimó en pedir, por el bien de los peloteros juveniles, más desarrollo antes de conseguir una firma.

numeritos

Antes de subir a las mayores el jardinero izquierdo y a veces primera base tuvo su mejor temporada de la Triple-A en 1961, bateando .301, con 32 jonrones y 101 carreras impulsadas en Hawai.

Prescott, que en 1950 había ganado la triple corona de bateo en Panamá, jugó sólo una temporada en Grandes Ligas.

Fue Firmado por los Piratas de Pittsburgh en 1952, y fue enviado a ligas menores a finales de 1961, donde finalizó su carrera.

Su explosivo bateo lo llevó hasta México, al equipo de Guadalajara, donde conoció al cubano Minnie Miñoso, quien falleció recientemente y fue una estrella con los Medias Blancas de Chicago. “También recuerdo a Rod Carew y Sandy Koufax, con ellos compartí, pero esas son otras historias”.

El hombre de las muñecas de oro, que jugó béisbol toda su vida, bateó más de 500 jonrones.

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