delegado, presidente y pelotero

En honor a Cantinflas

El zurdo, nacido en Los Santos y que jugó para Colón, siempre estuvo al servicio del béisbol; un estadio en Arraiján llevará su nombre.

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Córdoba, en una de las inauguraciones de las categorías menores. CORTESÍA Córdoba, en una de las inauguraciones de las categorías menores. CORTESÍA

Córdoba, en una de las inauguraciones de las categorías menores. CORTESÍA

Federico Córdoba tenía el ojo izquierdo cerrado, su rostro estaba ensangrentado y mientras caminaba hacia la ambulancia pedía que la fiesta continuara. No quería que su tragedia empañara el primer partido de la temporada del béisbol juvenil de Panamá Oeste.

Esa noche del 3 de enero de 2017, Cantinflas, como se le conocía a Córdoba, había encendido una pila de fuegos artificiales en el jardín central del estadio Justino Salinas de La Chorrera, uno de ellos le estalló en la cara y lo derribó herido de muerte.

No demoró en el suelo, se incorporó con la ayuda de sus piernas, que una vez le sirvieron para recorrer las bases del estadio de Sardinillas en Colón y con la mano amiga de Jorge Cortés, quien en ese momento era director de los Vaqueros del Oeste.

Su cara tenía las huellas del fuerte impacto.

Los fuegos artificiales de color rojo seguían explotando en el cielo, al tiempo que daba sus primeros pasos hacia la ambulancia que lo trasladaría hasta la Caja de Seguro Social de Transístmica, donde moriría producto de un paro respiratorio, así dice el acta de defunción del hombre de 63 años.

Córdoba, que formaba parte de la junta directiva de los Vaqueros del Oeste, quería aportar su granito de arena al béisbol, un deporte al que estuvo ligado toda su vida. Tal vez por eso decidió encender los fuegos pirotécnicos para alegrar la noche, aunque no era el encargado de hacerlo.

“Mucho se ha hablado de que mi padre no sabía manipular los juegos pirotécnico, quiero aclarar que sí tenía experiencia”, señaló Eduardo, uno de los tres hijos de Córdoba que estudian la posibilidad de acciones legales por el hecho que tuvo como desenlace la muerte de Cantinflas.

Se creía que estos fuegos artificiales estaban prohibidos en los estadios; sin embargo, la Federación de Béisbol de Panamá emitió un comunicado donde aclara que se pueden utilizar siempre y cuando la persona que los enciende esté capacitada para estos menesteres.

En 2003, en el estadio Rod Carew sucedió un incidente similar que dejó a una persona muerta.

Los primeros vínculos de Córdoba con el béisbol se dieron en la comunidad de Santo Domingo en Colón, a donde tuvo que emigrar con su familia, que salió de Los Santos en busca de tierras para la agricultura y la ganadería.

De ese poblado se trasladaba hasta Sardinillas, donde había un cuadro de pelota al que Córdoba asistía con sus ocho hermanos para gozar de sus ratos de esparcimiento. La mayoría de las veces llegaba a caballo, el viaje de dos horas era largo y sacrificado.

Pronto se convirtió en un temible lanzador zurdo y llegó a integrar la selección mayor de Colón, desde 1980 hasta 1983.

La falta de trabajo le obligó a trasladarse a la ciudad capital, en donde solo estuvo unos años para luego radicarse de por vida en Arraiján, una tierra fértil para el béisbol.

Allí vivió y fue dirigente de este deporte por más de 30 años. Por eso, Cantinflas es recordado en el Oeste. Su forma peculiar de caminar, su delgadez y trabajo en beneficio de la comunidad le dieron crédito para ganarse el respeto de los peloteros y de la dirigencia.

A su llegada a Arraiján quería seguir lanzando, todavía tenía mucha fuerza en su brazo izquierdo y llegó a formar varias veces la selección de la novena de Nuevo Chorrillo y de Arraiján.

También dirigió y se le menciona como parte del cuerpo técnico en el Oeste. Sin embargo, estaba por comenzar su misión por la que sería recordado por siempre.

En 1992, cuando apenas cumplía los 30 años, fue presidente de la Liga de Arraiján.

“Todos los domingos eran de béisbol”, cuenta su hijo Eduardo, quien en forma de broma dijo que “si no puedes con el enemigo, hay que unírsele”, haciendo referencia a su madre que los acompañaba al estadio.

Su primera misión como dirigente fue buscar, junto a su directiva conformada por Pablo Ureña, Phillip Coloma, Damián González, Víctor Díaz, Eduardo Cáceres y Julio Vargas un terreno para convertirlo en un estadio de béisbol.

Los partidos de béisbol se realizaban en el cuadro de la escuela Guillermo Andreve; pero por decisión de Córdoba se comenzó a jugar en el Mistic, en ese momento era un ‘potrero’ y con la ayuda de algunos diputados se hizo un estadio en donde se jugaba desde las 9:00 a.m. hasta las 9:00 p.m.

“Era de esos dirigentes que hacían de todo. Ponían la cal para marcar el cuadro, recogía el dinero para los implementos, para pagar los árbitros, anotaba y fue delegado. Él amó el béisbol”, agregó su hijo.

Durante su gestión, que comprendió de 1992 a 2014, su distrito fue campeón provincial, la mayoría de la veces. Bajo su presidencia vio pasar a jugadores de la talla de Luis Muñoz, Jorge Oro, Víctor Morales, Iván McFarlene, Jorge Cortez, Johnny Lasso, Orlando Cano, entre otros.

En el funeral de Federico Córdoba se solicitó honrarlo poniéndole su nombre al estadio Mystic, el potrero convertido por Cantinflas en una referencia del béisbol en el Oeste, ese donde muchas veces sacó dinero de su bolsillo para la compra de implementos deportivos y donde ahora compiten todas las categorías.

El legado del número 19 de Colón será el amor que siempre demostró por el béisbol, donde dejó los mejores años de su vida y sobre todo su ejemplo de servicio de la comunidad.

Nació el 28 de diciembre de 1953, se desempeñó, además, como promotor deportivo, jugador, asistente, director, delegado de equipo y en sus últimos años fue parte de la directiva de la Liga de Panamá Oeste.

La noche del 3 de enero en el Justino Salinas los Vaqueros del Oeste perdieron con Los Santos y al día siguiente le dedicaron un minuto de silencio a Córdoba, ese hombre de largos bigotes, delgado, pequeño de estatura y de un peculiar caminar, también recordado como Cantinflas.

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